domingo, agosto 10, 2008

329. CULPA

Observo los noticieros de la jornada. Una descontrolada defensora de los militares insulta a los jueces y a los funcionarios al concluir un juicio por la violación de los derechos humanos (1976 - 1983) durante la dictatura, en los Tribunales Federales de Corrientes. Cambio: un octogenario ex-general Bussi - en los tribunales de Córdoba - es retirado por una descompensación y, finalmente, con asistencia respiratoria logra pronunciar su propio alegado o palabras finales, antes del veredicto. Va pasando por todos los registro: seguro, violento, amenazante, lloroso, quebrado, inseguro, olvidadizo. Presto atención a sus palabras: juicios injustos, cruce de la justicia con ideologías y políticas, mención del territorio demarcado como ámbito de guerra, guerra justa, muertes justas. No hay amenazas sino quejas. Y repetición de conocidos argumentos.
Lo veo, casi al borde de una muerte que seguramente no será lejana, y pienso: tal vez hubiera sido oportuno que este juicio se hubiera producido en la década del 80 (no es posible que el mismo sujeto juzgado haya sido democráticamente elegido como gobernador y representante), para que las heridas comenzaran a cerrar un poco... pero mas allá de ello, en medio de las quejas y reivindicaciones que quisiera expresar en ejercicio de sus legítimos derechos... ¿no hay una mínima expresión de culpa, de pena, de arrepentimiento? ¿No existe la posibilidad de dirigirse a los familiares de las víctimas para reafirmar sus (condenables) convicciones pero al mismo tiempo pedir perdón por esas desapariciones y esas muertes que tanto mal le hicieron a los afectos y al país? Aun esgrimiento el ejercicio de una justicia que le reconozca la legitimidad de lo actuado... ¿no puede haber un salto ético hacia la una relación intersubjetiva que pide humanamente perdón por los inhumanos medios empleados?.
Cuando finalmente se queda sólo: ¿pensará que algo ha sido mal hecho? ¿que alguna culpa se tiene de todo lo que se menciona?. Lo miro nuevamente: creo que no. Y pienso: que lejos que estamos de alcanzar los niveles de humanidad que necesitamos.

miércoles, julio 30, 2008

328. LABERINTO


Siempre es triste la verdad. Por algún motivo siempre nos sorprende. No sé si tiene remedio. La verdad que descubrimos o la verdad que revelamos. La verdad que exhibimos o la verdad que nos arrancan desde una puerta clausurada. No va a ser fácil silenciar el viernes 25 y el tránsito veloz de algunos minutos en el reloj... o la eternidad del 29 con la necesidad de hablar y de callar, de decir y de frenar cada una de las palabras. No es fácil. Me podrán decir que uno psicológicamente sale a la búsqueda de la revelación, del descubrimiento, del riesgo, pero yo me resisto a aceptarlo. Prefiero seguir navegando en un mar sin nubes, en un universo sin amenazas. Porque de pronto se cae todo, todo amenaza con derrumbarse, todo se somete a discusión, se clausuran las puertas, se cierran los candados, uno siente que cae y cae sin que haya un fondo en donde finalmente reposar. Quiero un poco de fondo!

No lo sé. Debatiéndome en un estrecho laberinto me choco contra las paredes sin poder salir, y sin saber si quiero salir, si puedo salir, si vale la pena salir.

Cuál es el anverso y el reverso de este universo borgiano. Allí cerca alguien demanda la fidelidad a lo prometido alguna vez y mezclan los derechos con el desconsuelo. Un poco mas lejos, la entrega total me reclama la misma entrega

Y por un momento las palabras se ciegan en la garganta, se resisten, se pierden, se quedan sin pensamiento. O es el pensamiento que no encuentra las palabras. O la decisión que se resiste a concretarse. O es el misterio de uno mismo y de los otros.

Y me digo: no es verdad, no puede serlo. Esa misma duda que le puse a las acciones posteriores a un 24 de hace tiempo, es la que me inoportuno y sobreviene en estas horas. O ¿por qué no? ¿qué le impide a quien aporta todo y se juega todo apostar legítimante sus propios dados, lanzar sus cartas, encontrar su plenitud, sin culpa alguna?

Resuenan viejas campanas a lo lejos. No sé - en suma - si soy yo, o alguien vive por mí en estos días.

327. NO PODEMOS ESCAPAR DEL PASADO



El pasado (Argentina-Brasil/2007). Dirección: Héctor Babenco. Con Gael García Bernal, Analía Couceyro, Moro Anghileri, Ana Celentano y Mimí Ardú. Guión: Héctor Babenco y Marta Góes, basado en la novela homónima de Alan Pauls. Fotografía: Ricardo Della Rosa. Música: Iván Wyzsogrod. Edición: Gustavo Giani. Dirección de arte: Sebastián Orgambide. Duración: 114

Los amores nunca se vuelven totalmente “pasado”, nunca admiten el cierre, la clausura, siempre se conjugan en tiempo presente. Desde algún lugar siempre están al asalto. Cuando uno supone que todo ha terminado, en realidad todo empieza. Esa es la lectura que podemos hacer de la película de BABENCO: EL PASADO. Una cuidada filmación en la que especialmente los tonos de los diálogos y de los actores aparecen muy atractivo, creíble, posible. Es atractiva la manera en que filma Babenco, como guías los curiosos mundos interiores y exteriores de los actores.
Sofía es la ex mujer de Rímini (uno se entera al iniciarse la película), pero no puede, no quiere o (como si se tratara de un imperativo ético) no debe abandonarlo. Rímini hará experiencias diversas con mujeres diversas, cada una con sus curiosas formas de ser y de demandarlo, de acompañarlo, darle placer, compartir su vida, hasta darle un hijo. Cada una de ellas de alguna manera muere o desaparece, dejándolo cada vez mas huérfano, más solo. Y de alguna manera siempre renace, y en cada renacimiento está Sofía siempre presente, recordándole para qué está y por qué lo necesita. Hasta ese increíble final en el que parece que junto con las fotos – prolijamente clasificadas – se cierra una historia de mujeres, un discurso femenino de eterna posesión y reconquistar, de retorno necesario al origen del mundo.
Sofía siempre está porque aunque está convencida de que le ha enseñado a todo a Rímini (y esa es la función de algunas mujeres en la vida de los hombres) supone que la seguirá necesitando. Lo reclama, le pide opinión, aprueba o desaprueba sus elecciones. No se muestra celosa, sino convencida de que ninguna mujer la puede suplantar. No sé si Sofía está loca, es loca, se hace la loca o es simplemente mujer. Porque uno no sabe si las restantes mujeres (Vera, Carmen, Nancy) son mas cuerdas que ella, porque – en suma – le provocan mas mal que ella, que ha vivido con Rímini durante 12 años y que se conocen desde siempre.
Rímini por su parte parece enfrentado con la memoria (laboralmente no puede seguir como traductor porque le sobrevienen lagunas en el manejo de los idiomas; pero también olvida nombres, situaciones, hechos), pareciera como des-conectado de su pasado, mientras Sofía es todo pasado.
"El Pasado", filme del director Héctor Babenco basado en el libro de Alan Pauls es la historia de Rimini (Gael García Bernal), un joven traductor quién se separa tras estar casado 12 años con Sofía (Analía Couceyro), su primera novia. La delicadeza con la cual ambos conducen la separación se ve consumida cuando él comienza a salir con Vera (Moro Anghileri). Ya recuperado, Rimini se casa con Carmen (Ana Celentano), su compañera de traducción. Una amnesia misteriosa, producida por el trauma de la muerte de Vera, bloquea de su cerebro los dos idiomas que solía traducir. Ayudado por Carmen, Rimini termina por adoptar el incómodo papel de marido dependiente. El nacimiento de Lucio, su hijo, lo ayuda a reanimarse. Sin embargo, el matrimonio naufraga cuando Sofía, en un momento de locura, secuestra por algunas horas al bebé de la pareja: Rímini pierde a su mujer y a su hijo.
De brillante traductor y hombre seductor, Rimini se hunde en la nada para reaparecer como un personal trainer y amante de Nancy, una mujer rica y vulgar, descontrolada. Al verla con otro hombre, tiene una crisis de celos, intenta destruir el auto de ella y termina en la cárcel.
Sofía, que paga la fianza y lo libera, es líder del instituto Adéle H, un grupo de "mujeres que aman demasiado" y exhibe a Rimini como un trofeo ante sus discípulas y amigas, para comprobar la eficacia de sus teorías sobre la fuerza del recuerdo (del pasado) para el reencuentro de la pareja. Y cuando el re-encuentro parece alentar algo definitivo, Rímini se presta – como un juguete o como un trofeo - a los requerimientos de Sofía, pero milagrosamente logra recuperar al mismo tiempo su francés olvidado y la capacidad de amar a otra mujer… y sabe que no se quedará: necesariamente deberá partir.

domingo, julio 27, 2008

326. GATON Y RATON


No lo sé. O no quise saberlo. Creo que lo intuí toda la semana y estuve como escapándole a los hechos, como anticipándolo... pero ya el miércoles y le jueves hice lugar a los atrevimientos. Y los disfruté por cierto. La mañana del viernes parecía una mañana mas. Y a veces la confianza mata al precavido. El clima de despedida por las vacaciones, la tensión de la semana, cierta inconsciencia fue tejiendo una trama que hizo pasar en cuestión de minutos de la gloria al infierno. La cara contra el vidrio y todas las imposibilidades fue el final.

Hubo gritos iniciales, palabras balbuceadas, temerosas torpes y luego silencio. Un silencio que se prolonga sin tiempo y que seguramente conduce a alguna decisión. Es una herida que sangra, aunque abunde en explicaciones.

No sé. El cuerpo se sacudió con los hechos. El cuerpo no puede pasar de una situación a otra, no puede jugar tantos partidos juntos.

Y puede ser, puede suceder. Esa sensación de culpa es saludable. No me parece mal, decia, pero me parece mal lo que conlleva para los terceros que comparten demasiado.

Estoy nadando en un mar sin orillas, buscando a donde ir, tratando de agarrarme a algo... y tengo esa sensación- tan frecuente en los últimos tiempos - de que lucho en el ring, solo, muy solo, oigo gritos de aliento... y de pronto hay un golpe casi mortal que me tira al piso. Oigo la cuenta que quiero que sea eterna, estoy tirado y respirando con fuerza... y espero, espero para levantarme y seguir con la pelea. Y mientras tanto pienso en todo y no me caben los pensamientos en la pantalla de la memoria. Y no sé si soy el gato o si soy el ratón, o si hay en todo esto una dialéctica relación que va cambiando los roles y uno debe tener la inteligente percepción de descubrirlo, saberlo, obrar.

325. FICCION Y REALIDAD







LA PELICULA: LO VEROSIMIL

Un valiente corresponsal de guerra goza de fama, honores y riquezas. Un a reacción que protagoniza frente a las cámaras lo hunde en la nada y debe subsistir vendiendo notas a los medios que se la encargan o se la compran. El relator de la historia inicial es el camarógrafo que oportunamente lo había acompañado y que, tras el fracaso, debe abandonarlo para seguir una carrera ascendente.
Los reúne la casualidad en BOSNIA en donde SIMON HUND (Richard Gere) afirma tener toda la información para hacerle una entrevista al mas famoso criminal de guerra. La historia saldrá en su búsqueda… para probar que no hay razones valederas para que en tantos años las fuerzas de paz y de inteligencia no lo hayan podido reconocer y apresar, como los periodistas finalmente lo hacen. La historia, sin embargo, es más compleja porque hay otras razones por las que HUND necesita encontrar a “EL ZORRO”, el victimario cruel de una guerra genocida.

Spring Break in Bosnia (La sombra del cazador): el actor de 58 años interpreta al periodista Simon Hunt, un corresponsal de guerra, que durante el conflicto en Bosnia-Herzegovina (1992-1995) sufre un ataque emocional en cámara que acaba con su carrera. Tras cinco años, Hunt regresa a Sarajevo y convence a su antiguo cameraman, Duck (Terrence Howard), de entrevistar al mayor criminal de guerra de esos años, "El zorro", basado en Radovan Karadzic, buscado aún por cargos de genocidio contra los musulmanes bosnios. La historia se complica aún más cuando son confundidos con agentes de la CIA y la cacería se vuelve una misión más que riesgosa en medio de una población serbo-bosnia, que protege celosamente al peligroso fugitivo.



LAS NOTICIAS: LA VERDAD

La detención llega muy tarde, pero por fin Radovan Karadzic está entre rejas. Nunca recuperaremos a nuestros seres queridos. Mientras los demás viven, aquí seguimos buscando huesos para enterrar a los muertos. Y sí, está muy bien que arresten al que fue el jefe de la banda, pero ¿qué pasa con tantos otros Karadzic que tenemos por aquí?". Hatidia Mehmedovic, que ronda los 60 años, llevaba mucho tiempo esperando ver la detención del psiquiatra ultranacionalista que robó sus sueños y los de decenas de miles de personas en la guerra de Bosnia-Herzegovina (1992-1995). El Tribunal Internacional de La Haya para la antigua Yugoslavia (TPI-Y) tiene el encargo de sentarle en el banquillo, juzgarle y, con toda probabilidad, condenarle, algo de lo que la muerte libró a su mentor Slobodan Milosevic. Ella, que perdió al marido y dos hijos en aquella ensoñación criminal, pone hoy toda su rebosante vitalidad al servicio de su causa: que haya justicia. Y que al menos los muertos descansen por fin en paz. Pese a tantos sinsabores, sus nuevos sueños empiezan a tener ahora visos de hacerse realidad.


El asedio -medieval pero con armas modernas- fue obra de un poeta mediocre, cuyo rencor al medio literario que lo menospreció le llevó a bombardear con saña, desde el comienzo mismo del cerco, el edificio -y, con mayor puntería, el piso- del crítico que expresó sin rodeos su desdén por la ínfima calidad de sus poemarios. De un bardo resentido que, abanderando la supuesta causa patriótica, se convirtió en el eficaz artillero que bombardeaba a diario la odiada ciudad en la que convivían musulmanes, ortodoxos, católicos y judíos, símbolo de ese cosmopolitismo y pluralismo étnico y cultural que desmentían su pretensión de una identidad homogénea e impermeable al paso de los siglos. De un asesino proclamado por la ultranacionalista Iglesia Ortodoxa Serbia "Hijo Predilecto de Jesucristo", y por su hermana Helena, "Hijo de la Iglesia Griega". De un "respetable estadista" -"parte ineludible del conflicto"- recibido con honores en una Unión Europea que se resistió a aceptar hasta el fin la neta distinción entre verdugos y víctimas. De un protegido bajo mano por personalidades de la comunidad internacional y sus representantes en Bosnia -Unprofor y unos negociadores cuyo fiel de la balanza se inclinaba siempre de su lado-, encabezadas por el presidente francés François Mitterrand. De un demagogo nacionalista para quien, lo cito, "la historia, si no es nuestra, no debe existir".

Esa inexistencia condujo a la siniestra limpieza étnica negada, maquillada, empequeñecida y disculpada por jefes y oficiales de alto rango, que amparaban con su silencio el genocidio del que fui testigo y que merecerían figurar por sus méritos en una historia universal de la infamia. Los nombres de estos cómplices o Pilatos acuden de pronto a mi memoria, pero me asquea el simple acto de escribirlos. Las verdades ocultadas tras una aparente neutralidad informativa, los hechos escamoteados -como la no distribución de alimentos a la población sitiada, la existencia de prostíbulos con prisioneras musulmanas para uso de los militares de Unprofor, el registro humillante de los periodistas a quienes se prohibía sacar la correspondencia de los asediados más allá del límite irrisorio de cinco cartas, el registro de sus maletas en la base de la OTAN en Aviano (Italia)...-, componen una larga lista de vilezas y de afrentas que me resisto a enumerar. Baste evocar que la noticia de la matanza de 8.000 varones musulmanes en Srebrenica, en el enclave supuestamente protegido por la ONU -exculpada incluso por un negociador japonés-, se retuvo por espacio de 40 días y que fue una triste primicia del periódico en el que escribo estas líneas el día siguiente al que entrevisté a unos supervivientes de aquel horror.
Imaginar que dicho silencio cómplice no iba a tener un precio, era vivir fuera del planeta. La fractura abierta entre Occidente y el Islam -incubada por el fracaso de las sociedades musulmanas a subirse al tren de la modernidad- se ensanchó entonces. Centenares de defensores de la justísima causa bosnia se transformaron en yihadistas que de Bosnia, pasando por Chechenia, se integraron en las filas del islamismo radical de Argelia para agruparse luego en las de Al Qaeda. Por no poner fin con rapidez al sitio de Sarajevo -¿hubiera durado éste 40 meses si los asediadores hubieran sido musulmanes y los asediados cristianos?-, se habría evitado tal vez la barbarie de los atentados de Nueva York, de Londres y de Madrid.
El bardo-tirador fugitivo durante 10 años a la justicia internacional contó con la complicidad de un ultranacionalismo obtuso para el que seguía siendo un héroe. Habrá que conocer ahora a quienes lo albergaron en monasterios ortodoxos y le brindaron una eficaz protección contra la que se estrellaron los esfuerzos de la ex fiscal del Tribunal Internacional de La Haya Carla del Ponte.
El monje curandero barbudo que ha aparecido esta semana en los servicios informativos de la televisión internacional deberá rendir cuenta, al fin, de sus crímenes de guerra y contra la humanidad. Falta aún en el juicio su compadre Mladic, el carnicero de Srebrenica que arengó a las aterrorizadas mujeres del enclave con un ignominioso "y ahora vais a tener el honor de ser las esposas de mis valientes soldados" en las narices del coronel de Unprofor con quien brindó con champaña. La paz y la reconciliación en los Balcanes serán posibles entonces, pero el juicio de los culpables no resucitará a las 130.000 víctimas de la limpieza étnica ni devolverá al circuito de la palabra escrita el tesoro consumido por las llamas en el incendio de la Biblioteca. Juan Goytisolo

miércoles, julio 23, 2008

324. ENCENDER CANDELAS

Alguien ocupa el lugar. Lo ocupa legítimamente. Reina en el territorio, aunque se encargue de demarcarlo permanentemente. Vigila, pregunta, advierte, castiga. Defiende la propiedad privada como cosa exclusiva. Tiene argumentos y razones. Las exhibe y las recuerda.
Y es verdad, a veces, uno anda por la vida encendiendo candelas adicionales, por las dudas, para no quedarse sin luz. No le basta que brille la luz principal, que lo ilumine todo, que todo lo satisfaga: prefiere asegurarse con candelas adicionales.
Y entonces aparece un llamado, un correo, un mensaje. Nada serio, nada comprometedor, nada seguro, pero un tanto ambiguo. Como si uno entornara la puerta y la dejara casi abierta, o casi cerrada como a la espera. No dará ningún salto, no golpeará, no saldrá al pasillo, pero la puerta juega con apertura, ese hilo de luz o de aire o de libertad.
Y entonces, un llamado, una visita, una mirada, algunas palabras, ciertas insinuaciones se convierten en encendedores de candelas o en sus alimentos naturales... especialmente cuando - en otro lugar del mismo pasillo y en la misma noche - alguien también deja la puerta entreabierta, sin cerrar, tentadora, como esperando. Sólo se trata de dar el primer paso, atreverse: luego, todo está permitido.
Tiene razón: alguien ocupa el lugar y anda visitando las noches y los pasillos cerrando todas las puertas, asegurándose de que no haya grietas, ni tentaciones, ni oportunidades. Para dormir tranquila y disfrutar del territorio.

323. ¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?

La noticia - ya conocida y divulgada en otros países – no deja se sorprender. ¿Se trata de prostitutas que eligen algún eufemismo para presentarse y deciden hacer estudios universitarios o se trata de menesterosas estudiantes universitarias que optan por la prostitución como un medio legítimo de vida para mantenerse y solventar tus estudios?
¿El fin que persiguen es compartible con los medios elegidos? Si la educación representa una verdadera promoción de la persona, ¿se puede optar por la prostitución como forma para alcanzarlo? ¿Tiene algún sentido este tipo de comercio cuando se trata de jóvenes que pueden elegir otras formas de vida y de trabajo, más compatibles con sus aspiraciones y futuras? ¿O se trata, simplemente, de una forma mas refinada de prostitución que para lograr incrementar los ingresos cultiva el perfil de las mujeres que se ofrecen con presuntos o reales estudios universitarios?

Aunque parezca extraño, el último grito de la moda capitalista es el auge de los servicios de agencias de acompañantes y el turismo sexual acrecientan el fenómeno de las prostitutas universitarias. En los últimos años, jovencitas con proyectos profesionales, buenas familias, varios idiomas en su CV y maratónicas sesiones de gimnasio marcan tendencia en el negocio de la prostitución VIP. La “doble vida” es sinónimo de pesos; en el mundo y, por supuesto, en la Argentina.

Según un informe elaborado y difundido en los medios, las chicas que posan en las vitrinas de los portales VIP apenas llegan a los 30 y su perfil psico-físico-cultural puntúa mucho más arriba de la media del ambiente. Trabajan en forma independiente, gran parte de ellas estudian carreras universitarias, manejan varios idiomas y cuidan su "presencia" como si fueran verdaderas modelos de televisión. “Transmiten que son lindas y que, además, pueden hacerte quedar muy bien en una cena de negocios"
Sus clientes son personas con altos cargos y poder adquisitivo elevado. Muchos son extranjeros, pero también hay empresarios exitosos de nuestro país. “El turista busca compañía por uno o más días completos y paga en dólares. El cliente local, en cambio, contrata servicios cortos”. En ambos casos, se busca pasar un momento agradable con la seguridad de que obtendrán exactamente lo que contrataron por medio del sitio. Generalmente, los lugares para la cita son elegidos por ellas. “Puede ser en el hotel o en su propio departamento también, pero no todas pueden o quieren acondicionarlo para recibir a un cliente de estas características entonces prefieren hacer servicios a domicilio”.Actualmente, cuatro de cada diez prostitutas de agencia son universitarias y hasta respetan características similares: provienen de buenas familias, mantienen un nivel de consumo alto, se pagan los estudios en universidades privadas, hablan un buen nivel de inglés y tienen vidas sociales normales, que mantienen intactas más allá de sus actividades "extracurriculares". “Todas dicen que serán prostitutas por un tiempo, pero en muchos casos, quedan pegadas... aún con su titulo bajo el brazo”.
Según declaraciones: “Mañana, por ejemplo, voy a la facultad a rendir un parcial y a buscar unos apuntes y después, a eso de las 19, recién arranco con el trabajo”, dice, enchufadísima. Se calma. Sabe que “trabajar” para ella significa prostituirse y, por eso, empieza a contar su historia con un poco más de cautela: habla de los altos precios que cobra (entre 400 y 1500 la hora “depende el señor”) comenta que sus clientes son “caballeros” con los que, muchas veces, terminan hablando de sus respectivas profesiones.

De la misma manera que – en el futuro – dispondrán de una “cartera de clientes” en sus respectivas profesiones, también aquí el cuidado ejercicio de la prostitución (con el uso de curioso y atractivos eufemismos) genera una selección de clientes a los que se atiende periódicamente muchas veces con pagos y recompensas adicionales (viajes, vacaciones, regalos o recomendación para algún trabajo). De esta manera quien presta el servicio y los usuarios se aseguran seguridad, confidencialidad, refinamiento y atención de primer nivel.

sábado, julio 12, 2008

322. SUEÑOS Y CULPA

La película de Woody Allen, “El sueño de Cassandra” es una proyección de sí mismo y de la presencia de la culpa que fluye de manera creciente. Hay un momento en el relato en que todo es posible, porque ante los dos hermanos que comparten tiempos y aventuras (entre ellos el barco recién adquirido: CASANDRA) se abre el futuro y que los riesgos puede encontrar en la propuesta que le realiza el tío, hermano de la madre, es una salida saludable. Como toda tentación, hay un momento de convencimiento, de auto o mutuo convencimiento, de engaño racional y justificatorio de la ciencia. Pero cuando se traspasa una línea, la delgada línea roja de una acción que no puede regresar atrás, ya no hay vuelta atrás.

Hay acciones, en la vida, que permite compensaciones, regresos, vuelta atrás, reconciliaciones, disculpas, heridas que se sanan… pero hay otras que no admiten regresos: lo hecho, hecho está… y no se puede volver atrás (por ejemplo, una violación o un crimen) Casandra es un barco, símbolo de los sueños de dos hermanos, Ian y Terry, quienes tienen diversos motivos para necesitar mucho dinero y aceptan cometer un crimen como forma de “pagar” los regalos y las ayudas del tío. Ian, parece capaz de todo por su ambición; Terry, en cambio, debe resolver sus problemas deudas con el juego. Los dos hermanos, están interpretados de manera excelente por Ewan McGregor (Ian) y Collin Farell (Terry). Aquí se contraponen dos visiones opuestas de una misma persona. Ian, en un principio parece que es más sensato y más comedido que Terry, un ejemplo a seguir.

Pero cuando los hechos se consuman y el dinero aparece, se acallan los interrogantes de la conciencia, Ian quiere mantener lo hecho y ser fiel a lo acordado y Terry se desbarranca bajo la voz y el peso de la culpa. Los diálogos son los propios de las películas de W. Allen, pareciera que él mismo el que se apropia de los personajes y habla a través de ellos. T
erry el chico jugador, desprolijo y malo, es el que más dudas tiene a la hora de matar y el que más se arrepiente después de haberlo hecho. Es decir, aquí se enfrentan dos fuerzas, por un lado, las falsas apariencias y la codicia (Ian) y por otro lado el arrepentimiento y la culpa (Terry).

El tema retoma la culpa después del crimen que se respiraba en “Macht Point”: pero allí el azar jugaba una pasada favorable y tenía la virtud de desplazar el tema de los hechos del campo de la ética al campo de la ley: “si no me descubren no seré culpable”. Aquí - ¿W. Allen arrepentido – la ley no descubre nada, sino que es la conciencia moral la que intenta llegar con datos a la ley: entregarse a la policía es visto como una forma de expiación.

Obvio que “El Jugador” y “Crimen y Castigo” de Dostoiewski es lo que se respira en el fondo de una historia que tiene desarrollo y final inesperado.

miércoles, julio 09, 2008

321. DE PRONTO, MI PADRE

No sé por qué hoy. Pero apareció hoy en mi. Y reconocí una enseñanza de mi padre que - a su modo - me ha ayudado a hacerme quien soy. Siempre digo que, cuando sufro algún contratiempo, un fracaso, una derrota, un revés, una respuesta o una decisión que no me agrada, soy como el boxeador a quien le han pegado un golpe justo, se ha tambaleado, ha comenzado a caer, pero quiere seguir luchando. Sé que esperaré en el suelo, arrodillado la cuenta reglamentaria, pero con la conciencia dispuesta a seguir la pelea, a continuar la lucha. No me dejo vencer. Nunca.
Hay un hecho lejano que - ¿por azar? - apareció hoy. El 6 de enero de 1975 mientras viajábamos en auto por la autopista Rosario - Santa Fe en un Renault 6 verde, una maniobra desafortunada de un conductor que cruzó su auto y su casa rodante en la mitad de la ruta, produjo un choque de graves consecuencias. Creo que fue la única vez que tuve un choque. Aun recuerdo el lugar: frente a la isla de servicios del automóvil club y del YPF. Yo manejaba y no sufrí golpe alguno, pero quienes me acompañaban sufrieron diversas heridas y golpes con consecuencias diversas. Cuando debimos organizar el duro regreso a casa, convirtiendo las minivacaciones en una condena, llamé a mi padre que llegó muy rápidamente al lugar y que me ayudó a resolver todo lo que se podía resolver. Sobre todo, se tomó todo el tiempo para traernos a los pasajeros y el equipaje nuevamente a casa, a pesar de que estábamos muy lejos, mientras los diversos servicios nos traían el auto seriamente averiado.
Ya por la noche, optamos por retornar juntos a la ciudad y a la casa que nos esperaba. Yo seguía conmocionado por lo sucedido; sobre todo me sentía responsable de los eventuales daños causados. Y allí apareció mi padre. Con pocas palabras y mínimos comentarios: cuando pasamos la ciudad de Rosario y tomamos la autopista me dijo: "Tomá, seguí manejando vos. Es la única forma en que no vas a recordar lo que pasó".
Ahora a la distancia, me había dado esa lección que yo trasladé a todos los campos: hay que reaccionar, sobreponerse, volver. Es la única manera de vivir y de vencer.
Mi padre murió en el 83 y no pudo compartir muchos buenos momentos de mi vida, especialmente aquellos en los que - sobrepuesto a alguna contrariedad - lograba conquistar lo que ansiaba. Y me hubiera gustado decirle que él era también responsable de todos esos logros. Pero, a veces, en la vida, hay cosas que llegan demasiado tarde. Y no es posible.

320. LA FUERZA DEL AMOR + GORZ




El 22 de septiembre del 2007 Dorine y André se inyectaron una sustancia letal y partieron juntos. La muerte del filósofo ha conmovido a los franceses, que hoy saben cuánto André quería a Doreen, a pesar de la marcha inevitable y pesada del tiempo y la enfermedad. "Pronto tendrás 82. Te has encogido seis centímetros y sólo pesas 45 kilos, y sigues siendo hermosa, con gracia, deseable", confiesa en una carta. (…) "Hemos vivido juntos durante 58 años y te amo más que antes. Llevo en mí, en el pecho, un vacío que devora, que solo puede llenarse con la tibieza de tu cuerpo junto al mío", recita.
André Gorz no quiere quedarse atrás, no soporta la posibilidad punzante de vivir sin su compañera de toda una vida. “A veces, en la noche, veo la silueta de un hombre caminando detrás de una carroza a lo largo de un camino desierto y un paisaje desierto. Yo soy ese hombre. No quiero asistir a tu cremación, no quiero recibir tus cenizas en un recipiente", se duele el anciano enamorado.
Lettre a D. Historie d' un Amour (Cartas a D. Historia de un Amor) reúne esa lista de confesiones tiernas y elocuentes. Gorz las publicó poco después de enterarse de que Dorine estaba enferma, pero recién hoy se ha convertido en un bestseller, que supera sus análisis del fin de proletariado o sus estudios de las relaciones laborales.
A los 83 años, el otoño pasado, esa carta de amor comenzaba con una confesión muy bella: “Acabas de cumplir 82 años. Sigues siendo tan bella, graciosa y deseable como cuando te conocí. Hace cincuenta años que vivimos juntos; y te amo más que nunca. Hace días te dije que había vuelto a enamorarme de ti. Y tu vida desbordante me hace feliz, abrazando tu cuerpo contra el mío”. Seguían ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidas de melancolía, ante la contemplación de dos niños, dos jóvenes, un hombre y una mujer que siempre habían vivido condenados al destierro. Ella era una inglesa que hizo su vida en París. Él era un judío austriaco que consagró su vida a soñar un mundo nuevo que solo terminó encontrando en el cuerpo de la mujer que amó, Dorine. A lo largo de su Carta a D., André Gorz pasa revista a su vida en común. Y advierte que fueron una pareja de solitarios, apátridas, sin tierra, sin familia. Y en esa tierra de nadie del amor fiel, André y Dorine terminan por encontrar la patria inmaterial de un amor que va más allá de la muerte. André y Dorine discuten, cuenta él, la posibilidad de suicidarse. Están solos. Y la muerte, escribía André Gorz, sería para ellos una nueva tierra prometida, donde continuarían amándose.
Es una larga carta en la cual el filósofo francés comienza cuestionándose las razones por las cuales su esposa estuvo tan poco presente en su obra siendo que era la persona más importante de su vida y sin quien su obra probablemente no habría tenido el impacto que tuvo por todo lo que ella lo apoyó y ayudó.


"Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos."


"Eras el complemento de la irrealización de lo real, incluido yo mismo, algo en lo que me empleaba desde siete un ocho años atrás mediante la actividad de escribir. Para mi eras la portadora de la puesta entre paréntesis del mundo amenazante donde yo era un refugiado de ilegítima existencia, cuyo porvenir nunca se prolongaba más allá de tres meses."

martes, julio 08, 2008

319. AMOR Y EPISTEMOLOGIA

(1) A veces el amor tiene rasgos popperianos: no es el resultado de un inductivismo positivista que acumula datos y propuestas, sino que asoma como una hipótesis levemente intuida en unos ojos interrogantes y construye a partir de ella los elementos necesarios para convertirse en una deducción necesarias. Y ese amor hipotético-deductivo se transforma en una realidad que lo será mas en la medida en que esté siempre abierta a la posibilidad de la falsación. Este amor popperiano no es el que se cierra en una fidelidad acritica y ciega, sino que está siempre expuesto a la posibilidad de ser refutado, corrido, sustituido. Si - a pesar de todos los embates - sobrevive, será el amor verdadero, el amor eterno. Si, por el contrario, cede hasta la falsación se trata de un amor pequeño, de un camino de búsqueda hacia el amor definitivo.
(2) Otras el amor tiene rasgos kuhnianos: la paciencia, los trabajos y los días van construyendo un amor normal, el paradigma vigente que reina seguro en el reino de las pasiones, las relaciones, los deseos. Todo está hecho para que dure para siempre. Pero, en los suburbios de nuestras vidas, en cada una de las vidas de la pareja asoman pequeños disrtubios, indicios de revoluciones. Crecen muy lentamente y son combatidos por el amor reinante. Pero hay un momento en que el malestar se transforma en reclamo, las dudas se convierten en ataque... y el reinante paradigma debe dejar su lugar al nuevo. La sustitución de los amores no es más que una analogía de la necesaria sustitución de los paradigmas, deseosos de encontrar una forma de crecimiento.
(3) Y tambien el amor puede volverse lakatosiano: y entonces, el amor se refugia en un núcleo esencial e intangible que es y será el amor definitivo. Es el amor eje, referencia, eternidad que nos unirá por siempre. Puede no ser el primero, pero seguramente será el único. No puede como núcleo ser motivo de ataque alguno... pero necesita rodearse de hipótesis satélites que como si constituyeran un cinturón protector operan de escudo: son los amores fugaces que vien y van, que conviven con el núcleo, que negocian con él ya que nunca pretenden sustituirlo y se sienten seguros en su función subsidiaria y servicial. Difícilmemnte se producen conflictos entre estos amores porque cada uno sabe el lugar que ocupa cada uno en el sistema.
(4) Y puede emerger un amor al estilo de la epistemologia anárquica de Feyerabend: se trata de dudar de los privilegios, los centros, las seguridades y pensar que el amor nunca es uno, sino que siempre es dolorosamente y gozosamente múltiple: son todos conmensurables, y es imposible decidir cuál de ellos es el que en definitiva no identifica o nos atará por siempre.
(5) Y tambien el amor puede ser complejo, incierto, borroso, aproximativo, transversal... de eso se trata en suma de encontrarle el nombre, la forma, el lugar, el centro, el destino.

martes, julio 01, 2008

318. SUFRIENDO PERO AL FIN LIBRES


Fue una larga espera, de 20 partidos, de sufrimientos exagerados, de desiluciones, de aceptarlo todo... pero ese viaje a Avellaneda, la multitud que rondaba por las calles, la que teñía de celeste y blanco el estadio bajo el sol del invierno, la camaradería que provoca un transitorio encuentro y que luego se diluye para siempre, apenas se abren las puertas de salida y todos salimos disparados para nuestros lugares habituales.

Hay mucho de irracional en todo esto, pero al mismo tiempo, de necesaria carga irracional, porque no hay motivos verdaderos para asignarle la importancia que en los hechos uno le asigna.

Estábamos muertos, parecíamos muertos, pero hemos resucitado después de los tres partidos de horror (Colón, Belgrano, Belgrano)... y eso nos transforma en inmortales. Al menor por un tiempo. O para siempre.

Y fue un placer compartirlo con Jorge y con Carlos, como en otros momentos (con la gauchada de Héctor que nos consiguió la entrada necesaria).

317. DIAS DE GLORIA


Origen: Argelia, Francia, Marruecos, Bélgica – Duración: 128 minutos – Año: 2006 - Director: Rachid Bouchareb. Guión: Olivier Lorelle. Jamel Debbouze: Saïd. Samy Naceri:Yassir. Roschdy Zem: Messaoud. Sami Bouajila: Abdelkader. Bernard Blancan:Martinez. Mathieu Simonet: Leroux. Benoît Giros: Capitán Durieux. Mélanie Laurent: Chica del pueblo en Les Vosgues Antoine Chappey: El Corone. Assaad Bouab: Larbi.


La historia de los soldados nativos de las colonias francesas africanas que salen de las miserables aldeas - en donde son nadie - para sumarse a una gesta nacional a la que son ajenos y que deben padecer la discriminación permanente porque - a pesar del esfuerzo - siguen siendo los "indígenas", los propios del lugar (que no es la Madre Patria) revela todos los sinsentidos de la guerra. el temor, los interrogantes, las miserias, las injusticias, los olvidos van pasando uno a uno a través de la marcha que, sobre el final de la segunda guerra mundial, conduce a los voluntarios a vencer a los alemanes.

Casi no tiene sentido estar allí. No hay motivos seguros y, sin embargo, están imaginando un futuro imposible, aunque la llegada a Alsacia los sorprenda con una muerte gloriosa pero solitaria. Demasiados interrogantes como para entender lo que representó en algún momento ese esfuerzo sobrehumano por entender los relatos y tratar de ser fieles a las consignas.

Hasta ese heroico gesto de Said - en mas pícaro de todos - que ha insultado a su jefe y le ha deseado la muerte, pero que ante la entrada de los alemanes va a buscarlo para morir con él, tiene un sentido ético que lo convierte en épico.

Morir por otros, por la historia y el destino de otros. Casi kantiano. Porque sobran promesas pero desaparecen las realidades. Y sólo un deber propio, interior, autónomo los guía y los mueve...

316. VIERNES

No me digas que es verdad. No me despiertes. Quiero seguir jugando el juego del sueño y la vigilia. Quiero recuperar la duda cartesiana y no saber si estando dormido, creo que estar despierto, o estando despierto supongo que estoy dormido. O las contradicciones de Segismundo que no sabe si está en el palacio o en la prisión. O la irrupción del genio maligno. O la inquietante interpretación de los Espíritus que cambian las realidades de Cervantes en el cruce entre Sancho y Quijote.
No lo sé. No quiero saberlo. Tampoco quiero que tu me digas nada, porque eres parte de mi sueño. Y es bueno saber que es viernes, que la tarde - como el día - está fría y neblinosa, que la casa está vacía, que hay mucho por hacer y que el tiempo se vuelve torbellino entre las manos.
No me digas a qué mundo pertenece esta locura. Si sobrevivo a tanta historia es porque hay algo de inmortal en todo esto.
No sé en qué lugar de mi sueño, de mi memoria, de mi vida ha quedado cierta tarde de junio, cierto viernes de junio, ciertos recónditos lugares, ciertos detalles, ciertos gestos, multitud de acometidas y todas las certezas. No lo sé. Pero por favor, no me llames, no me llamen para despertarme o para decirme que de duerma. Es demasiado pronto, es demasiado tarde.

sábado, junio 21, 2008

315. LA JOVEN VIDA DE JUNO


Cuando uno ingresa al universo de la película La joven vida de Juno (Juno, EE.UU./2007. Dirección: Jason Reitman. Con Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman, Allison Janney, J. K. Simmons, Olivia Thirlby. Guión: Diablo Cody. 96 minutos. Oscar al mejor guión) tiene la impresión de entrar en un mundo diferente. Porque ese mundo de los adolescentes – 16/17 años – es un territorio al que nos cuesta asomarnos sin asombrarnos o desorientarnos. Y sin cuestionarnos.

Juno – en una construcción actoral impecable – es una estudiante de 16 años que queda sorpresivamente embarazada de un compañero con el que no sabe muy bien qué vínculos lo unen. Ambos debutan – afirman – como “sexualmente activos”. No se desencadena el drama ni en sí misma, ni en su entorno, ni siquiera en su familia: pero ella es la que debe crecer para encontrarle la vuelta a su nueva vida, ya que a partir de ese momento todo será descubrimiento: en su cuerpo, en sus costumbres, en sus compañeros, en quienes lo rodean.

A nadie se le puede pedir que sea experto en aquello que vive por primera vez: por eso cada uno de los actores involucrados va procesando ideas, sentimientos, decisiones. Incluido el universo de los adultos: el padre y la madrastra llaman la atención por la serenidad con que reciben la noticia (se alegran que no se trate de una expulsión del colegio o de un asunto de drogas) y acompañan el proceso; los educadores de la escuela están ausentes, ya que sólo se menciona una discutible clase de educación sexual; la pareja que aparece como solución para el recién nacido vive situaciones de inmadurez y una manifiesta incompatibilidad que los llevará irremediablemente al fracaso. Los adultos no solamente no representan un mundo seguro y perfecto, sino un espejo demasiado frágil en el que cuesta reflejarse.

Lo curioso de la película es que no se plantea – en principio – ni el problema del embarazo indeseado y adolescente, ni se plantea la legitimidad o no del aborto. Puede ser que ambas cuestiones sean relevantes, pero en el universo de pensamiento y de discurso de estos chicos no es ese el planteo (sólo hay una escena – previa a la consulta en una organización pro abortista – en la que una compañera oriental le pide a Juno que no aborte) sino que en realidad lo que todos discuten es “qué hacer con sus vidas”. No se pone en cuestión los principios morales, el bien o el mal, lo correcto o lo censurado: el tema se instala como naturalmente, como propio de un momento en que muchas cosas parecen generacionalmente naturales. Los temas, principios o referencias religiosas son directamente ignorados.

Frente a estas realidades estamos nosotros los adultos, como están en su sitio los adultos de la película, haciendo lo que debemos o podemos y tratando de construir los discursos propios de la educación. No siempre coherentes, apropiados, convincentes, seguros, verdaderos. No es que lo que haga, piense, diga o acepte la nueva generación sea deseable y bueno, sino que es la realidad con la que podemos y debemos trabajar. Porque a pesar de su aparente seguridad y sus discursos agresivos hay mucha vulnerabilidad, debilidad, necesidad (la charla con el esposo del matrimonio que se hará cargo del bebé y con el padre son pruebas de ello)

Para los adolescente de esta generación – y es posible notarlo a diario en las aulas – no se tratar de dramatizar, alterarse, tomarse todo a la tremenda, sino de encontrar en todo el sentido del humor, el tono adecuado, el momento, la persona y el lugar para tratar de abordar los temas y problemas con serenidad.

Principalmente al final – cuando aparece el fantasma de la soledad y Juno no termina de saber con quien, además de su amiga, puede compartir su vida - hay una creciente construcción de la idea de confianza en los valores humanos: la fidelidad a uno mismo y a sus compromisos, los afectos sinceros y el verdadero sentido del amor, que emerge del casual pero sabio diálogo con su padre. La imperceptible y sólida maduración interior la convence de varias ideas: el amor se construye, las parejas se mantienen unidas si se respetan como tales y se aceptan como son y la relación sexual y el embarazo que deberían haber llegado como consecuencia del amor, aunque hayan representado para Juno y su pareja el pasaporte para descubrirse y enamorarse.

La estética de la película es muy adolescentes (paisajes, dibujos, colores, el cambio de las estaciones, habitaciones, clima y lugares de la escuela, prácticas de deportes). Curiosamente hay íconos de la cultura adolescente que, por alguna razón, están ausentes: teléfonos celulares, televisión o computadora (asociadas a videojuegos, chateo, o internet).

Una oportunidad para descubrir a los nuevos sujetos, para comprenderlos, e intentar una educación en diálogo con sus códigos puede ser una estrategia para revitalizar la presencia de los adultos significativos y la verdadera educación.

sábado, junio 14, 2008

314. DESAPARECIO UNA NOCHE





La película “Desapareció una noche” primera película dirigida por Ben Affleck, con Casey Affleck, Michelle Monaghan, Morgan Freeman, Ed Harris, John Ashton, Amy Ryan, Titus Welliver, y sobre novela del mismo autor de “Río Místico” muestra un relato de creciente complejidad sobre un tema controvertido: el secuestro y la violencia sobre los chicos (algún frecuente en muchos lugares del mundo). Lo curioso de la película es esa voz que va relatando no sólo lo sucedido o lo que sucedió, sino en entorno, la gente, los temores, las frustraciones, las dudas que tienen no sólo los protagonistas, sino el entorno en donde suceden las acciones (Boston). La pareja que se hace cargo – por pedido de sus familiares – del secuestro junto con la policía vive y expresa sus desacuerdos en términos de estrategias: sus vidas se juegan con la historia. De hecho hay momentos de tensión y de una violencia que pasa de lo implícito y sugerido a lo implícito (el tiroteo en la casa, el descubrimiento del cuerpo de un niño desaparecido, la muerte de un oficial, la irrupción armada en un bar).


Hay un momento de la película (después del episodio en torno a la laguna artificial formada en una cantera abandonada) en que todo llega a un final desesperante: Amanda, la niña ha desaparecido, está muerta, a su madre le entregan un acta de defunción y una ceremonia cierra la historia. Pero uno tiene la sensación de que falta algo, que falta lo más importante.
Siguen desapareciendo chicos y se mantiene la lucha de la pareja protagonista Patrick Kenzie y Angela Gennaro. Pero hay algo de comienza a de-velarse a partir de un punto límite: el momento en el que el instrumento de la justicia, quien se dedica a la búsqueda de personas desaparecida, comete una injusticia, al matar por su cuenta a un secuestrador de chicos.
Sabe que más allá de eso no hay otro fondo, que ha llegado al final. Desde ese lugar y desde las confesiones del policía Remy Bressant (Ed Harris) - que juega el papel de interlocutor de estrategias y de criterios - comienza a descubrir los principios éticos (o la ausencia de los mismos) que dispara los dilemas morales. Porque el tema no es matar o no matar, decir la verdad o mentir, descubrir culpables o inventarlos, informar correctamente o crear informes falsos… sino que todas esas acciones no son en sí mismas ni buenas ni malas, ni condenables, ni discutibles. Dependen de la intención de quien lo ejecuta: si los fines son correctos, si lo que se persigue es bueno, si la solución es un estado ideal o superior al estado real todo se justifica, todo puede ser salvado.
"Un niño nunca te juzga. Siempre pone la otra mejilla. No hay nada más cristiano que un niño", dice un personaje. Y es una forma de anticipar los argumentos. La violencia parece ser un hecho normal, natural, imposible de erradicar de la sociedad. Lo que se plantean son dicotomías entre la elección ética, propia del individuo, y la moral del conjunto. Lo que se debe hacer y lo que uno – en cada circunstancia – puede hacer.
Buscar, de-velar, recordar implica someter a sospecha todo, y Patrick inicia un proceso inquisidor (peguntar, inquirir) que va descubrimiento la trama de mentiras que ha acompañado la desaparición de la ya casi olvidada Amanda: todos tienen razones para explicar lo que han hecho, porque los hechos pueden ser malos, pero pueden estar debidamente justificados. Y un velo sigue a otro velo, un descubrimiento a otro descubrimiento, porque la verdad tarda en aparecer, se resiste, ama el ocultarse.
Cuando por fin llega al lugar definitivo, cuando “le da alcance a la verdad”, los seres perfectos, los héroes públicos, los homenajeados(Jack Doyle: Morgan Freeman), son los que ocultan sus miserias, pero tienen atendibles razones para hacerlo.
Allí, al final, cuando todo se aclara, los conflictos éticos son los más intensos. Ya con anterioridad ya Remy, había anticipado: ¿Matar? Depende de otra cuestión: a quién se mata. Y se puede agregar: cómo se mata, quién mata, cuándo se mata, por qué se mata. Estos interrogantes relativizan el “no matarás” y no habilitan o lo prohíben según conveniencia. Pero en el diálogo final – absolutamente kantiano en donde los imperativos rigen sin condicionamientos y sin inclinaciones, por el absoluto “deber ser” – se enfrentan las dos posturas: la acción del secuestro fingido se justifica plenamente porque la vida presente y futura de la niña Amanda corre serios riesgos debido al miserable e irrecuperable tipo de vida que lleva la madre… y por la excelencia de vida que le ofrecen los “nuevos padres”… por el contrario Patrick supone que el secuestro siempre está mal, que el bien presente y futuro no se puede construir sobre un engaño, una mentira, una agresión. Uno y otro apuestan al futuro, a lo que diría Amanda grande sabiendo lo sucedido y cada uno imagina lo que le corresponde. Patrick sabe que perderá a un amigo a quien admira y que ha sufrido mucho (Jack Doyle también ha perdido un hijo en un secuestro), y sobre todo – y esto casi es un ejemplo típico de Kant – su decisión le hará perder a la persona que más quiere, a Angela, que le ha advertido que si termina denunciando la situación lo abandonará. Patrick toma la decisión y supone, exige que la verdad prime por sobre cualquier tipo de condicionamiento.
Es más: la escena final es trágica, pone a prueba los principios éticos, porque la situación degradante denunciada por los “buenos” secuestradores se sigue produciendo… y Patrick debe quedarse como un salva-vidas de ocasión para una Amanda que seguramente crecerá abandonada.
Todos los debates siguen abiertos… y la película permite una serie de discusiones para revisar los principios al calor de las determinaciones morales que debemos afrontar.

lunes, junio 09, 2008

313. VERDADES INCÓMODAS + ORACULO / 2

Hay otra historia acerca de Apolo y sus oráculos y como mínimo igual de famosa y relevante, es la de Casandra, princesa de Troya. La más inteligente y bella de las hijas del rey Príamo. Apolo siempre merodeando en busca de seres humanos atractivos, se enamoró de ella. Curiosamente Casandra resistió el asedio del dios, y este decidió comprarla. Pero ¿qué darle? a una princesa rica, hermosa y feliz. Aún así, Apolo tenía para ofrecerle, y le prometió el don de la profecía. Oferta irresistible sin dudas; y ella accedió. Apolo hizo cuanto deben hacer los dioses para convertir a simples mortales en videntes, oráculos y profetas, pero luego, escandalósamente, Casandra se hecho atrás y rechazó el cortejo del dios. Apolo se enfureció, pero no podÍa retirarle el don otorgado -era un dios, al fin y al cabo, los dioses mantienen sus promesas. Sin embargo la condenó a un destino cruel e ingenioso: el de que nadie creyese en sus profecías. Así, según la tragedia Agamenón, de Esquilo, Casandra profetizó a los suyos (1) la caída de Troya, nadie le prestó atención; (2) La muerte del caudillo de los invasores griegos, Agamenon, nadie le hizo caso: (3)anuncia su propia muerte, con el mismo resultado. No querían escucharla y se burlaban de ella. Tanto griegos como romanos la llamaron "la dama de las infinitas calamidades".
En nuestro tiempo reconocerse esa misma resistencia a las profecías horrendas que experimentó Casandra en su época, y con su pueblo y sus vecinos. Cuando nos enfrentamos con una predicción ominosa que alude a fuerzas inmensas sobre las que no es fácil ejercer influencia alguna, mostramos una tendencia natural a rechazarla o no tomarla en consideración. Mitigar o soslayar el peligro podría requerir tiempo, esfuerzos, dinero, valentía; quizás incluso alterar las prioridades de nuestra vida, Además, no todas las predicciones de desastres se cumplen (ni siquiera las formuladas por científicos). Así cuando nos enfrentamos a profecías nuevas e incómodas la reacción es decir: "improbable; catastrofista; jamás hemos experimentado nada remotamente parecido; tratan de asustar todo el tiempo a todo el mundo; es malo para la moral pública." Más aún, si los factores que precipitan la catástrofe anunciada están actuando desde hace mucho tiempo, entonces la propia predicción constituye un reproche indirecto y tácito. ¿Por qué nosotros, ciudadanos corrientes, hemos permitido que se legase a esta situación de peligro? ¿No deberíamos habernos informado antes? ¿Acaso no somos cómplices al no haber tomado medidas para asegurar que los dirigentes políticos eliminasen la amenaza?

Existen medios para que los políticos decidan y hallen una vía intermedia y segura entre la acción precipitada y la impasibilidad. Se requiere, empero, una cierta disciplina emocional y, sobre todo, una ciudadanía consciente e instruida, capaz de juzgar por si misma hasta qué punto son amenazadores los peligros anunciados.

Idea original en Carl Sagan. "Miles de Millones. Reflexiones sobre la vida en el universo". B S.A. 2001. Madrid.

312. ORACULO Y VERDADES / 1

Apolo, morador del Olimpo, era dios del Sol. También se ocupaba de otras materias, una de ellas la profecía. Todos los dioses podían entrever el futuro, pero Apolo era el único que podía brindar ese don a los seres humanos, y estableció así varios oráculos. El más famoso en Delfos: la secerdotisa Pitia (por la pitón que constituía una de sus encarnaciones). Reyes y aristócratas, y aún plebeyos, acudían a Delfos a "la consulta". Uno de ellos fue Creso, rey de Lidia. Tal vez su nombre se convirtió en sinónimo de riqueza porque bajo su reinado se inventaron las monedas acuñadas por Creso en siglo VII A.C.. Lidia se hallaba en Anatolia -hoy Turquía-. Su ambición desbordaba los límites de su pequeña nación y se le metió en la cabeza invadir y someter Persia, la superpotencia del Asia occidental. Ciro había unido a persas y medos, forjando un poderoso imperio. Naturalmente Creso estaba un tanto inquieto.
Para determinar la prudencia de su empeño, mandó emisarios a consultar al oráculo de Delfos. Cabe imaginarlos cargados de regalos opulentos. La pregunta que los emisarios hicieron en nombre de cReso fue: "¿Qué sucederá si Creso declara la guerra a Persia?" Pitia respondió, sin titubear: "Destruirá un gran imperio"
Regresaron con la noticias y Creso pensó: "Los dioses están con nosotros" - o algo por el estilo - y atacó. Convencido de apoderarse rápidamente de las satrapías invadió Persia con sus ejércitos de mercenarios...y sufrió humillante derrota. No solo el poder de Lidia quedó destruido sino que él mismo se convirtió para el resto de su vida en patético funcionario de la corte persa, brindando consejos de poca monta a dignatarios que lo recibían con indiferencia. Aquella injusticia le hizo verdaderamente mella. Al fin y al cabo, se había atenido a lo prescrito. Solicitó consejo al oráculo - lo más para la época - pagó espléndidamente por la consulta y ella lo engañó. Así que envió otro emisario (esta vez con regalos mas modestos ajustados a sus menguadas posibilidades) y le encargó preguntar en su nombre: "¿Cómo pudiste hacerme eso?".

He aquí la respuesta, según la historia de Herodoto: La profecía de Apolo advertía que si Creso hacía la guerra a Persia destruiría un poderoso imperio. Ante tales palabras, lo juicioso por su parte habría sido preguntar de nuevo si se refería a su propio imperio o al de Ciro. Pero Creso (o sus emisarios) no entendió lo que se le decía ni inquirió más. La culpa es enteramente suya. Si el oráculo de Delfos hubiese sido sólo una estafa para desplumar monarcas crédulos, desde luego habría necesitado excusas para justificar los inevitables errores. En estos casos son corrientes las ambigüedades disimuladas. Sin embargo la lección de Pitia es pertinente: tenemos que formular bien las preguntas, incluso a los oráculos; las preguntas han de ser inteligentes, aún cuando parezca que ya nos han dicho exactamente lo que deseábamos oir. Todos los seres humanos, pero especialmente los políticos, los que gobiernan, no deben aceptar respuestas a ciegas, deben comprender; y no deben permitir que sus propias ambiciones oscurezcan su comprensión. Hay que proceder con sumo cuidado a la hora de convertir una profecía en acción política.
Este consejo es plenamente aplicable a los oráculos modernos: los científicos, los tanques de ideas, las consultoras, los encuestadores, los asesores, los periodistas, los grupos de investigación y universidades, los institutos financiados por las empresas y las comisiones asesoras. Hasta los mismos compañeros de ideas en los partidos. Muy raramente y en general de mala gana los políticos interrogan al oráculo y reciben una respuesta. Pero si lo hacen, deben saber preguntar y saber escuchar. Repreguntar si es necesario y saber interpretar. En la actualidad los oráculos suelen manifestar sus profecías aunque nadie las solicite. Sus declaraciones a menudo son mucho mas detalladas que las preguntas. Las estimaciones se formulan a veces en términos de probabilidades numéricas. Parece casi imposible que el político más honesto emita sencillamente un si o un no. Los políticos tienen que decidir qué hacer con la respuesta, si es que hace falta tomar alguna medida, pero primero deben comprenderla. En razón de la naturaleza de los oráculos modernos y de sus profecías, los políticos precisan, ahora más que nunca, entender los lenguajes, los códigos, las personas, los números, la ciencia y la tecnología.

Con frecuencia, en conversaciones informales, algunos preguntan: ¿nadie le puede decir que está equivocado, qué esa no es la manera, que ésa no es la respuesta? Y surgen diversas interpretaciones. En realidad: (1) muchas veces los que están en el poder se muestran tan seguros que no quieren ni recurrir ni escuchar a los oráculos; (2) si los escuchan exigen que siempre le anuncien las cosas que ellos mismos piensan; (3) muchos oráculos cercanos al poder tienen miedo de emitir su anticipo o interpretación; (4) aun cuando hablen, digan la verdad, tengan atrevimiento… las respuestas pueden ser malinterpretadas: usarlas precisamente para decir lo contrario de lo que se ha pronunciado. Como afirmaba en 1520 Tomás Moro en su Utopía la tarea de asesorar y acompañar a los gobernantes es una tarea realmente insana. A menos que vivamos en una verdadera democracia.

Idea original en Carl Sagan. "Miles de Millones. Reflexiones sobre la vida en el universo". B S.A. 2001. Madrid.

domingo, junio 08, 2008

311. PROMESA DEL ESTE + BAÑO DE SANGRE

Vigo Mortensen es Nikolai, un ruso creíble que vive en Londres y forma parte de la mafia del Este, manejando tráfico ilegal de diversos productos. Hay un juego de identidades cruzadas, de pasados oscuros, de historias que se cruzan. Y ése es el motivo por el que Naomi Watts una enfermera hija de rusos también forma parte esencial de esa historia.
Pero lo curioso de una película muy interesante es el grado de violencia que desencadena y que contagia. No es una violencia aséptica y lejana, una violencia de balas y explosiones... sino de cuchillos, golpes y mucha sangre. Hay agresiones y peleas antológicas, en donde uno tiene la sensación de sufrir con cada uno de los golpes...
Saber sin embargo que todos pueden engañar a todos y que el mismo Nikolai no es lo que dice ser... pero que terminará siendo lo que aspira ser, es el eje del relato que cruza un sinnúmero de personajes. La misma personalidad de Vigo y el carácter del personaje exhibe esa ambiguedad: sereno, impasible, lacónico, pero violento, efectivo, mortal.
Llama la atención finalmente el juego de los tatuajes: en cada parte del cuerpo están marcados los signos de las cárceles, las luchas, los reconocimientos, las pertenencias. El cuerpo es la historia misma del individuo. Exhibir el cuerpo antes de luchar es definirse, darse identidad: no en vano la lucha mas violencia se produce en un sauna, cuando Nikolai es traicionado y entregado, y está desnudo, vulnerable, sólo con sus tatuajes. “Los delincuentes en las cárceles rusas dicen que los tatuajes son una carta de presentación”, explica el Director David Cronenberg “Si alguien no lleva tatuajes, no existe. Indican qué tipo de delincuente es, los años de cárcel, la orientación sexual, etcétera. Nadie debe llevar un tatuaje que indique un eslabón superior al que le corresponde realmente en el mundo del hampa. El castigo sería terrible. Dicen que los tatuajes son su pasaporte, pero es el pasaporte de un país muy sombrío y muy pequeño”. Las estrellas tatuadas en las rodillas de Nikolai significan que nunca deberá arrodillarse ante nadie, ya que le elevan al nivel más alto de la organización. El equipo de producción tardó cuatro horas en aplicar en el cuerpo de Viggo Mortensen los 43 tatuajes que se ven en la secuencia de tatuaje; entre otros muchos está “La calavera con flores”, “La calavera humeante”, “El tigre”, “La virgen y el niño”, “El ángel desnudo en una rueda”, “La segadora” y “El gato con pipa”.

310. EXPIACION, DESEO Y PECADO


En Inglaterra, en una fastuosa casa victoriana, rodeada de parques generosos, y en el verano de 1935 (bajo la amenaza de la segunda guerra mundial), la joven Briony Tallis (13 años) es testigo del juego de seducción entre Robbie, el hijo de un sirviente, y Cecilia, su hermana mayor. La envidia y los celos que esta relación le provoca, la convierte en una mirada vigilante que se ocupa de curiosear en sus furtivos encuentros. Esa situación la lleva a una situación inesperada: un delito requiere un culpable y Robbie es acusado injustamente por Tallis. A sus 13 años, la chiquilla es una potencial escritora gracias a su talento y su enorme capacidad de imaginación. Y a su vez registra fielmente todo lo que sucede a su alrededor, aunque tiene una gran capacidad para interpretar todo y darles los giros que se le ocurre. Esas miradas – recurrentes en toda la película – desde las ventanas, con un sartreano mirar sin ser mirado (furtivamente, detras de las cortinas, a través de puertas entreabiertas), sorprender y apresar a la víctima de la mirada para dominarlo con el conocimiento de episodios privados o los secretos es uno de los rasgos de la personalidad de la niña que lamentará toda su vida ese juego de verdad y ficción, de literatura y realidad, de testimonio y verosimilitud que opera en la condena que lleva al joven muchacho (de una clase social inferior) a la cárcel, a la guerra, a la separación de su amor y al inesperado final. La historia de amor adolescente que se está tejiendo entre su hermana Cecilia (Keira Knightley) y Robbie Turner (James McAvoy), el hijo de la ama de llaves de la casa donde viven tiene un futuro incierto, pero la reacción de la niña – que camina velozmente por las amplias dependencias de la casa - presa de sus caprichos y de sus sentimientos ocultos por el muchacho, provoca una serie de malos entendidos y arma un compromiso indestructible pero un reencuentro incierto.
Lo que llama la atención de la película es este juego de versiones, de miradas, el cruce de lo que se ve y lo que efectivamente sucede, el presente y el pasado, el presente reciente y el pasado inmediato. Como si la vida nos diera la posibilidad de rebobinar, de revisar con atención que es lo que ha pasado o está pasando.
No es solo un juego de tiempos, de pensamiento que regresan, de recuerdos que se mezclan con el presente en una mente afiebrada. No: es algo mas. La mirada no lo puede abarcar todo, hay algo nouménico en ella, siempre hay cosas que se nos escapan, que no se nos convierten en fenómeno. Las imágenes que vuelven nos permiten atrapar la realidad, mas fenómenos (la fuente, la biblioteca, el encuentro en la ciudad, la presencia fantasmal en una humilde casa de un barrio de Londres, la misma guerra).
Si la escritura abre el relato, si el sonido de la máquina de escribir marca el ritmo de la música y es la música misma, si la escritura cierra la película. Si la película es la historia que se cuenta en la novela que se presenta sobre el final, novela que Tallis ha pretendido escribir toda su vida (porque es en realidad una forma de construir y expiar su propia vida), la realidad no puede ser tal, sino que lo verosímil, lo conjetural es lo que asoma detrás de las escenas… y es lo que en definitiva nos sorprende al final, al tiempo que nos deja con las manos vacías, con un amor que se define como posibilidad, nunca como realidad.
La diferencia de clases, la crueldad de la guerra, la tarea de las enfermeras junto a los soldados que regresan a sus hogares contrasta con esa cosntrucción majestuosa que se eleva sobre el parque de un verde impecable y en la que circulan los miembros de una sociedad aristocrática y segura.
Conocer es construir, recordar es dar versiones y dar versiones es decidir la vida de los otros. Las miradas salvan o condenan, nos descubren o nos sumergen en el infierno (Sartre). Los hechos nos condenan: no podemos regresar a ellos – como regresan las escenas – para reconstruir la versión indicada. Historia y película son el eco de la vida misma.

lunes, junio 02, 2008

309. CUARENTA AÑOS DESPUES


CORTAZAR y su recuerdo del mayo francés (Semanario Marcha. Uruguay. 1998)

"Nadie les ha enseñado a hacer lo que están haciendo; nadie le enseña al árbol la forma de dar sus hojas y sus frutos. No se han dejado utilizar, como tantas veces en otros tiempos, a manera de cabezas de puente o pavos de la boda; hoy están solos frente a una realidad resquebrajada, son una inmensa muchedumbre que no acepta ya reajustarse para ingresar ventajosamente en ese mundo que se da a llamar moderno, que no acepta que ese mundo los recupere con la hipócrita reconciliación paternal frente a los hijos pródigos. Algo como una fuente de pura vida, algo como un inmenso amor enfurecido se ha alzado por encima de los inconformismos a medias, a la torre de mando de las tecnocracias, en la fría soberbia de los planes históricos, de las dialécticas esclerosadas. No es el momento de explicar o de calificar esta rebelión contra todos los esquemas prefijados; su sola existencia, aquí y en tantos otros países del mundo, la forma incontenible en que se manifiestan, bastan y sobren como prueba de su validez y su verdad. Nada piden los estudiantes que no sea de alguna manera una nueva definición del hombre y la sociedad; y lo piden en la única forma en que es posible pedirlo en este momento, sin reivindicaciones parciales, sin nuevos esquemas que pretendan sustituir a los vigentes. Lo piden con una entrega total de su persona, con el gesto elemental e incuestionable de salir a la calle y gritar contra la maquinaria aplastante de un orden desvitalizado y anacrónico. Los estudiantes están haciendo el amor con el único mundo que aman y que los ama; su rebelión es el brazo primordial, el encuentro en lo más alto de las pulsiones vitales.En el pabellón de la Argentina, ¿Como no iba a manifestarse ese salto hacia una realidad auténtica cuando bajo su techo se venía reiterando la injusticia, la discriminación, la estafa moral que no era más que el reflejo de lo que sucede allá en la patria, allá en los países de América Latina? Tomar esa residencia ha significado para los estudiantes entrar escoba en mano en una casa sucia para limpiarle el polvo de mucha ignominia, de mucha hipocresía. Pero, en el fondo esto es sólo un episodio dentro de un contexto infinitamente más rico, que no se engañen los que quieran ver en ese gesto una mera oposición política en el plano nacional. Detrás de la ocupación de lo que es propio hay una conciencia que va mucho más allá de perímetro de una residencia universitaria; simbólicamente, poéticamente, estos muchachos han tomado a la Argentina entera para devolverla a su verdad tanto tiempo falseada; y decir eso es decir también América Latina, es sentir a través de este impulso y esta definición toda la angustia de un continente traicionado desde dentro y desde fuera. Cómo no comprender, entonces, el sentido más profundo que tiene hoy aquí, entre nosotros, la evocación del ejemplo vivo del Che, cómo no comprender que lo sintamos tan cerca de los jóvenes que se baten en la calles y dialogan en los anfiteatros. Pero, esto no es un homenaje labial; no hemos de recaer una vez más en los esquemas del respeto solemne, de las conmemoraciones a base de palmas y oratoria. Para el Che sólo podía y sólo puede haber un homenaje; el de alzarse como lo hizo él contra la alienación del hombre, contra su colonización física y moral. Todos los estudiantes del mundo que luchan en este mismo momento son de alguna manera el Che. No siempre hacen falta cirujanos para transplantar un corazón en otro cuerpo; el suyo está latiendo en cada estudiante que libra este combate por una vida más digna y hermosa."


Mis deseos son la realidad (Nanterre)

Es el tiempo de arrase, la batida
contra el falso Museo de la Especie
aquí están las noticias
Mayo 68 Mayo 68
el poema del día la efímera bengala la recurrente
ardiendo en Francia y Alemania
en Río en Buenos Aires en Lima y en Santiago
los estudiantes al asalto
en Praga y en Milán en Zurich y en Marsella
los estudiantes llenos de palomas de pólvora
los estudiantes que alzan con sus manos desnudas
los pavimentos de cemento y estadística
para apedrear la Gran Costumbre
y en la ordenada cibernética
abrir de par en par ventanas como senos.