domingo, marzo 29, 2009

379. CEGUERA + ¿VER DE OTRA MANERA?



Ceguera (T.O. Blindness) Drama. Dir. Fernando Meirelles. Guión: Don McKellar. Con Julianne Moore, Mark Ruffalo, Alice Braga, Gael García Bernal, Yoshino Kimura, Danny Glover . Fotografia: César Charlone. Música: Marco Antonio Guimaraes. Origen: Canáda - Brasil - Japón (2008) 121 minutos

El Director de la película, el brasileño FERNANDO MEIRELLES cuenta con una filmografía que incluye la gloriosa Ciudad de Dios (2002) y la sólida El Jardinero Fiel (2005), por lo que cualquier trabajo en el que esté relacionado interesa bastante. Ceguera está basada en una novela de José Saramago (que tardó mucho tiempo en aceptar la propuesta y autorizar la realización) y primó en su realización la idea de permanecer fiel a la ideal del autor (“al filmar – confiesa – me preocupaba la mirada y la opinión de Saramago”.

Respetando el deseo de Saramago de que la película, así como la novela, transcurriera en una ciudad no identificada, lo que le da una universalidad común a la trama, la producción de Ensayo Sobre la Ceguera decidió filmar en varios países diferentes. Así y todo, ninguna señal que pudiera identificarlos fue utilizada. La mayor parte de las escenas en exterior fueron filmadas en Sao Paulo, ciudad en la que vive Meirelles; las escenas, ambientadas en el asilo transformado en campos de cuarentena, fueron filmadas en una prisión abandonada en Guelph, Canadá; y el clímax de la película, que tiene lugar frente al paisaje destruido de una ciudad arruinada, fue filmado tanto en Sao Paulo como en Montevideo, en Uruguay (ciudad sugerida por el director de fotografía César Charlone, de origen uruguayo).

A lo largo de las filmaciones, Meirelles fue guiado principalmente por la cita en la cubierta de la novela de José Saramago (del antiguo Libro de las Exhortaciones): “Si eres capaz de ver, mira. Si eres capaz de mirar, observa”. A final de cuentas, esta historia sobre ceguera, Meirelles resume, “es realmente sobre aprender a ver”. Por eso la dirección recrea una atmósfera opresiva, en donde existe mucho desenfoque. Ahí, en cada plano, se esboza un confinamiento entendido no solo como una ceguera visual, si no como una ceguera social. Los personajes son embutidos en una sociedad de ocultas intenciones donde la ceguera, en este caso, permite ver la esencia de los personajes.

Mas allá de la historia que merece la lectura del libro y disfrutar la película: una a uno los habitantes de una ciudad comienzan a quedarse ciegos, víctimas de una inusual y desconocida afección (ceguera blanca) y sus autoridades deciden encerrarlos en un centro de aislamiento para preservar al resto de la población, custodiándolos con las fuerzas de seguridad que no temen disparar cuando hay algún intento de fuga. Dentro del centro, lentamente y con el ingreso de los nuevos habitantes, se inaugura un nuevo tipo de sociedad, que no respeta los principios, las leyes, los códigos de la anterior, sino que se adapta a las circunstancias de una supervivencia primitiva. Como sobrevivir y cómo regresar a la realidad, a una sociedad que ha aislado a los enfermos pero que está muriéndose – en el exterior – víctima del mismo mal, es el desarrollo de la película.

La película – como la obra de Saramago – trabaja una serie de tópicos que permiten revisar los CONTRATOS SOCIALES, la vigencia de la MORAL, los principios de la CONVIVENCIA:

01. Volverse ciego (no nacer ciego o perder lentamente la visión), sino volverse repentinamente ciego es una nueva forma de “ver” y de aprehender el mundo. Nada tiene que ver con la percepción que tenemos con uso de los ojos y la mirada. Para los ciegos, los otros son diferentes que se perciben solamente como otros, no llegan como una imagen sino por otras sensaciones. La ausencia de la vista permite descubrir un interior que ignora el color de piel, la edad, el aspecto físico, las nociones de belleza y de fealdad. Aun en el manejo de los cuerpos (vestimenta, desnudez) no hay censuras, porque los ciegos se tornan invisibles y desaparece el sentido del pudor. Somos los espectadores (lo confiesa el Director) los único que – junto con la protagonista – pueden verlos, descubrirlos…

02. Se forma una nueva sociedad en la que el único propósito es la subsistencia y el aislamiento: no hay ninguna actividad simbólica o cultural (en un momento aparece, por un momento, la música que emerge de una minúscula radio AM), y por lo tanto se altera la escala axiológica. Todo se somete a discusión tomando como referencia los nuevos valores: la comida y la subsistencia. La autoridad se debe re-definir y es la que eternamente se discute pero termina imponiéndose la autoridad y la ley de los mas fuertes y arbitrarios, las de quienes tienen la suficiente “libertad de principio y de conciencia” como para eliminar todo freno y inaugurar las prácticas mas eficaces. Por tanto se replantea todo: los contratos, la moral, lo bueno y lo malo, hasta el mismo amor es visto desde otras perspectivas (las simetrías y asimetrías de las relaciones). Es como si la humanidad (¿Rousseau?) se inauguraran de nuevo, y todo pudiera volver a construirse. La lucha por la vida y la alimentación admite el robo, la extorsión, la violencia simbólica, real o la posibilidad de comprar o vender utilizando cualquier medio de pago: dinero, objetos de valor, sexo.

03. La sociedad previa a la ceguera es limpia y ordenada. La sociedad de los ciego es sucia: los nuevos ciegos no saben que están envueltos en basura, que viven en la basura. Pero, a su vez, la suciedad es metáfora de la sociedad. Sociedad = suciedad… ya que no pueden limpiar lo que no pueden ver, y no puede ordenar lo que no pueden acordar. La sociedad convertida es suciedad asume formas de animalización, de vida primitiva. Los grupos sociales (cada uno de los pabellones, especialmente los que respaldan al REY del Pabellón nº 3) tienen sus tácticas y sus estrategias, su negociaciones, sus claudicaciones, la construcción – pragmática – de sus propios principios. Los cierto es que los principios que gobiernan la sociedad son todos negociables y que hay un mundo de apariencias en que desaparece cuando se llega a la situaciones límites…

“Si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después en las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. “ (SARAMAGO. Ensayo sobre la Ceguera)

04. La sociedad normal – como en todos los momentos de la historia y en todos los relatos – pretende sacarse de encima y aislar a los indeseables: encerrarlos, impedirles toda comunicación, dejarlos librados a sus posibilidades, desentenderse de sus necesidades, excluirlos para exterminarlos. Y hay discursos legitimadores para hacerlo: el locutor de la TV es la voz que desde la pantalla (paradójico) lo justifica… como el sermón que alguien predica en el interior de una iglesia abandonada e invadida, dándole marco bíblico a la ceguera… Hay un juego muy marcado de analogías con situaciones sociales que tienen estas mismas características: grupos de indeseables sociales, raciales, distintos de tipos de enfermedades (o que se construyen como tales) a los que se pretenden eliminar. Sin embargo la sociedad termina víctima del mal, aun cuando ha aislados cuidadosamente a los “portadores del virus”.

05. Cuando algo de la sociedad cambia, todo cambia: cuando un elemento naturalizado (la visión y la libertad) desaparece, todo se cae… uno quisiera seguir, pero no puede: esa imposibilidad es aprovechada por fuerzas ancestrales: violentos, sin escrúpulos, los que tienen ventaja competitiva (ciego de nacimiento). Uno puede concluir (Rousseau de nuevo) que la sociedad original no es igual, es desigual: el contrato es el que intenta volverla igual para todos los signatarios del contrato, o porque a partir del contrato de debe construir la igualdad (como ideal). Curiosamente, ninguno de los personajes tiene un nombre para identificarlos. Estos son sujetos lanzados en medio del quiebre en donde brota el desconcierto de esta sociedad

06. El final tiene mucho de esperanzador: el fuego, la libertad, la sociedad destruida y la casa como Arca de Noe en la que se puede encontrar la salvación. Pero es también escéptico: a partir de la experiencia de la ceguera, siempre puede estar el virus latente. Es similar al final de LA PESTE de CAMUS: las ratas se han ido, pero puede regresar.

"Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos.
Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa". (CAMUS. LA PESTE: FINAL) ¿Era solamente la liberación de Francia y de su sociedad de las ratas del nazismo o hay muchas ciudades invadidas?

JOSE SARAMAGO: ENSAYO SOBRE LA CEGUERA (1996)

Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron». José Saramago traza en este libro una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos que estamos viviendo. En un mundo así, ¿cabrá alguna esperanza? El lector conocerá una experiencia imaginativa única. En un punto donde se cruzan literatura y sabiduría, José Saramago nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad.

FRAGMENTOS

(01) “Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador del paso de peatones apareció la silueta del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra de asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. Los conductores, impacientes, con el pie en el pedal del embrague, mantenían los coches en tensión, avanzando, retrocediendo, como caballos nerviosos que vieran la fusta alzada en el aire. Habían terminado ya de pasar los peatones, pero la luz verde que daba paso libre a los automóviles tardó aún unos segundos en alumbrarse. Hay quien sostiene que esta tardanza, aparentemente insignificante, multiplicada por los miles de semáforos existentes en la ciudad y por los cambios sucesivos de los tres colores de cada uno, es una de las causas de los atascos de circulación o embotellamientos, si queremos utilizar la expresión común.
Al fin se encendió la señal verde y los coches arrancaron bruscamente, pero enseguida se advirtió que no todos habían arrancado. El primero de la fila en medio está parado, tendrá un problema mecánico, se le habrá soltado el cable del acelerador, o se le agarrotó la palanca de la caja de velocidades, o una avería en el sistema hidráulico, un bloque de frenos, un fallo en el circuito eléctrico, a no ser que, simplemente se haya quedado sin gasolina, no sería la primera vez que esto ocurre. El nuevo grupo de peatones que se está formando en las aceras ve al conductor inmovilizado braceando tras el parabrisas mientras los de los coches de atrás tocan frenéticos el claxon. Algunos conductores han saltado ya a la calzada, dispuestos a empujar el automóvil averiado hacia donde no moleste. Golpean impacientemente los cristales cerrados. El hombre que está dentro vuelve hacia ellos la cabeza, hacia un lado, hacia el otro, se ve que grita algo, por los movimientos de la boca se nota que repite una palabra, una no, dos, así es realmente, como sabemos cuando alguien, al fin, logre abrir una puerta. Estoy ciego.

Nadie lo diría. A primera vista, los ojos del hombre parecen sanos, el iris se presenta nítido, luminoso, la esclerótica blanca, compacta como porcelana. Los párpados muy abiertos, la piel de la cara crispada, las cejas repentinamente revueltas, todo eso que cualquiera puede comprobar, son trastornos de la angustia. En un movimiento rápido, lo que estaba a la vista desapareció tras los puños cerrados del hombre, como si aún quisiera retener en el interior del cerebro la última imagen recogida, una luz roja, redonda, en un semáforo. Estoy ciego, estoy ciego, repetía con desesperación mientras le ayudaban a salir del coche, y las lágrimas, al brotar, tornaron más brillantes los ojos que él decía que estaban muertos. Eso se pasa, ya verá, eso se pasa enseguida, a veces son nervios, dijo una mujer.”
(02) “De la puerta del ala derecha empezaron a llegar voces anunciando que ya no quedaba sitio, que todas las salas estaban llenas, hubo incluso ciegos que fueron empujados de nuevo hacia el zaguán, exactamente en el momento en que, deshecho el tapón humano que hasta entonces atrancaba la entrada principal, los ciegos que todavía estaban fuera, que eran muchos, empezaban a avanzar acogiéndose al techo bajo el cual, a salvo de las amenazas de los soldados, irían a vivir. El resultado de estos dos desplazamientos, prácticamente simultáneos, fue que se trabó de nuevo la pelea a la entrada del ala izquierda, otra vez golpes, de nuevo gritos, y, como si esto fuese poco, unos cuantos ciegos despistados, que habían encontrado y forzado la puerta del zaguán que daba acceso directo al cercado interior, empezaron a gritar que allí había muertos. Imagínese el pavor. Retrocedieron éstos como pudieron, Ahí hay muertos, hay muertos, repetían, como si los llamados a morir de inmediato fuesen ellos, en un segundo el zaguán volvió a ser un remolino furioso como en los peores momentos, después la masa humana se fue desviando en un impulso súbito y desesperado hacia el ala izquierda, llevándose todo por delante, rota ya la línea de defensa de los contagiados, muchos que ya habían dejado de serlo, otros que, corriendo como locos, intentaban escapar de la negra fatalidad.
Corrían en vano. Uno tras otro se fueron todos quedando ciegos, con los ojos de repente ahogados en la hedionda marea blanca que inundaba los corredores, las salas, el espacio entero. Fuera, en el zaguán, en el cercado, se arrastraban los ciegos desamparados, doloridos por los golpes unos, pisoteados otros, eran sobre todo los ancianos, las mujeres y los niños de siempre, seres en general aún o ya con pocas defensas, milagro que no resultaran de este trance muchos más muertos por enterrar. "


(03) Siguieron andando. Un poco más allá, dijo la mujer del médico, En el camino hay más muertos que de costumbre, Es nuestra resistencia lo que está llegando al fin, se acaba el tiempo, se agota el agua, proliferan las enfermedades, la comida se convierte en veneno, lo dijiste tú antes, recordó el médico, Quién sabe si entre estos muertos no estarán mis padres, dijo la chica de las gafas oscuras, y yo aquí, pasando a su lado, y no los veo, Es una vieja costumbre de la humanidad ésa de pasar al lado de los muertos y no verlos, dijo la mujer del médico.

domingo, marzo 15, 2009

378. ELEGY + EL ANIMAL MORIBUNDO + ¿LA ELEGIDA?


Dirección: Isabel Coixet. País: USA. Año: 2008. Duración: 108 min. Género: Drama. Interpretación: Penélope Cruz (Consuela Castillo), Ben Kingsley (David Kepesh), Dennis Hopper (George O'Hearn), Patricia Clarkson (Carolyn), Peter Sarsgaard (Dr. Kenny Kepesh), Deborah Harry (Amy O'Hearn). Guión: Nicholas Meyer; basado en la novela "El animal moribundo" de Philip Roth. Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi y Andre Lamal. Fotografía: Jean-Claude Larrieu. Montaje: Amy Duddleston. Diseño de producción: Claude Paré.

Al viejo profesor DAVID descubrir a CONSUELA le resultó en un primer momento parte de un juego conocido. Pero en la vida nada es conocido para siempre y siempre suele haber sorpresas, de esas que lo mueven todo, lo transforman todo. CONSUELA representa para este sabio profesor que deslumbra con su inteligencia desde los medios y domina el discurso de las clases proclamando la teoría de la lectura como una reconstrucción permanente del texto…un antes y un después. Porque CONSUELA se deja conquistar, entra en el juego, pero sabe manejar su vida y sus afectos: impone condiciones, pone límites, deja avanzar pero también avanza. Y eso a DAVID que aborrece el matrimonio y que adora su libertad, lo sobresalta, lo inquieta, lo inhibe.

Sus amores ocasionales (mas de 50 díce) o sus amores acostumbrados con sus rituales asumidos desde hace mas de veinte años (la amiga madura que comparte su lecho de vez en cuando, ajeno a su vida y a sus intereses, pero que también reclama exclusividad), no provoca el terremoto que representa CONSUELA.


A George – el escritor amigo que claramente sabe distinguir entre sexo y amor, entre aventura y matrimonio, entre placer y palabras – también lo desorienta esta joven, 35 años menor que DAVID que ha cambiado sus hábitos y lo ha desestabilizado.

El paso de la edad no lo ha afectado, sus cambios en el cuerpo no han afectado su interior: DAVID sigue mirando la vida desde una edad sin tiempo: el amor, el placer, la belleza, la mujer, el sexo… pero algo descubre en él, en esa mirada que lo mira y se reconoce como alguien que no puede tomar en serio la propuesta de estabilidad o el reconocimiento frente a los otros (la fiesta y la familia cubana de CONSUELA).

La inesperada muerte del amigo, los conflictos con su único hijo, médico prestigioso al que recurrirá en un momento clave, las discusiones con respecto al abandono del hogar, los debates en torno a los diversos tipos de infidelidad son algunos de los temas que recorren la película que genera muchos interrogantes, especialmente cuando aparecen algunas frases que obligan a pensar y a repensar lo que nos pasa con el paso del tiempo, el cambio de nuestras miradas, el agotamiento de nuestro cuerpo, la fragilidad de las enfermedades.

Si los libros nunca son los que los autores escribieron sino lo que los lectores crean en sus lectura y son distintos cada vez que los leemos o accedemos a ellos, los cuerpos, las personalidades, las historias de los de los demás y nuestros propios cuerpos nunca son los mismos, porque se construyen en los demás o los construimos con nuestros ojos y nuestra subjetividad: no hay belleza, sino “ojos que ven belleza”, en cada encuentro o con el paso de los años. Las dos mujeres de la película lo revelan con veinte años o con dos años: a la percepción interior se le suma la percepción exterior… La mujer madura se descubre definitivamente vieja y CONSUELA reconoce lo suyo con la enfermedad que lo cambia todo.

David no quiere asumir compromisos: tal vez porque no puede asumirlos ya… y curiosamente cuando se ha desprendido de sus ataduras afectivas (el hijo con el que discute, el amigo con el que debe hablar y dar explicaciones, Consuela a la que ha defraudado) se refugia en su trabajo, en su producción, en sus libros, en sus clases, en su saber. Y es lógico: el compromiso implica poner en marcha la maquinaria incontrolable de lo afectivo… el trabajo mantiene el orden obsesivo e incontaminado de la razón. Tal vez ese final en el que definitivamente en su vida debe hacerse cargo de alguien, represente el salto hacia la madurez que su posición social de profesor descuenta, pero que su vida ha evitado de manera deliberada. Es verdad que el sexo es una forma de venganza contra la muerte, una forma de morir que de burla de la muerte verdad, pero también es verdad que el paso del tiempo es un testigo insobornable de nuestro devenir, de nuestro pasar.

Isabel Coixet se ha permitido el lujo de dar un final feliz a Elegy, modificando el libro que adapta para su peícula, que tiene un final abierto. La historia es pequeña, pero es tan humana que se transforma en una gran historia. Alguien – en un comentario – mencionaba que la película le generaba “síndrome de Sthendal”: son tantos y tan profundos los temas que nos desbordan. ¡Qué bueno que las vidas, los libros, las películas, los saberes nos provoquen – de vez en cuando – “síndrome de Sthendal”!

Un párrafo final para la fotografía (no el video): porque la fotografía, las imágenes ponen coto al paso del tiempo. Inmovilizan: allí están. La mirada del que mira atraviesa el objetivo y aprisiona en el negativo la imagen. Allí quedará – sin modificaciones – para siempre. Esas mismas fotografías nos exhiben sin pudor y sin piedad todo lo que hemos cambiado o lo que vamos cambiando, cuando las yuxtaponemos o nos comparamos. Tal vez la fotografía sea lo opuesto al texto: es como es, siempre es como es, aunque los habitantes de las imágenes hayan dejado de serlo.
“¿Quienes son las nuevas personas? Son las mismas de antes pero con máscara. No hay en ellas nada nuevo, en absoluto. No son más que gente."

“La belleza está en los ojos de quien mira”(como los libros están en la lectura de quienes acceden a ellos)
“Las mujeres hermosas son invisibles… Nadie puede ver a la persona real… Estamos tan deslumbrados por el exterior que nunca conseguimos llegar al interior”.
“Ahora soy muy vulnerable a la belleza femenina… todo el mundo se encuentra indefenso ante algo, y en mi caso es eso. Veo la belleza y ya no puedo ver nada más”.
“Mi cuerpo se vuelve viejo…. Pero yo por dentro sigo siendo el mismo…¿Cómo es posible que en mi cabeza nada haya cambiado?”
“No me siento joven por jugar con veinteañeros. Notas la diferencia cada segundo del partido”.
“Me estoy haciendo vieja. La forma en que me miran los hombres cambia cada día”
“¿Sabes lo más gracioso? Ahora me siento mayor que tú”.



La película proviene de la novela original PHILIPS ROH: EL ANIMAL MORIBUNDO. En el original, David Kepesh es un profesor sesentón de una universidad americana, con cierta notoriedad por presentar un programa cultural en la televisión. Y vive una serie de aventuras con sus alumnas, una vez que han dejado de serlas al final del curso, acusaciones de acoso y censuras institucionales. Aventuras que renueva cada curso académico. David es alguien que bendice la lucha por la libertad sexual de la mujer, la pildora y la desinhibición. Alguien que no cree en el amor pero se maravilla por el sexo. Alguien odiado por su familia, pero probablemente envidiado en secreto.
Roth propone una lectura filosófica sobre todo ello, presentando la narración en primera persona por el propio Kepesh. Y no nos deja indiferentes, podemos odiar o admirar el comportamiento de su personaje, pero no pasa desapercibido en una sociedad que glorifica el sexo como finalidad de la vida humana.
Pero notamos algo en Kepesh, intuimos, entrevemos que en realidad no es plenamente feliz con esa vida, que ha escogido libremente. Y entonces aparece una relación perturbadora con una de sus estudiantes que hace que David se plantee sus principios de libertad y sensualidad. Relación que esta vez pasa de la libertad a obsesión, quizá la última que pueda mantener, pero que desgraciadamente también acaba. Para desgracia de Kepesh. Consuela, la voluptuosa cubana protagonista de esta última aventura, al final del libro reaparece con un latigazo de realidad. Y es cuando Kepesh se desmorona.


Una novela corta (176 páginas), pero de la que se pueden hacer muchas lecturas. Una exaltación de la sexualidad como parte de la naturaleza humana. Un reflejo del alma humana. Un estudio de la soledad a la que se enfrenta el hombre moderno. Una reflexión sobre inmanejable proceso del envejecimiento. David Kepesh ha sido protagonista de tres novelas de Roth, pero llevaba sin aparecer en sus libros desde 1977.

miércoles, marzo 11, 2009

377. CONSTRUCCION DEL SUJETO COMUN

El mundo es como aparece
ante mis cinco sentidos,
y ante los tuyos que son
las orillas de los míos.
El mundo de los demás
no es el nuestro: no es el mismo.
Lecho del agua que soy,tú,
los dos, somos el río
donde cuanto más profundo
se ve más despacio y límpido.
Imágenes de la vida:
cada vez las recibimos,
nos reciben entregados
más unidamente a un ritmo.
Pero las cosas se forman
con nuestros propios delirios.
El aire tiene el tamaño
del corazón que respiro
y el sol es como la luz
con que yo le desafío.
Ciegos para los demás,oscuros,
siempre remisos,
miramos siempre hacia adentro,
vemos desde lo más íntimo.
Trabajo y amor me cuesta
conmigo así, ver contigo:
aparecer, como el agua
con la arena, siempre unidos.
Nadie me verá del todo
ni es nadie como lo miro.
Somos algo más que vemos,
algo menos que inquirimos.
Algún suceso de todos
pasa desapercibido.
Nadie nos ha visto. A nadie
ciegos de ver, hemos visto.

MIGUEL HERNANDEZ

sábado, febrero 28, 2009

376. LA EDAD DE LA IGNORANCIA O DE LA INOCENCIA


Dirección y guión: Denys Arcand. Canadá. 2007. 104 min. Interpretación: Marc Labrèche (Jean-Marc Leblanc), Diane Kruger (Véronica Star), Emma de Caunes (Karine Tendance), Rufus Wainwright (el príncipe cantante), Sylvie Léonard (Sylvie Cormier-Leblanc), Caroline Néron (Carole Bigras-Bourque), Didier Lucien (William Chérubin), Macha Grenon (Béatrice), Rosalie Julien (Laurence Métivier).

Esta película constituye el cierre de la trilogía del director que no teme depositar su mirada descarnada e impiadosa sobre el mundo, la época, la sociedad en la que vivimos: La caída del imperio americano, Las invasiones bárbaras y la Edad de la Ignorancia. El mismo autor aclara que – habiendo estudiado historia – fue utilizando títulos progresivos acompañando los diversos momentos de la historiografía (Roma, los Bárbaros, la Edad Media).
Jean Marc Leblanc no tiene nada y todo lo que tiene lo puede tener solamente en sus sueños: no tiene casa (hipotecada), no tiene mujer (alejado de ella que está absorbida por sus compromisos laborales y la relación con su jefe), no tiene hijas (conectadas a sus cosas y a sus entretenimientos electrónicos), no tiene trabajo (rodeado de vigilancias y agresiones), no tiene vida saludable (viajes eternos para llegar al trabajo), ni siquiera tiene en Québec una sociedad agradable, ordenada, protectora… y en esa nada, lo único que le queda es refugiarse en el mundo de los sueños en donde puede ser él, tratado y reconocido como tal, amado como quiere ser amado y por el tipo de mujer o de mujeres que desea. O caminar por la historia buscando los momentos en los que pueda desempeñar roles protagónicos, frente a sus agresores que sufren frente a su poder. Pero esos sueños son fugaces, engañosos, torpes… que deben negociar cruelmente con la congestionamiento del tránsito, el insulto de extraños, el aburrido y desgastante trabajo en una oficina gubernamental de servicio social (atendiendo todos los males que le presentan sus interlocutores), el acoso de sus jefes, la molesta presencia de su esposa.

Los sueños no sólo no resuelven el malestar sino que lo agravan: su madre esta internada esperando una muerte que sobreviene justo cuando él ha decidido cómo cambiar de realidad… y hasta con ella aparecen los sueños imaginando un futuro – sin eufemismo – que a todos nos aguarda…

Cuando finalmente decida, romper con el trabajo, con el lugar, con su familia, con sus hábitos le dará forma otro tipo de vida, que no sabemos si es mejor, pero por lo menos sabe desprenderse de los sueños con su peso de alienación y negociar con la sencillez de un pueblo, una vida primitiva, un trabajo sencillo, junto al mar, en una casa atravesada de luz. ¿Es el final de todas las películas del director?

Hay pasajes antológicos: los sueños con la rubia que lo espera, lo valora y lo protege (lo contrario de su esposa), el relato del docente que recurre a la protección del estado por la violencia que padece por parte de sus alumnos, la relación entre la frecuencia de las relaciones sexuales y el cárcel de próstata, las exageraciones en el tema del control de la discriminación (negro – enano) las palabras del médico que – en la fantasía – le diagnostica cárcel y le anticipa todo lo que le espera de tratamientos y dolor hasta llegar a la muerte, atravesado diversas reapariciones del mal, los problemas del tránsito o las conocidas reuniones y disparatadas capacitaciones de trabajo que pretenden cambiar los hábitos laborales de los empleados públicos…

lunes, febrero 23, 2009

375. MUERTE DE WALTER BENJAMIN + MIRADAS


LA VERSION HISTORICA DE LOS HECHOS

El 25 de septiembre de 1940, tras siete años de exilio, Walter Benjamin cruza los Pirineos en un desesperado intento de huir de los nazis. Se dispone a pasar la frontera clandestinamente junto con un reducido grupo de fugitivos para, tras atravesar el territorio español, embarcar en Lisboa rumbo a los Estados Unidos. Sin embargo, un súbito cambio en la legislación española le impide la entrada a la Península. Benjamin se ve obligado a pernoctar bajo vigilancia en la Fonda de Francia de Portbou, a la espera de ser deportado a tierras galas a la mañana siguiente.
Esa misma noche, el filósofo judeo-alemán inicia una agonía que lo llevará a la muerte veinticuatro horas más tarde.
A pesar de que el parte médico tipifica el deceso como muerte natural, durante muchos años se dio por supuesta la posibilidad de un suicidio inducido. En los años noventa se localizan las actas oficiales en las que se habla de muerte por causas naturales, lo cual arroja más sombra que luz sobre un caso plagado de irregularidades. Actualmente, tanto en el pueblo como fuera de él, hay quienes no tienen reparos en hablar abiertamente de un posible asesinato.
Una vecina que conoció personalmente al regente de la fonda, todavía hoy recuerda el momento en que éste irrumpió angustiado en la casa familiar, para dar noticia de la muerte de aquel inquilino desconocido.
La versión de ésta y otros vecinos del pueblo, testigos directos de la época, junto a nuestras propias pesquisas en archivos históricos y particulares, abre la puerta a nuevas investigaciones que entran en litigio con los presupuestos comúnmente manejados sobre la muerte de Walter Benjamin.
A partir de aquí, el documental sigue el hilo de los distintos testimonios que van creando una fotografía cada vez más diáfana de un acontecimiento, a todas luces, plagado de irregularidades policiales, médicas, eclesiásticas y administrativas.
¿Era el regente de la fonda un colaboracionista franquista, tal como afirman numerosos testimonios? ¿Encubrió el médico la verdadera causa de la muerte? ¿Tenían conocimiento las autoridades españolas acerca de la importancia de este “viajero extranjero” que fue enterrado según rito católico y bajo nombre equivocado? ¿Se trató realmente de un suicidio?



JUAN PABLO FEINMANN (LA ASTUCIA DE LA RAZON. 2007: 33 - 34)

“Theodor Adorno lo instó a emigrar a Estados Unidos y BENJAMIN respondió: Todavía quedan en Europa posiciones que defender, y no emigró y cuando los quiso hacer, ya era tarde, pero mas que tarde para emigrar era tarde para él, porque todo dolor tiene un límite, todo sufrimiento, si en algún instante no se detiene llega inexorablemente al otro: al instante de ya no poder ser tolerado y este instante, para WALTER BENJAMIN, llegó en septiembre de 1940, cuando, quebrado – entre otros variados y muy co0mplejos males – por un problema cardíaco, arribó junto con otros refugiados, a la frontera española, cargando en sus maletas quince compuestos de morfina, que, conjeturaba, lo protegerían en caso extremo, del horror en manos de la GESTAPO, y allí, en la frontera española, descubriría, brutalmente dibujada por la realidad, la simbología del final de su camino, porque el gobierno español había cerrado la frontera, no ayer, ni un mes atrás, ni siquiera una semana atrás, sino ese mismo día el gobierno español, el exacto día en que WALTER BENJAMIN llegó a ella para traspasarla, había cerrado la frontera y, entonces, WALTER BENJAMIN sintió que esa era la última frontera que se le cerraba y agotado por el viaje, pro su incierto y mas aun indeseado futuro en EEUU, por su inexpresable terror a la Gestapo abría de tomar, durante la noche, todas las pastillas que fuera necesario tomar para acceder a la última de sus certezas, la certeza de su propia, garantida, inevitable, cálida y protectora muerte, muerte que para tornar mas desgarrador el final de BENJAMIN no habría, ¡pese a tantas pastillas!, de acaecer durante la noche, ya que BENJAMIN, por un maldito milagro de la naturaleza, ese monstruo (…), BENJAMIN aun vivía durante la mañana siguiente, y entonces lo sometieron a un lavado gástrico y, entonces murió en medio de dolores atroces, de sufrimientos terribles. Apenas acababa de cumplir 48 años.”

RICARDO FORSTER (CRITICA Y SOSPECHA. 2003: 119 - 120)

“Su cuerpo extenuado le exige detenerse una y otra vez, a intervalos cada vez más corto. Las montañas se levantan ante su cansancio como un muro casi imposible de franquear, mientras los últimos restos del verano se van entrelazando con los primeros fríos otoñales. La pequeña caravana se desliza con lentitud por ese paso clandestino que les promete como destino final la posibilidad de la libertad que se intuye mas allá del océano Atlántico. (…) Camina desacompasadamente exigiéndole a su debilitado corazón un último esfuerzo. Muchos antes que él han hecho el camino esfuerzo hacia el exilio francés, después de la derrota de la República. (…) Muchos recorrerán ese mismo sendero, en 1940, tratando de escapar de la barbarie nazi. (…) Antes de partir y sabiendo de los riesgos que corría, WALTER BENJAMIN se ha encargado de enviar a sus amigos, por diversos medios, sus últimos escritos intuyendo que mas allá de su fortuna personal lo verdaderamente importante radica en la persistencia de la palabra escrita, de esas letras que deberán seguir su propio rumbo para dejar testimonio de una época y de su derrumbe. (…) Ese cruce tardío de los Pirineos no significa otra cosa que la pérdida de la esperanza en aquello que había constituido lo esencial de su biografía, la certeza de la catástrofe asediando aquello que más había amado. (…)
El refugiado ha logrado cruzar la frontera pero el azar de su vida vuelve a jugarle una mala pasada. La guardia civil no los dejará pasar porque en sus pasaportes figura su condición de apátridas y desde el gobierno franquista madrileño han llegado instrucciones taxativas de impedir el paso de los parias. Deberán egresar al infierno francés, a los campos de refugiados, a la muerte anunciada. BENJAMIN en la soledad de su pequeño cuarto de hotel, decide en su último acto de libertad, acabar con su vida. Final de partida.”

DOCUMENTAL: ¿QUIEN MATO A WALTER BENJAMIN? (2005) DIR. DAVID MAUAS

PORT BOU, 1940. El 25 de septiembre, luego de siete años de exilio, Walter Benjamin atraviesa los Pirineos en un desesperado intento de escapar de los nazis. Se dispone a pasar la frontera clandestinamente y, atravesando el territorio español, alcanzar Lisboa donde se embarcará rumbo a los Estados Unidos. Un súbito cambio en la legislación española, le impide la entrada a la Península. Benjamín se ve obligado a pernoctar en una fonda de Port Bou, bajo la estrecha vigilancia de tres policías que tienen órdenes de deportarlo a Francia a la mañana siguiente. Esa misma noche, Benjamin inicia una agonía que lo llevará a la muerte veinticuatro horas más tarde. Según sus allegados, se trata de un suicidio. Pero el parte médico tipifica el deceso como muerte natural.
¿Encubrió el médico la verdadera causa de la muerte? ¿Tenían conocimiento las autoridades españoles acerca de la importancia de este “viajero extranjero” que fue enterrado según rito católico y bajo un nombre equivocado? ¿se trató realmente de un suicidio?
¿Quién mató a Walter Benjamín? busca las respuestas a las dudosas circunstancias de la muerte, sesenta años atrás, de un ilustre refugiado, a la vez que establece el retrato de un pueblo de frontera, anclado entre dos frentes, testigo de evasiones, persecuciones y falsas esperanzas.
¿Quién mató a Walter Benjamín?, no supone solo la reconstrucción de una muerte, sino el retrato del escenario del crimen.

sábado, febrero 21, 2009

374. FINAL PARA EL FINAL DE LA HISTORIA

Aun resuena el artículo del FUKUYAMA en plena expansión del neoliberalismo y de un capitalismo sin límites y abierto a todas las posibilidades. Lo reforzó posteriormente con una serie de libros y publicaciones trataron de justificar la afirmación que le quitaba futuro a la historia porque no necesitaba ya progreso alguno (siglo XVIII), ni sujeto que se hiciera cargo de su construcción (Hegel o Marx en el siglo XIX). La historia no necesitaba avanzar, debía detenerse porque había encontrado su “parusía desacralizada” en el nuevo paraíso perfecto de las sociedades capitalistas de avanzadas. Sin oposición dialéctica, sin antítesis a la vista, sin alternativa y con una vida que podía darse todos los gustos, disfrutar de todos los placeres, generar el mejor estado de bienestar, construir los territorios mas privados… no había construcción de futuro (historia), sino repetición de presente.
Es verdad que había un desproporcionado mundo sin ese paraíso… pero bueno, esas diferencias eran con-naturales a esa misma historia, y en ese final, los excluido, los des-poseídos, los pobres, las sociedades margonales o debían sufrir sin aspirar a transformaciones ni a revoluciones imposibles, o debían trabajar con mucha tenacidad para llegar al estadio supremo de la historia. El capitalismo de las sociedades avanzadas provocaba una especie de “teosis profana “ en donde todo retornaba al bien supremo, la suma de todas las posibilidades.
El mismo Mario Benedetti, sospechando alguna jugada mentirosa lo reflejaba en uno de sus conocidos poemas:
Lo dice Fukuyama
la história se acabó / ya no hay remedio
se consumió la llama
y ha empezado el asedio
de la vana esperanza por el tedio
hegel lo anunció antes
y lo predijo marx (cuando valía)
y hubo otros hierofantes
cada uno en su día
que auguraron el fin de la utopía
en tiempos de cordura
oficial / ordenada / prefertnte
no cabrá la aventura
ya que juiciosamente
no alentará quimeras el presente
hemos llegado al techo
de lo posible / ¿no hay otra salida?
la suma de lo hecho
¿colmará la medida
de aquello que esperamos de la vida?
la história ¿habrá acabado?
¿será el fin de su paso vagabundo?
¿quedará aletargado
e inmóvil este mundo?
o será que empezó el tomo segundo?

Primero fue el 11 de setiembre del 2001: parecía que el final de la historia no le otorgaba seguridades a sus habitantes. Y en el corazón del paraíso, muy cerca de las oficina de todos los negocios y de los goces, apareció el infierno y la muerte. Pero era un ataque desde afuera, eran los otros, los demonios descontrolados que no lograban entender los avances inclaudicables de la historia.
Pero, de pronto, sobre finales del 2008, la historia irrumpe nuevamente, aparecen los males del paraíso perdido, alguien se encarga de recordar los pecados, de anunciar las condenas, de provocar la expulsión: caída de los mercados, crisis de los consumos, final de los trabajos seguros, derrumbe de los bancos, la muerte del dios del libre mercado… Y los que parecían ser los salvadores de la humanidad definitiva han sido sus destructores, los héroes del final de la historia se convirtieron en sus mas denostados traidores.
Un buen día y a partir de 2008, despertamos sabiendo que no había teosis ni parusía, que había humanidad en marcha, historia en construcción, que no había final, que sólo se trataba del espejismo de un alucinado que supuso que el brillo de la ruta se había convertido en el mar en el que podían navegar los predestinados dueños de la historia.

miércoles, febrero 18, 2009

373. TODO COMIENZA HOY + ¿TODO DEPENDE DE MI?




Para quienes estamos en educación TODO COMIENZA HOY (Francia, 1999) es una película que trae demasiadas resonancias. Esta dirigida por Bertrand Tavernier, con la participación de Philippe Torreton, Maria Pitarresi, Nadia Kaci, Françoise Bette, Christine Citti, Emmanuelle Bercot.

Tiene resonancias porque refleja muchas de nuestras realidades: desde los ámbitos de trabajo, la presencia y la problemática de los docentes… hasta esa presencia plurifuncional y omnipotente (¿?) del director que está en todos los lugares tratando de resolver al mismo tiempo todos los problemas y sabiendo que no termina por neutralizar ninguno de ellos.

Llama la atención que sea una película francesa sobre una realidad educativa francesa que exhibe sin vergüenza lo que también pasa en lugares en donde – se supone – la educación tiene resuetos muchos de sus problemas porque hay (¿hay?) un presupuesto que atiende y priroiza la educación. Parece que no es totalmente cierto o que por lo menos – en algunos lugares – no es así. Y la película testimonia la presencia de uno de esos lugares… que seguramente es representativo de algunos (o muchos) otros.

Para quienes vivimos en la escasez (y no en la abundancia) las situaciones nos son demasiado familiares: los entornos, los tipos de padres, los problemas de los alumnos, las cuestiones presupuestarias, la presencia administrativa y burocrática del inspector, la ausencia del estado (o su presencia funcional pero ineficiente) y ese papel se salvador heroico que deben desempeñar las los directores para que las instituciones sigan en pie.

Hasta el episodio del robo, con la destrucción innecesaria de las instalaciones nos hace recordar nuestros noticieros y los frecuenetes ataques a las escuelas que con son profanadas no sólo porque se les sustrae todo lo que puede servir ( o no), sino que se trata de destruir lo que es propio de la escuela, lo que no le sirve al ladrón… pero que forma parte de goce del robo y de la destrucción. Se ve que en Europa (por lo menos en Francia) también se consigue.

"Toda la vida habrá pasado sin que hayamos hecho nada". Así comienza la película, con esta sentencia expresada, a modo de un monólogo interior, por Daniel Lefebvre, protagonista principal de esta historia.

Como un anticipo de la temática central de la obra, Daniel, conduce su auto una mañana fría de invierno y, por más que lo intenta, no consigue cerrar la ventanilla completamente. Queda una rendija por donde se cuela el aire frío. Él se levanta el cuello del abrigo intentando parar el viento helado. Este suceso, mínimo, sobrevolará toda la película y marca la imposibilidad de los personajes para reparar la realidad adversa que continuamente se va presentando.

Todo comienza hoy está ambientada en Francia, en el año 1998, y se desarrolla, fundamentalmente, en un jardín de infantes. Daniel Lefebvre, escritor por vocación, es el director del establecimiento y la trama de la película avanza a través de innumerables conflictos sociales que, de alguna manera, se hacen explícitos (y explotan) en la institución: falta de material, escasez de personal, superpoblación escolar, desconfianza en los gremialistas docentes, impericia e indolencia de los inspectores, etc. También, a través del acercamiento de los padres al Jardín, se hacen evidentes conflictos como los que siguen: Desocupación (era un pueblo minero y la mina cerró). Hambre (provocado por la caída del empleo). Indolencia del gobierno local (retiros de tickets para comida, por ejemplo) y del estado nacional (priorizan las políticas económicas sobre las educativas y las de salud. Modelo neoliberal). Exceso de bebida y Violencia familiar (un chico con su cuerpo marcado por los golpes). Desesperanza (un matrimonio joven duerme hasta tarde porque, por más que lo intentan no consiguen trabajo). Salidas extremas frente a situaciones sin solución, etc.
En medio de todo este mundo social está la escuela y su actividad con los chicos del Jardín, atendiendo a los niños y a sus padres, tironeada por las obligaciones de su función (inspector) y las demandas importergables de la sociedad (asistentes sociales) frente a un Estado que promete mucho y hace poco, porque debe repartir como puede los limitados fondos municipales. El eje de esa escuela es su Director, Daniel, en medio de un número importante de maestras.

Daniel, por su forma de ser, se involucra en cada una de las problemáticas que se van presentando. Esto hace que, prácticamente, esté todo el tiempo pensando y resolviendo cuestiones de su trabajo, a lo que hay que agregar los conflictos que tiene con su propia familia (tiene un hijastro) y de su familia paterna (ya que su padre – a quien debe ayudar – lo ha maltratado cuando era niño). La película parece desnudar en un floreciente país desarrollado y europeo los mismos males que padecemos en estas latitudes… donde la escuela (en este caso el Jardín) funciona de última y única frontera.

La situación económica no parece propia de inmigrantes que no logran resolver el ingreso en la sociedad francesa: son franceses que carecen de las necesidades básicas: luz, gas, alimentos, subsidio del estado… El Director es una especie de mediador social que – para salvar a los hijo – interce por los padres. Pese a todo, su preocupación pedagógica no decae, cuando anima una clase, canta con los niños, organiza la fiesta o reclama a los padres la asistencia y la puntualidad de sus hijos.

No sólo hay un tema que resuena muy conocido en nuestros oídos: el número de alumnos por aulas. El Director reclama que se cumplan con las ideas pedagógicas proclamadas y que no sumen alumnos que imposibilita el trabajo educativo serio.

Algunas de sus salidas (literalmente) de la escuela son tana arriesgadas e insólitas que puede parecer propias de héroes y poco creíbles: expulsar a una funcionaria social del gobierno (cerrando la puerta violentamente cuando sabe que no trae respuestas sino mas trámites), irrumpir en el despacho del intendente, interrumpir una reunión de vecinos… la figura del Director de un Jardín parece adquirir una dimensión poco usual.


Hay una voz del director de la escuela que recorre la película y que parece dejar una rendija para que entre la esperanza (tal vez la misma de la ventanilla del auto de Daniel Lefebvre). La mujer de Daniel le regala una lapicera para que siga escribiendo: para que siga intentando reparar la realidad, también, a través de su pluma. Pero antes, casi al comienzo de la película, la maestra más antigua dejó una frase: "Dar afecto, parece ser lo único".
.
Tal vez el lado débil de la película sea ese liderazgo salvador y heroico que neutraliza otros compormisos: son sus docentes los que deben sumarse con él en la lucha, los que deben hacerse cargo de algunas de las cuestiones… y son los padres desprotegidos y pobres los que puede encontrar en el Director un referente para su propia organización, para demandar lo que necesitan, para mejorar su estado. Este Daniel – redentor se pone a hacer cosas, “comienza ya” y eso no está mal.. pero – tal vez – no comenzar enseguida, sino pensar en cierta gestión compartida y mecanismos de asociación para reflexionar juntos diversas alternativas, sea una salida política, social y educativamente más acorde a los tiempos que vivimos.

lunes, febrero 16, 2009

372. TIBURONES Y PECES + CONOCIDO Y NECESARIO


—Si los tiburones fuesen hombres, ¿serían entonces simpáticos con los pececillos?
—Seguro —dijo él—; si los tiburones fuesen hombres, mandarían construir enormes cajas en el mar depositando en su interior toda clase de alimentos, plantas, así como también materias orgánicas, además siempre se preocuparían de que las cajas tuvieran agua fresca, y, en resumidas cuentas, que dispusieran de toda clase de medidas sanitarias; si, por ejemplo, un pececillo se hiriese en la aleta, se la vendarían inmediatamente pues con eso impedirían que se les murieran antes de tiempo. También darían grandes fiestas acuáticas para divertir a los pececillos, ya que éstos saben mejor si no están tristes.
Naturalmente, habría escuelas dentro de las grandes cajas. En esas escuelas los pececillos aprenderían a nadar en las fauces de los tiburones, necesitando también conocimientos de geografía para poder encontrar esos lugares en donde los escualos holgazanean.
Por supuesto que tampoco habría que olvidar el perfeccionamiento moral de los pececillos; instruyéndoseles acerca de que lo más elevado y hermoso para un pececillo consiste en que éste debe sacrificarse por los tiburones si ellos se lo dicen y que también debe creerles si les explican que se preocupan con objeto de que tengan un bonito futuro, por ello se enseñaría a los pececillos que ese porvenir sólo lo tendrían si aprenden a ser dóciles y obedientes. Ante todo deberían guardarse del materialismo, el egoísmo y el marxismo. Si alguno de los pececillos revelase semejantes tendencias a sus compañeros éstos tendrían el deber de delatarles inmediatamente a los tiburones.
Si los tiburones fuesen hombres, se harían la guerra los unos a los otros, naturalmente, para conquistar más cajas, y a pececillos extranjeros, obligando a sus propios pececillos a combatir en tales guerras.
Los tiburones enseñarían a los pececillos que, entre ellos y los pececillos de los otros tiburones, existen gigantescas diferencias. También les advertirían que, aunque todos los pececillos sean mudos, lo que sucede es que callan en idiomas diferentes, y por lo tanto es imposible que lleguen a entenderse.
A cada pececillo que en una guerra matase a un par de pececillos enemigos, de los que callan en otras lenguas, se les regalaría una pequeña condecoración marina, dándosele el título de héroe.
Si los tiburones fuesen hombres, tendrían, por supuesto, sus habilidades. Habría hermosos retratos sobre los dientes de los tiburones, pintados en magníficos colores, presentando sus fauces como límpidos jardines de ocio y recreo en donde todos se reunirían sin faltar ninguno.
Los teatros del fondo del mar mostrarían a los heroicos pececillos nadando entusiasmados por entre las fauces de los tiburones, siendo el sonido de la música tan hermoso que mecidos como en un ensueño por las sensaciones más deliciosas, los pececillos serían arrastrados por las corrientes acuáticas siguiendo a la banda de músicos, para precipitarse en el interior de las fauces de los tiburones.
También habría una religión si los tiburones fuesen hombres. En ella se enseñaría a los pececillos que la verdadera vida comienza en el vientre de los tiburones.
Por lo demás, si los tiburones fuesen hombres, los pececillos no serían todos iguales como ahora son; algunos obtendrían empleos que les permitirían legalmente ser superiores a los demás, y hasta poseerían el derecho, los más grandes, de comerse a los pececillos más pequeños.
Los tiburones encontrarían esto muy agradable ya que les daría ocasión de ingerir grandes porciones de comida.
Y los pececillos más gordos estarían ocupando los mejores puestos; serían los encargados de mantener el orden entre los demás pececillos, siendo los maestros u oficiales, ingenieros de cajas, etc.
En resumidas cuentas: si los tiburones fuesen hombres, habría una cultura en el mar.


BERTOLT BRECHT

viernes, febrero 06, 2009

371. SUPO LA HISTORIA DE UN GOLPE


Y es verdad: lo terrible, horrible, lo malo, lo que nos hiere lo aprendemos en seguida. Tal vez sea porque nos llena de dolor, de angustia, de impotencia. Una muerte, muchas muertes, una injusticia, un fracaso, una traición, la ausencia del padre o de la madre, una separación, una enfermedad (propia o ajena), la guerra, el hambre, la injusticia y la exclusión. No hay forma de esquivarlo, de no darse cuenta, de no sufrirlo. Por eso lo horrible siempre se aprende de manera inmediata. Y la letra que SILVIO RODRIGUEZ en 1969 pensó para su poesía – canción “el elegido” es una buena síntesis de estas verdades. La canción estaba y está dedicada al CHE y fue escrita en años muy próximos a su muerte. La estrofa que acompaña la frase es interesante: “Supo la historia de un golpe,/ sintió en su cabeza cristales molidos/ y comprendió que la guerra/era la paz del futuro:/lo más terrible se aprende enseguida /y lo hermoso nos cuesta la vida. /La última vez lo vi irse/ entre humo y metralla,/ contento y desnudo:/ iba matando canallas/ con su cañón de futuro.”

Uno piensa en el día en que le comunican ya no tiene madre, o cuando descubre que su padre ha partido, o descubre que no es natural, necesariamente pobre, sino que es pobre mientras otros tienen demasiado, o descubre el secreto de una vieja traición, o sabe que su enfermedad lo lleva irremediablemente al final: terrible, irremediable, trágico…

En cambio – y esto ya lo anunciaba Leibniz en el siglo XVIII – lo bueno, lo hermoso, lo maravilloso cuesta reconocerlo. Como que se nos escapa, como que no sabemos o no podemos descubrirlo, como que alguien tiene que venir a decírnoslo, a revelarlo. A veces la felicidad es un estado que no sabemos reconocer y que sólo se deja apresar cuando ya se ha desvanecido.
Por eso nos cuesta la vida, porque estamos mas inclinados a ver lo que no funciona, lo que nos hace mal… y menos predispuesto a agradecer lo que disfrutamos, lo que ya tenemos, lo que sabemos nuestro. Sucede con las enfermedades: una muela, un dolor de oído, una molestia en una pierna o en el estómago. Solo el dolor nos hace reparar en lo que significa estar bien, que todo funcione, que todo esté equilibrado y en orden.
En el plano espiritual son esos estados de bienestar que sólo lamentamos cuando nos sentimos tristes, ansiosos, nerviosos, descontrolados…
Y en los social, no valoramos el bienestar de los afectos o de los amigos o de los compañeros de trabajo… y sólo descubrimos el valor cuando aparece un conflicto, un problema, una situación incómoda.
Aunque suene a utopía deberíamos luchar por hacer realidad la misma frase pero al revés: “Lo hermoso, lo bueno aprendemos enseguida, y lo terrible nos lleva la vida”. Sería el mundo, la vida que todos deseamos.


Enviado y compartido por un amigo.

martes, febrero 03, 2009

370. EL TIEMPO PASA, ¿NOS PONEMOS VIEJOS?

¿Me vas a querer cuando me vuelva vieja? Si te quiero nunca te veré vieja. Pero si dejo de quererte me daré cuenta cómo se han amontonado los años en tu cara, en tus ojos y en cada parte de tu cuerpo. Es el amor, son los afectos, los que relativizan las visiones del cuerpo y de los años. Los que queremos no tienen edad, excepto que – de forma repentina – una operación o una enfermedad nos lo devuelvan transformados en otros. Si no, sus cuerpos, sus rostros son siempre lo mismo. Por eso, tal vez, los padres no cambian para los hijos, que se vuelven incapaces de objetivarlos y que siempre lo miran desde su subjetividad.
Especialmente en el amor, amamos el cuerpo que nosotros construimos, amamos el cuerpo que emerge de su interior, de su intimidad; es al otro que hay allí – dentro – el que nos sale al encuentro, y entonces, los cuerpos hablan sus lenguajes sin usura (como dice Benedetti). Le digo a alguien “estás linda” y me responde es que estoy bien, bien con vos… y eso me transforma en linda. Si estuviera mal por dentro o mal con vos, me transformaría en objeto y me volvería fea.
El para ti y el para mi de la relación es determinante, porque el amor eterniza los cuerpo, los vuelve intemporables y amos siempre lo que queremos amar del otro, porque en el diálogo en todas las dimensiones, el cuerpo se asocia a todas las demás que no sufren los avatares y contratiempos de la edad.
Tal vez, ese sea el secreto de las relaciones virtuales: rescatar del otro algo que no se expone al cambio, construirlo y saberse construido: pura subjetividad, plena contrucción. Y el otro es lo que yo quiero que sea el otro… y yo dejo de ser para volverme lo quiero que sean…pero eso, ¿no es la esencia misma del amor?
¿Me seguirás queriendo cuando me vuelva vieja y fea? Nunca te veré ni vieja, ni fea. Mi mirada tiene un filtro que procesa las imágenes y las convierte en lo que deseo. Pero siempre que te siga amando, que nos sigamos amando.

viernes, enero 23, 2009

369. LOS VIAJES + COSECHAS Y FRUSTRACIONES

368. LA IMAGEN DEL DOLOR

Allí estaba, en un rincón de la sala de terapia intensiva. Enferma entre los enfermos, anònimos, desconocidos. Sólo el dolor los unía. Allí estaba, aislada. sola. Nos acercamos a buscar una respuesta después de la operación que le extirpaba un órgano. 20 de enero. 20,30. La había traído a las 11. La había despedido rumbo a quirófano a las 14.00, Habíamos recibido el informe del médico a las 17,30. Allí estaba, con la boca seca, la mirada perdida, recuperándose de la anestesia y tratando de procesar ese dolor que le llegaba desde todo el cuerpo.
No era mi madre. No era la que siempre había visto. Era otra, sola, lejana, extraña, sumergida en la queja. Y la pena fue mayor cuando partimos: uno - en esos lugares - deja a los enfermos solos con su dolor. Uno vuelve a la vida: a las calles, a los autos, al insoportable calor del verano, a la preparación del verano, al sueño... pero en algún lugar y en soledad, alguien procesa su dolor.
Humano, demasiado humano. Y la seguridad de saber que ese es el rostro que nos espera, la soledad que nos aguarda, el destino de lo posible.

El juego del destino me había anticipado durante el 2008 el trabajo con enfermeros que cursaban su licenciatura. Hablamos todo el tiempo de situaciones teórica y, de pronto, sin planificarlo era yo el que iba como familiar de paciente a la práctica: a los sueros, a los oficce, a las enfermeras, a las visitas de los médicos, a los horarios, a los lugares habilitados y prohibidos, al lugar en el que el dolor se naturaliza. Allí estaba... y me preguntaba viendo desfilar - cargado de esperas y de paciencia - a tantos agentes de la salud... ¿cuando descansaba ese edificio, esas salas, esas galerías? No hay franco, vacaciones, pausas para la enfermedad, el dolor, la muerte.

367, CUERPOS VISIBLES, CUERPOS INVISIBLES

¿Dónde esta el cuerpo que me pertenece? ¿Donde ha ido a parar en medio de las imposibilidades de estos últimos meses? ¿En qué lugar guardo las imágenes, recorto el pensamiento, recreo los encuentros? El tiempo, los días, se van llevando las sensaciones, las memorias. Sé que renacerán en cualquier encuentro del futuro... pero en estos días de ausencia, de lejanía, de marcada perplejidad (aun no resuelta), aun en carne viva, no está. No está en el lugar deseado, en el momento preciso, en el sitio simbólico y real.
Y a mi, que me preciaba de jugar con el desinterés y la indiferencia, me pesa que en algún lugar, en otro contexto y en otras companias, haya alguien que juegue con sus figuras geométricas, arme sus triángulos, desnude su fragilidad, intente acercarse desde la insalvable lejanía de estos días de enero.
Apenas una voz o una mirada, es poco, demasiado poco.
Los cuerpos no permanecen para siempre. Los cuerpos se borran como las geografías, los territorios, las calles... y uno debe reaprender a conocerlos, a apropiárselos, a familliarizarse con ellos.
Desde un lugar que me era familiar y se me ha vuelto extraño... y que me depositado toda una semana en las mismas calles, entre los nombres y las referencias que había borrado, hay imàgenes difusas que no logro rescatar cuando mas las necesito. Los rostros se han cargado de años, las antiguas casas han sucumbido a la metamorfosis de la ciudad, los nombres han mutado: y yo soy un fantasma en esta ciudad que se me vuelto ajena.

jueves, enero 15, 2009

366. QUE AMIGO DE SUS AMIGOS


Siempre me gustaron una par de versos de las coplas de pie quebrado que Jorge Manrique escribe para memorar la muerte de su padre don Rodrigo Manrique. En realidad me gusta todas las coplas porque están repletas de sentimiento filian y son un repertorio del saber y de la cosmovisión de ese período histórico en donde la Edad Media tiende a convertirse en Renacimiento. Pero Manrique dice: "qué amigo de sus amigo / que enemigo de enemigos"... Y la primera afirmación (Que amigo de sus amigos) es la que mas cuadra para Ray con quien he compartido toda la vida desde el 11 de setiembre de 1961, en el que el azar nos reunió en una geografía perdida y en un lugar que es difícil de clasificar, pero que forma parte de sus recuerdos y de los míos. Llegamos con diez días de diferencia: yo había llegado, temeroso y desconcertado, el 1 de setiembre; Ray llegó el 11: siempre suelo mencionar el primer encuentro - que yo recuerdo y el no - porque lo ubico en un patio irregular con adoquines o granitullo, junto a los dormitorios, cerca de una espaciosa galería, y le mencioné algo de lo que era necesario aprender de manera inmediata (creo que una oración en latín) porque era una exigencia del sistema: en diez día yo ya me había incorporado y como un experto se lo enseñaba al novato.

La vida nos tuvo unidos por muchos años, con una cercanía relativa. Pero fue después, cuando cada uno inició periplos diferentes cuando nos unimos más, y construimos la amistad que disfrutamos y defendemos.

Recuerdo algunas noches, mientras estudiábamos filosofía (un plural que lo incluía poco, porque a él le gustaba la educación física), la insoportable levendad del ser de Manucho con sus miedos simbólicos, las travesuras en Viedma, nuestros encuentros en Paraná (en mi casa paterna), nuestras escapadas en Santa Fe, su casamiento y el mío, el nacimientos de los hijos, los silencios impuestos por motivos varios... y ese reencontrarnos con los años para compartir todo lo que necesitamos compartir.

Sé, además, que ejerce esa amistad hasta la abnegación con sus hermanos, con otros amigos de Santa Fe, con quienes lo necesitan, ajeno a cualquier interés y con una entrega que por momento raya la ingenuidad.

Mis hijos me decían, al vernos compartir unos días de este 2009 (y celebrar junto el final del año): nosotros no tenemos un amigo como el que tenés vos. Y hubo alguien, cercano, que compartió un café en los albores del año nuevo, que le puso la complicidad necesaria y que, después de despedirse, camino unos pasos y se dio vuelta para ver como pasaba su brazo sobre mi hombro para compartir los miles de secretos de una vida demasiado plural y generosa.

Lo imagino - como en las Invasiones Bárbaras - compartiendo el final, disfrutanto y riendo hasta el final, tentándonos con los dobles sentidos, con las referencias a cosas que sólo nosotros sabemos, haciendo galas de recuerdos que moran en nosotros. Una de estas noches en que los sueños juegan con nuestro futuro me imaginé en una situación límite, rodeado de los familiares cercanos y pidiendo - como en la Escafandra y la Mariposa - que me permitieran el ingreso de los que habían compartido conmigo el cafe de ese 2 de enero. Y sentí que el sueño se llenaba de plenitud, de paz.

Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados y parientes!¡
Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,qué león!

365. CONSTRUCCION DEL SUJETO AMOROSO (2)


Ya hemos hablado de la construcción del sujeto amoroso en un post anterior (el nº 350. 12/12/2008), pero a partir de los comentarios y de las conversaciones con terceros han aparecido nuevas ideas y nuevos interrogantes.

01.Búsqueda del otro requiere salirse de uno mismo, abandonar el propio encierro, negarse dialécticamente, porque si no se produce esa salida (negación) si uno pretende buscar, pero sin salir de uno mismo, no encuentra, no reconocer o no lograr construir la síntesis con el otro. Si uno es sólo afirmación y no asimila la negación de la afirmación, no puede construir el sujeto amoroso que es siempre capacidad de construir una síntesis dialéctica superadora. Por eso muchos no logran acceder a la construcción porque en lugar de buscar, se buscan, en lugar de reconocer, se miran - como en un espejo - a sí mismos... y efectivamente no reconocen a nadie que sea ontológicamente igual que ellos, porque eso es metafísicamente imposible. No encuentran porque en realidad nunca salen a buscar (porque no quiere o no pueden).
02. Hay sujetos que se definen como una búsqueda permanente sin encontrar nunca la alternativa necesaria para la construcción del sujeto amoroso, porque lo que se encuentra es un otro que nunca quiere salir de si mismo: es decir que aunque alguien salga de sí mismo, si finalmente el otro al que buscamos no responde con el mismo movimiento, la construcción se frustra. Yo quiero pero ella no quiere.
03. Los procesos de construcción no tienen seguro de eternidad, aunque admita promesa de eternidad. Concluyen, finalizan, prescriben. El final de un proceso de construcción se produce cuando se de-articula el sujeto amoroso, lo que queda entre los dos es un objeto (no un sujeto) amoroso: uno y otro conservan el recuerdo de lo que fue, pero que ya no es.
El Sujeto amoroso que no se sostiene con la construcción permanente se desploma, deja de ser. Si alguno de los dos, se baja del proyecto, deja de ser.
04. Hay una infinita cantidad de juegos de Imposibilidades, frustraciones y fracasos: especialmente el juego de la histeria, que juega a salir, pero no sale, que sale a buscar pero no busca, que juega a ser elegido pero rechaza, de intenta pero no quiero, que se hace desear pero frustra el deseo. El sujeto amoroso - en estos casos - es una entelequia que mora en los mundos ideales de ambos, pero que nunca bajará para encarnarse al mundo sensible.
05. Todo de alguna manera permanece en nuestra subjetividad. Somo la historia de la subjetivación de los sujetos amorosos: los recuerdos nos atraviesan como experiencia y como memoria y no desaparecen nunca del todo.
06. Sujetos amorosos que juzgamos definitivamente muertos y resucitan, cobran vida, desplazan con su renovada presencia, los sujetos amorosos del presente. El peso del ayer es tan relevante que puede anular la fuerza del presente.
07. Frente a la necesidad de construir el sujeto amoroso puede producirse el fracaso, porque nunca llega la respuesta favorable de parte de quien debe responder, porque - por las sinrazones del amor - hay una postergación cíclica o un desplazamiento hacia otro. Es lo que exhibe Sor Juana de la Cruz en su poesía:


Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.

08. El juego de las culpas: cuando se produce una lucha interior, de conciencia(culpas) o de circunstancias: quiero pero no quiero o no puedo o no debo. Y la decisión se transforma en una postergación ilimitada.
09. El sujeto amoroso no se puede construir en un encuentro (express o casual) sino en una serie de encuentros.Porque no es un rapto de enamoramiento y de atracción, sino que obedece a la lógica de una construcción común.
10. El amor se vuelve tal cuando se vuelve perseverante, constante, sabe esperar, conjuga los verbos en una primera persona plural que siempre incluye al otro, que nunca lo olvida, lo silencia o lo torna invisible. El amor hace siempre visible al otro porque sino el sujeto se desarma: cuando uno no quiere, dos no pueden.


Gracias a Ray, con el que conversamos estos temas en las cálidas tardes de enero del 2009- Ambos sabíamos como llenar de significando los vacíos significantes de la reflexión.

364. LA ESPADA DE DAMOCLES


DIONISIO DE SIRACUSA reinó en el siglo IV a.C.. Como se había vuelto terriblemente desconfiado, transformó su dormitorio en una auténtica fortaleza. Su cama estaba rodeada de un foso. El foso era tan ancho y profundo que no era posible atravesarlo sin un puente levadizo. Antes de acostarse, cada noche, él mismo levantaba el puente. Así dormía tranquilo. (...)

Dionisio tenía un cortesano que lo adulaba y le repetía incesantemente: ¡qué felicidad ser rey! Dionisio decidió hacerlo rey por un día. El cortesano no cabía en sí de gozo. La jornada acabó con un banquete que presidía el cortesano convertido en rey y ceñido con la diadema real. En la mitad de la comida, Dionisio le pidió que mirase encima de él. Y así lo hizo y, encima de su cabeza, había una pesada y amenazante espada desnuda. Estaba colgada del techo sostenida solamente por una fina crin de caballo. El cortesano abandonó el trono en el acto. El cortesano en cuestión se llamaba DAMOCLES.

DIONISIO es también el tirano a quien PLATON - por invitación de un familiar del rey - visitó con la intención de sugerirle la puesta en marcha de las IDEAS POLITICAS que había definido en sus obras. No fue escuchado, como tampoco fue atendido por su hijo, quien - perdido el respaldo de quien lo había llevado a SIRACUSA - lo encarceló.



GUEDJ DENIS (2001), EL TEOREMA DEL LORO. NOVELA PARA APRENDER MATEMATICAS. Anagrama.