domingo, septiembre 21, 2008

338. PASADO


Es invierno y el frío se intenso porque el viento de sur parece meterse entre la ropa y hacerse sentir mas. Bajo del colectivo que me trae de una ciudad cercana. Vengo de trabajar con sectores desprotegidos y debo recorrer las 5 ó 6 cuadras que me llevan desde la avenida hasta el lugar en donde me alojo.

Camino por la calle de un barrio residencial en el que los Funcionarios provinciales tienen sus cómodas casas: las luces que se asoman por las ventanas entreabiertas, los sonidos, la música, el bullicio me trae el eco de otro mundo.

"Es un mundo burgués", me digo... "y quisiera no tener que desear ese mundo, ni vivir pendiente de esas cosas"... y cierro los oídos y los ojos mientras el frío de la noche del sur me castiga mas que nunca.

La semana siguiente seguirá la misma sensación de imposibilidad y de rechazo.


Ha pasado demasiado tiempo. He regresado un par de veces y no encontré ni la calle, ni el frío, ni los habitantes de las casas, ni aquel adolescente que vivía de ideales que terminó negociando pragmáticamente con la supervivencia y con los años.

Y creo que finalmente, soy yo el que está adentro de aquellas casas.

337. LA CUESTION HUMANA


La cuestión humana (La question humaine)Francia, 2007, 143’. Director: Nicolas Klotz. Con: Mathieu Amalric, Laetitia Spigarelli y Michael Lonsdale.

Son muchas las cuestiones que quedan flotando después de ver la película francesa (2007) LA CUESTION HUMANA. En realidad no se trata de una historia lineal, simple, que suite un eslabón más a las película vinculadas con el mundo del trabajo como fueron: RECURSOS HUMANOS, EL EMPLEO DEL TIEMPO, LA CORPORACION y EL METODO, y la histórica TIEMPOS MODERNOS.
Es mucho más: SIMON es un psicólogo institucional especializado en Recursos Humanos que se dedica a la selección del personal y a los proceso de re-estructuración de las empresas con dificultades financieras (eufemismo cuya traducción remite a : expulsión de los obreros y empleados que ya no le sirven a la empresa, especialmente aquellos que le provocan problemas y pérdidas). Es un profesional notable por su rendimiento y su capacidad. Sereno, frío, calculador, solitario, sin vínculos afectivos estables, sin familia parece dispuesto a todo. Lo recuerdan especialmente por sus entrenamiento “al límite” con los altos ejecutivos para forzarlos al rendimiento en situaciones extremas… y por su capacidad de expulsar y dar de baja a los alcohólicos y drogodependientes con la aceptación del sindicato.
De pronto, la vida de Simón se ve sacudida por un pedido que lo pone en medio de varios juegos. Un alto ejecutivo de la empresa alemana de productos químicos que tiene una filial importante en Francia, le solicita que observe y evalúe al CEO de la empresa, a su ejecutivo estrella, a quien dirige la filial, al que ha sido responsable de pilotear la crisis, reducir el personal y superar – con éxito – una situación muy difícil.
En la búsqueda del presente y del pasado de ese hombre extraño, silencioso, de pocas palabras, amante de la música, con una vida familiar cruzada por la muerte del hijo, comienza a descubrir demasiadas cosas que terminan por desequilibrarlo psicológica y físicamente: olvidos, lagunas, enojos, violencia, desmayo, desganas, ausencia.
Y allí la película nos regala lo impensado: (1) el juego de las acusaciones cruzadas, (2) la imposibilidad de armonizar “la cuestión humana” con la ganancia de la empresa, la atención de las personas con las necesidades de las personas, (3) el sentido, el valor, la importancia de las palabras que se vuelven biselares: "La lengua es un poderoso medio de propaganda, el más público y el más secreto: se filtra en la carne y la sangre de las personas ; (3) el pasado no ha desaparecido: los dos ejecutivos que se cruzan celándose y controlándose provienen indirectamente del pasado nazi con el que guardan curiosas relaciones que – de modos diversos – alguien obliga a recordar: (4) la analogía entre el exterminio nazi con respecto a los Judíos con los detalles técnicos de su ejecución para lograr con el menor costo la mayor cantidad de ejecuciones… con el “exterminio” neoliberal y globalizado que excluye, mata, se saca del medio a quienes pueden no servir ya al sistema o – aunque valiosos – simplemente sobran en un mundo que amenaza con ser mas pobre y sólo para exclusivos; (5) esa soledad que atraviesa a todos los personajes que parecen envueltos en sí mismo, imposibilitados de establecer puentes hacia los otros (especialmente Simón): (6) un particular lenguaje fílmico: lento, oscuro, con imágenes que se dibujan en la sombras y que obligan al espectador a forzar la vista para poder “ver” lo que no se puede ver, con imágenes, sonidos, rostros, voces que se insinúan detrás de columnas, rostros, miradas oblicuas.
ES una película para pensarla mucho y para debatirla toda: hay una escena que particularmente sobresale: cuando SIMON lee la carta en la que se acusa al Padre del Ejecutivo investigado de haber sido un técnico de la Ejecución de los Judío (ese cálculo técnico nos hace pensar en la película La Conspiración, que trata la reunión histórica en la que se debate la “solución final”) y su “lectura interior” de los criterios que como técnico en recursos humanos debe aplicar para exterminar a los que no sirve en la empresa a la que sirve.
No es extraño que un periódico haya iniciado su comentario con estas preguntas: Cómo definir la compleja materia de La cuestión humana si abarca muchísimo más que la descripción rigurosa, fría y cautivante de los mecanismos y los comportamientos que rigen una gran empresa contemporánea como la que es escenario central de la acción? ¿Cómo ceñirla a las peculiaridades de un género cinematográfico si el registro puede ser realista, casi documental o deliberadamente estilizado? ¿Cómo ignorar lo fantástico y su efecto iluminador e inquietante cuando con él los espectros de la historia regresan y se espejan en inequívocas escenas de hoy? ¿Cómo no advertir que por debajo de la intriga y la tensión del thriller psicológico-policial se hace visible la intención de releer el sentido de las acciones del presente a la luz de ciertas claves históricas? ¿Y cómo permanecer indiferente al lúcido estudio del lenguaje como potente arma ideológica que el film aborda frontalmente cuando detecta el perturbador paralelo que se dibuja entre los procedimientos del fascismo y los del liberalismo más exacerbado?

domingo, septiembre 14, 2008

336. EMPIRISMO, MIRADAS Y PECADOS

No era la misma ventana. Desde mi lugar de trabajo, merodeando entre los empiristas ingleses del siglo XVI y del siglo XVIII, entre libros, apuntes, fotocopias y las pantallas de las computadoras, llegaban los movimientos del piso de abajo, del edificio de la izquierda. La pareja estaba allí celebrando un encuentro programado. No los conocía. Nunca lo había visto, pero las caras se recortaban contra los vidrios de las ventanas cuando él la abrazaba desde atrás y recurría con sus besos su cuello, su nuca, su espalda. Creo que cuando comenzaron a desprenderse de la ropa ya se había ido a una habitación interna y yo había regresado a un cuadro en el que comparaba el recorrido de los diversos términos que atraviesan el planteo gnoseológico de los ingleses y ponen en cuestión los problemas metafísicos.
Estaba cerrando el cuadro, cuando me levanté a buscar un libro de mi biblioteca y me asomé a la ventana. Allí estaba ella: allí estaba la vecina de la casa. A ella sí la había visto un par de veces y hasta nos habíamos saludado: estaba intentando entrar al departamento, pero la llave se lo impedía. La veía observando por los vidrios de las puertas que - aunque opacos - permitía divisar el interior. No sé lo que vio, pero vio mucho porque yo operaba como el Dios de Boecio (previdente, al menos) : ellos estaban tratando de vestirse apresurados, de cerrar las puertas, de ordenar la ropa, de volver a una normalidad imposible. Me quedé atrapado por la escena, porque mi mirada (sartreana) le quitaba libertad a los amantes, pero mas poderosa que nunca, le quitaba libertad a la mujer que sometía con sus miradas a los infieles. Hay un juego de miradas que se cruzaban y el destino crucificaba por cierto a quienes se reconocían des-cubiertos, mirados, condenados.
Finalmente la puerta se abrió y la mujer entró furiosa, con gritos que se imaginaban, aunque . por la lejanía - no se oían. Yo jugaba con las distancias y con las miradas: un libro de Hume, mi propia ventana que pedía una limpieza, los furtivos amantes descubiertos que se habían dividido, la mujer que avanzaba, y la vida que seguía con su ritmo infernal en las calles.
Ignoro como terminó todo. Hoy que tengo entre mis manos los escritos de ese día, me viene a la memoria esa imagen que se asoció a la trama de las impresiones, las ideas, el inmaterialismo, la sustancia, la existencia o la imposibilidad de Dios, el tratado de la visión, esse est percipi, las desventuras del pensamiento... me asomo y veo las ventanas cerradas, muy cerradas, y mínimos movimientos. En varios lugares deberán estar re-escribiendo decisiones e historias. Es mejor refugiarse en el pensamiento.

viernes, septiembre 12, 2008

335. ¿HISTORIA?

“No me escribas mas, Eloisa, no me escribas mas; que ya es tiempo de poner fin a una correspondencia que hace infructuosas nuestras mortificaciones. No nos alucinemos: mientras nos lisonjee la idea de nuestros placeres pasados nuestra vida será tormentosa, y no gustaremos de las dulzuras de la soledad. Principiemos a hacer buen uso de nuestras austeridades, y no conservemos memorias criminosas entre los rigores de la penitencia. Suceda a nuestro descarrío la mortificación de cuerpo y espíritu, un ayuno exacto, una soledad continua y sin intermisión, meditaciones profundas y santas, y un amor perpetuo y entrañable hacia nuestro Dios justo y misericordioso. Procuremos llevar la perfección religiosa a un punto a que no pueda llegarse sin dificultad: que es bien haya en el cristianismo algunas almas tan desprendidas de la tierra, de las criaturas, y de sí mismas, que parezcan independientes del cuerpo en que habitan, y le traten como a su esclavo.” (CARTA DE ABELARDO A ELOISA)

sábado, septiembre 06, 2008

334. LAS MANOS Y SUS LENGUAJES




Auguste Rodin (1840-1917) se embarca en la radical transformación de la escultura como se conocía hasta entonces en un momento en el que hay una ruptura de las costumbres y prejuicios. Rompe con los cánones clásicos y propone todo un mundo marcado por el erotismo, y esta tendencia se acentúa en los últimos años de su actividad creativa. Las manos eran uno de los temas favoritos del artista. Cuentan que tenía montones de ellas en su taller. De todos los tamaños y de ambos sexos. En esta escultura se puede apreciar la influencia de Miguel Ángel en el tipo de bases que utiliza para sus piezas. Son soportes que dan una idea de inacabado, la idea de que hay obras que quedan deliberadas sin terminar (non finito) porque el artista se reserva el momento de la conclusión, conclusión que puede llegar o no. Rodin como artista moderno, inventa una estética del fragmento, en que las partes faltan voluntariamente, estatuas sin terminar que quedan hundidas en la materia, lo que Rodin llama "el efecto de piedra". Su taller en Meudon impresiona mucho a los visitantes: es como sí una tempesta violentíssima hubiese destruido la obra de un dios, y solo quedan pedazos, pero la paradoja es que si las estatuas estuvieran terminadas, el conjunto no tendría la misma plenitud.

Alguien – que lo observa trabajar – testimonia: "Que bello es observarlo cuando trabaja. El conjunto de relaciones que sus ojos mantiene con la arcilla. Me parece que veo todos los trayectos de su mirada, trayectos seguros, rápidos, que forman en el aire una red donde la cosa se engancha cada vez más. Y como entonces todo se vuelve a ser un : el y la cosa, su cosa "

Observando las manos de Rodin uno encuentra un encuentro de dos, un diálogo, un acercamiento. No importa donde están los cuerpos porque las manos ya son suficientes para el diálogo que se inicia a partir de la sensibilidad que generan, de encuentro que suponen. Hay algo de abrazo, de caricia, se insinuación, de búsqueda

Pero a su vez, las manos parecen una estructura que se yergue, que se eleva buscando el cielo, por eso son un símbolo de las catedrales (cuyo título se observa en las referencias de 1908). Las manos expresan la armonía de las formas: en los cuerpos vivos resulta del contrabalance de las masas que se desplazan, por eso las catedrales están construidas sobre el modelo de los cuerpos vivos. .
Esta es una de las esculturas más conocidas de Rodin. Unas delicadas y estilizadas manos, esculpidas en piedra, que se abrazan suavemente y cuyos dedos apuntan hacia el cielo (quizá de ahí deriva su nombre). Algunos hablan de manos en actitud de oración (a mí no me lo parece) y de la fascinación que Rodin sentía por las catedrales francesas. Aunque este es el punto de vista que muestran la mayoría de las fotos, lo interesante es girar alrededor y verlas desde todos lo ángulos, lo que permite descubrir que son dos manos derechas idénticas, en realidad la misma en simetría especular, que inician el gesto de enlazarse.

No acostumbro a sacar fotos a las manos. Pero me gustan las manos, el encuentro de las manos, el valor de las manos… Y tengo ciento de fotos de iglesias, de catedrales, del lenguaje de las estructuras edilicias… ahora puedo verlas como manos que tratan de acercarse al cielo, se juntarse con las otras manos, de unirse para rezar o para amar o para el encuentro: las manos representan la puerta de todos los encuentros.

lunes, septiembre 01, 2008

333. LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA


Todos estamos, de alguna manera, dentro de una escafandra, ahogándonos en el interior, sin poder comunicarnos, con una sobrecarga de palabras y mensajes que nos atraviesan pero que no podemos pronunciar. Por las mirillas sólo se ven nuestros ojos que se mueven buscando, buscando, emitiendo señales, tratando de decirles a todos que estamos vivos, que queremos hablar, decir cosas… pero para eso es necesario que estén cerca nuestros, con posibilidad y capacidad de de-codificar los mensajes… Allí estamos, una parte de la vida o toda la vida. Y cuando más dentro de la escafandra nos sentimos, cuando nuestro interior se siente más aprisionado… la imaginación nos convierte en mariposa, y volamos queriendo bebernos de golpe toda la libertad. Toda.


Cuando las primeras escenas de la película nos muestra a la cámara que observa como si fueran los ojos de Jean Dominique, el hombre que han sufrido una parálisis general, vamos lentamente descubriendo que lo que suponemos un control médico se convierte en una tortura: entendemos todos, escuchamos todos, pero no podemos hablar, no podemos pronunciar palabras, estamos absolutamente paralizados… y a partir de allí se des-envuelve toda la historia y todas las historias de la película.


LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA: Dirección: Julian Schnabel.País: Francia.Año: 2007.Duración: 112 min. Interpretación: Mathieu Amalric (Jean-Dominique Bauby), Emmanuelle Seigner (Céline Desmoulin), Marie-Josée Croze (Henriette Durand), Anne Consigny (Claude), Patrick Chesnais (doctor Lepage), Niels Arestrup (Roussin), Olatz Lopez Garmendia (Marie Lopez), Jean-Pierre Cassel (Lucien), Marina Hands (Joséphine), Max Von Sydow (Papinou), Isaach de Bankolé (Laurent), Emma de Caunes (Eugenia). Guión: Ronald Harwood; basado en el libro "La escafandra y la mariposa" de Jean-Dominique Bauby.Producción: Kathleen Kennedy y Jon Kilik. Música: Paul Cantelon. Fotografía: Janusz Kaminski.Montaje: Juliette Welfing.


Hasta 1995, Jean-Dominique Bauby era un importante periodista que llevaba una vida normal y se desempeñaba como redactor jefe de la revista francesa Elle. Nada hacia preveer que, ese año, el hombre de 43 años sufriría una embolia masiva que lo dejó en coma. Veinte días después de ese episodio, Bauby salió del estado en el que se encontraba pero el cuadro detectado fue drmático: “síndrome de cautiverio”,. Había quedado paralizado de forma total, sin poder moverse, ni comer, ni hablar ni respirar sin asistencia. Sólo podía comunicarse a través del parpadeo de su ojo izquierdo y tuvo que resignarse a utilizar su imaginación y su memoria para no quedar atrapado para siempre en su propio cuerpo.
Para lograr que Bauby pudiera finalmente expresarse con su ojo, lo sometieron a una capacitación en un hospital de Berk-Sur-Mer, donde le enseñaron un código basado en las letras más comunes del alfabeto. Ése fue el método utilizado por él para dictar un libro que había prometido escribir (aunque no con ese título ni con ese contenido): La escafandra y la mariposa, una novela que no pudo disfrutar su autor debido a que la muerte lo sorprendió el 9 de marzo de 1997, tres días antes de que se distribuyera el libro. La película – impecable y muy creativa – está Inspirada en la novela homónima.


Toda la historia de la película muestra su limitado “regreso a la vida” en un hospital naval de Berk-Sur-Mer, le enseñan un código usando las letras más comunes del alfabeto utilizando el parpadeo de su ojo izquierdo. Mediante este parpadeo es capaz de deletrear letra a letra concienzudas palabras, frases y párrafos. Mediante este método es capaz de dictar una profunda aventura dentro del psique humano. Este método es capaz de abrir la prisión que resulta su cuerpo (la escafandra) permitiéndole planear sin límites el reino de la libertad (la mariposa). Hay algunos mínimos retazos del tiempo pasado que se suman a las fotografias que tapizan su habitación para acompañar su recuerdo: el día del accidente, el auto nuevo, la separación de su mujer, su vida en la revista, la paradisíaca vida con su nueva mujer (que se resiste a visitarlo y a verlo en semejante estado y prefiere recordarlo con vida), la relación con su padre (con quien tiene un diálogo extraordinario acerca de ese estar atrapado en algún lugar: en el cuerpo, en las habitaciones o en la vida).

Entre las muchas escenas curiosas que se puede observar, la relación inter-subjetiva que se establece está atravesada por una insalvable asimetría: Bauby es visto como un “vegetal”, como un cuerpo humano sin reacciones, porque ese ojo que se mueve en medio de un rostro deforme y un cuerpo inservible parece no existir, no ser. Cuando las bellas enfermeras y terapistas se asoman para anunciarles los diversos tratamiento no llegan a “verlo” como sujeto… pero para él, para ese interior intacto que piensa e imagina, siguen teniendo el mismo atractivo, el mismo encanto que han tenido las mujeres de su vida. Ese yo interior que discurre sin poder comunicarse es nuestro yo en miles de momentos de nuestra vida: tarde o temprano podemos expresarnos, hablar… aquí en cambio, solamente el ojo izquierdo podrá trabajosamente dar a conocer - traducidos en palabras – sus pensamientos.

He aquí algún fragmento de la obra pensada y dictada en pleno encierro interior, y publicada poco antes de su muerte:

EL VEGETAL

"El 8 de junio hará seis meses que empezó mi nueva vida. Vuestras cartas se acumulan en el armario, vuestros dibujos en la pared, y como no puedo responder a todos, se me ha ocurrido estos samizdats para relatar mis días, mis progresos y mis esperanzas. Primero quise creer que no había pasado nada. En el estado de semiinconsciencia que sigue al coma, me veía pronto de regreso en el torbellino de París, simplemente flanqueado por un par de bastones."

Tales eran las primeras palabras de la carta que a finales de la primavera decidí enviar desde Berck a mis amigos y conocidos. Dirigida a unos setenta destinatarios, esta misiva levantó cierto revuelo y reparó un tanto los perjuicios causados por los rumores. La ciudad, ese monstruo de cien bocas y mil oidos que no sabe nada pero que lo cuenta todo, había decidido, en efecto, ajustarme las cuentas. En el café de Flore, uno de los campamentos base del snobismo parisino desde donde se lanzan los chismes como palomas mensajeras, algunos íntimos habían oído a unos cotillas desconocidos mantener el siguiente diálogo con la glotonería del buitre que descubre a una gacela despanzurrada. "¿Sabías que B. se ha convertido en un vegetal?", decía uno. "Por supuesto, estoy al corriente. Un vegetal, en efecto, un vegetal." La palabra "vegetal" debía resultar agradable al paladar de esos augures, pues había reaparecido varias veces entre dos bocados de tostada con queso fundido. En cuanto al tono, se sobreentiendía que sólo un necio podía ignorar que en lo sucesivo yo tendría más que ver con el comercio de verduras tempranas que con la compañía de los hombres. Estábamos en tiempos de paz. No se fusilaba a los portadores de malas noticias. Si quería probar que m potencial intelectual seguía siendo superior al de un salsifí, sólo podía contar conmigo mismo.

Así nació una correspondencia colectiva que prosigo mes tras mes y que me permite mantenerme en comunión con aquellos a quienes quiero. Mi pecado de orgullo produjo su fruto. Aparte de algunos irreductibles que guardan obstinado silencio, todo el mundo comprendió que podían reunirse conmigo en mi escafandra, aunque a veces ésta me arrastre a los confines de tierras inexploradas.

Recibo algunas cartas notables. Las abren, las desdoblan y me las colocan ante los ojos según un ritual que se ha establecido con el tiempo y que confiere a la llegada del correo el caracter de una ceremonia silenciosa y sagrada. Algunas no carecen de gravedad. Me hablan del sentido de la vida, de la supremacía del alma, del misterio de toda existencia, y por un curioso fenómeno de inversión de las apariencias, son aquellos con quienes había establecido las relaciones más triviales los que más abordan estas cuestiones esenciales. Su ligereza enmascaraba un alma profunda. ¿Acaso estaba ciego y sordo, o bien se requiere la luz de una desgracia para que un hombre se revele tal como es?

Otras cartas refieren en toda su simplicidad los pequeños hechos que subrayan el paso del tiempo. Son rosas cogidas a la hora del crepúsculo, la indolencia de un domingo lluvioso, un niño que llora antes de dormirse. Captados del natural, esos retazos de vida, esas bocanadas de felicidad me conmueven más que ninguna otra cosa. Ya se trate de de ocho líneas o de ocho páginas, ya procedan del lejano Levante o de Levallois-Perret, guardo todas esas cartas como un tesoro. Un día me gustaría pegarlas por los extremos para formar una tira de un kilómetro, que flotaría al viento como una oriflama a la gloria de la amistad.Eso alejará a los buitres. (101 – 104)

La silla

Nunca había visto tantas batas blancas en mi pequeña habitación. Las enfermeras, las auxilia­res, la fisioterapeuta, la psicóloga, la ergoterapeu­ta, la neuróloga, los internos y hasta el jefe supre­mo de servicio, todo el hospital se había desplazado para la ocasión. Cuando entraron empujando el artefacto hasta mi cama, lo primero que pensé fue que un nuevo inquilino venía a tomar posesión del lugar. Instalado en Berck desde hacía varias semanas, cada día rozaba un poco más el umbral de la conciencia, pero no imaginaba qué nexo podía haber entre una silla de ruedas y yo.
Nadie me había bosquejado un cuadro exacto de mi situación, y a partir de chismorreos reco­gidos aquí y allá, me forjé la certeza de que no tar­daría en recuperar el gesto y la palabra.
Mi mente errabunda concebía incluso mil pro­yectos: una novela, viajes, una obra de teatro y la comercialización de un cóctel de frutas de mi invención. No me pidáis la receta, la he olvidado. Se apresuraron a vestirme. «Es bueno para la moral», dijo sentenciosamente la neuróloga. Y en efecto, después de la bata de nailon amarillo, me habría encantado embutirme en una camisa a cuadros, unos viejos pantalones y una sudade­ra informe, si no hubiera supuesto una pesadilla ponérmelos. O más bien verlos deslizarse, tras no pocas contorsiones, por ese cuerpo flácido y desarticulado que ya sólo me pertenecía para hacerme sufrir.
Cuando por fin estuve listo, pudo comenzar el ritual. Dos tíos me cogieron por los hombros y los pies, me alzaron de la cama y me depositaron en la silla sin grandes miramientos. De simple enfermo había pasado a ser un discapacitado, al igual que en los toros el novillero se convierte en torero cuando le dan la alternativa. No me aplau­dieron pero casi. Mis padrinos me hicieron dar la vuelta a la planta a fin de comprobar que la pos­tura sedente no provocaba espasmos incontrola­bles, pero me mantuve inmóvil, ocupado en cali­brar la brutal devaluación de mis perspectivas de futuro. Sólo tuvieron que afianzarme la cabeza con un cojín especial, pues cabeceaba a la mane­ra de esas mujeres africanas a las que se retira la pirámide de aros que desde hace años les estira el cuello. «Se adapta usted bien a la silla», comentó la ergoterapeuta con una sonrisa que pretendía dar un carácter de buena noticia a sus palabras, si bien a mis oídos sonaron como un veredicto. De golpe entreveía la espantosa realidad. Tan cega­dora como un hongo atómico. Más acerada que la cuchilla de una guillotina. Se fueron todos, tres auxiliares volvieron a acostarme, y no pude evitar pensar en esos gánsteres del cine negro que se esfuerzan en meter en el maletero de su coche el cadáver del entrometido cuyo pellejo acaban de acribillar. La silla quedó en un rincón, con aire de abandono, y mis ropas arrojadas sobre el res­paldo de plástico azul oscuro. Antes de que de­sapareciese la última bata blanca, le indiqué con un gesto que pusiera la tele, bajita. Daban «Cifras y letras», el programa favorito de mi padre. Des­de la mañana, una lluvia pertinaz resbalaba por los cristales de la ventana.

LA ORACION

Después de todo, el episodio de la silla ha resul­tado saludable. Ahora las cosas están más claras. He dejado de concebir planes ambiciosos y he libe­rado de su silencio a los amigos que levantaban una afectuosa barrera a mi alrededor desde mi accidente. Puesto que el tema ya no es tabú, hemos empezado a hablar del locked-in syndrom. En pri­mer lugar, se trata de una rareza. No es que supon­ga un gran consuelo, pero existen tantas proba­bilidades de caer en esa trampa infernal como de ganar el bote acumulado de la Loto. En Berck, sólo dos presentamos los síntomas, y aun mi LIS* está puesto en tela de juicio. Cometo el error de poder pivotar la cabeza, lo que en principio no se halla previsto en el cuadro clínico. Como la mayoría de los casos son abandonados a una vida vegetativa, se conoce poco la evolución de esta patología. Sólo se sabe que si al sistema nervioso le da por volver a ponerse en marcha, lo hace al ritmo de un cabello que creciera a partir de la base del cerebro. Corro, pues, el riesgo de que trans­curran algunos años antes de que consiga mover los dedos del pie.
De hecho, es en lo tocante a las vías respirato­rias donde cabe buscar eventuales mejorías. A lar­go plazo, uno puede confiar en recuperar una ali­mentación más normal, sin el recurso de la sonda gástrica, una respiración natural y algo del alien­to que hace vibrar las cuerdas vocales.
Por el momento, me sentiría el más dichoso de los hombres si llegase a tragar convenientemente el exceso de saliva que invade mi boca de mane­ra permanente. Aún no se ha hecho de día, cuan­do ya me ejercito en deslizar la lengua contra el velo del paladar a fin de provocar el reflejo de tragar. Además, he dedicado a mi laringe las bol­sitas de incienso que cuelgan de la pared, exvotos traídos de Japón por amigas viajeras y creyentes. Es una piedra más del monumento de acción de gracias erigido por mis allegados al capricho de sus peregrinaciones. En todas las latitudes habrán invocado en mi nombre a los espíritus más diver­sos. Intento poner algo de orden en ese amplio movimiento de las almas. Si me anuncian que en aras de mi curación han encendido unos cirios en una capilla bretona o salmodiado un mantra en un templo nepalí, de inmediato asigno un obje­tivo preciso a tales manifestaciones espirituales. Así, he confiado mi ojo derecho a un morabito camerunés comisionado por una amiga con obje­to de asegurarme la mansedumbre de los dioses africanos. Para los trastornos de la audición, cuen­to con las buenas relaciones que una suegra de corazón piadoso mantiene con los monjes de una congregación de Burdeos. Me dedican con regu­laridad sus rosarios, y yo me dejo caer a veces por su abadía para oír cómo los cánticos suben hacia el cielo. No puede decirse que por el momento haya dado un resultado extraordinario, pero cuan­do siete frailes de la misma orden fueron dego­llados por extremistas islámicos, me dolieron los oídos durante varios días. Sin embargo, tan ele­vadas protecciones no son sino fortificaciones de barro, murallas de arena, líneas Maginot, com­paradas con la pequeña oración que mi hija Céles­te reza todas las noches a su Señor antes de cerrar los ojos. Como nos dormimos más o menos al mismo tiempo, me embarco hacia el reino de los sueños con ese maravilloso salvoconducto que me libra de todo mal encuentro.

EL BAÑO

A las ocho y media llega la fisioterapeuta. Con silue­ta deportiva y perfil de moneda romana, Brigitte viene a poner en movimiento mis brazos y pier­nas, dominados por la anquilosis. Eso se llama «movilización», y esta terminología marcial resul­ta risible cuando se constata la delgadez de la tro­pa: treinta kilos perdidos en veinte semanas. No contaba con semejante resultado al empezar un régimen ocho días antes de mi accidente. De paso Brigitte comprueba si se produce algún estreme­cimiento que presagie una mejoría. «Intente apre­tarme el puño», me pide. Como a veces abrigo la ilusión de que puedo mover los dedos, concentro mi energía a fin de triturarle las falanges, pero nada se mueve, y ella deposita mi mano inerte en el cua­drado de gomaespuma que le sirve de escenario. De hecho, los únicos cambios conciernen a mi cabeza. Ahora puedo girarla noventa grados, y mi campo visual va desde el tejado de pizarra del edi­ficio contiguo hasta el curioso Mickey de lengua colgante dibujado por mi hijo Théophile cuando aún no me era posible entreabrir la boca. A fuer­za de ejercicios, hasta la fecha hemos llegado al punto de lograr introducir en ella una pajita. Como dice la neuróloga: «Se requiere mucha paciencia.» La sesión de fisioterapia termina con un masaje facial. Brigitte me recorre con sus dedos tibios todo el rostro, la zona yerta, que me sugiere la consis­tencia del pergamino, y la parte inervada, en la que al menos puedo fruncir una ceja. Como la línea de demarcación pasa por la boca, sólo esbozo medias sonrisas, lo que se adecua bastante bien a las fluc­tuaciones de mi estado de ánimo. Así, un episo­dio doméstico como el aseo cotidiano puede ins­pirarme sentimientos encontrados.
Un día me resulta divertido que a mis cuaren­ta y cuatro años me laven, me den la vuelta, me limpien el trasero y me pongan los pañales como a un niño de pecho. En plena regresión infantil, obtengo incluso con tales manejos un vago pla­cer. Al día siguiente todo ello se me antoja el col­mo del patetismo, y una lágrima surca la espuma de afeitar que un auxiliar extiende por mis meji­llas. En cuanto al baño semanal, me sume a un tiempo en la congoja y la dicha. El delicioso momento en que me sumerjo en la bañera pron­to se ve sustituido por la nostalgia de los prolon­gados chapuzones que constituían el lujo de mi primera vida. Provisto de una taza de té o un whisky, de un buen libro o una pila de periódicos, permanecía largo rato en remojo accionando los grifos con los dedos del pie. Pocas veces soy tan cruelmente consciente de mi situación al evocar tales placeres. Por fortuna, no tengo tiempo de pensar demasiado en ello. De inmediato me devuelven tiritando a mi habitación sobre un por­taenfermos tan cómodo como una tabla de faquir. Debo estar vestido de pies a cabeza a las diez y media, listo para bajar a la sala de rehabilitación. Como me niego a adoptar el infame estilo jogging recomendado por la casa, vuelvo a mi ropa de estu­diante chapado a la antigua. Al igual que ocurre con el baño, mis viejos chalecos podrían abrir dolorosos caminos en mi memoria. Sin embargo, en ello veo más bien un símbolo de que la vida continúa. Y la prueba de que aún deseo seguir sien­do yo mismo. Puestos a babear, tanto da hacerlo sobre cachemira.

domingo, agosto 17, 2008

332. ESTADO DE ANIMO


Siempre me he sentido un simple arroyito, aunque a veces finja ser un torrente enloquecido que baja de la montaña y se hace pedazos contra las piedras. A pesar de que así me vean o me imaginen. Siempre he sido apenas un yuyito que nace, intruso, en las uniones de los viejos adoquines, con una existencia precaria y un destino incierto. Y en estos días estoy, allí, en el medio del río, navegando sin saber hacia donde. Se hace de noche y la barca da vueltas, y los remos no saben, esperan mis manos, mis decisiones... miro el sol, el sol sobre el río. Es otoño. No hace frío. Escucho voces que llaman desde las orillas y sé que hacia algún lugar debo ir, hacia algún lugar, pero la barca no me lleva, sólo me espera y todas las direcciones son posibles. Los ojos se me duermen mirando el poniente y esa noche que avanza inundando se sombras el paisaje. Nadie me despierta y yo sigo así paralizado, casi muerto. Los remos se han dormido en mis manos o mis manos en los remos.
De pronto, brilla una luz, la primera tal vez o la que primero divisan mis ojos cansados… y lentamente me pongo en marcha. No sé como ni cuando ni a donde llegaré. Alguien más debería estar en esta barca, para avanzar tomados de los mismos remos.

domingo, agosto 10, 2008

331. LOS FALSIFICADORES


Aunque el libro de Lawrence Malkin (El falsificador de Hitler. La estafa nazi y los prisioneros del bloque 19) se presenta como la primera historia sobre el tema, mencionando que entre 1942 y 1945 los prisioneros falsificaron un total de 132 millones de libras esterlinas, el equivalente al 15 por ciento de la moneda de curso legal en circulación entonces en Inglaterra e incluyendo la historia personal de muchos de sus protagonistas, con fotografías, planos y reproducciones de los documentos falsificados, la película LOS FALSIFICADORES (Die fälscher) está basada en la novela autobiográfica de uno de los que vivieron la historia: Adolf Burger (The devil’s workshop), un militante comunista judío eslovaco que pasó dos años de su vida en el “taller del diablo”, ya que con este nombre se conocía la imprenta secreta en el corazón del campo de concentración de Sachsenhausen donde junto con otros 139 tipógrafos judíos fabricó divisas y documentos falsos para los espías nazis.

“Los falsificadores” relata la historia de Salomon Sorowitsch, insigne falsificador y bohemio. Tras su confinamiento en un campo de concentración alemán en 1944, aceptó colaborar con los nazis en la mayor operación de falsificación de billetes de la Historia, con la que se pretendía contribuir a la financiación de la guerra. Durante los últimos años del conflicto, cuando el Reich veía cercano su final, las autoridades decidieron imprimir sus propios billetes de las divisas de sus principales enemigos (libras, dólares) y lo hicieron con una perfección admirable. Con aquel dinero falso pretendían hundir las economías de los países rivales y al tiempo llenar sus propias arcas, vacías por la guerra. En el campo de concentración de Sachsenhausen, dos barracones fueron aislados del resto de las instalaciones y del mundo exterior para ser transformados en perfectos talleres de falsificación. Así nació la denominada Operación Bernhard. Los barracones especiales se transformaron en un taller de falsificación perfectamente equipado. Al grupo de prisioneros que debían llevar a cabo la operación se les trataba bien, poniendo a su disposición comida, ropa, camas, atención médica y duchas, siempre que colaborasen y consiguiesen el objetivo en el tiempo marcado. La mayoría de ellos provenían ya de otros campos de concentración y habían sobrevivido hasta ese momento al horror más aberrante e inhumano. La jaula de oro que ahora se les ofrecía planteaba una encrucijada moral para muchos: ¿debían sobrevivir como les dictaba el instinto a pesar de ayudar a sus asesinos?


Dirección: Stefan Ruzowitzky.Países: Alemania y Austria.Año: 2007.Duración: 98 min.Género: Drama.Interpretación: Karl Markovics (Salomon Sorowitsch), August Diehl (Adolf Burger), Devid Striesow (Herzog), Martin Brambach (Holst), August Zirner (Dr. Klinger), Marie Bäumer (Aglaia), Dolores Chaplin (mujer pelirroja), Veit Stübner, Sebastian Urzendowsky (Kolya), Andreas Schmidt (Zilinsky), Tilo Prückner (Viktor Hahn).Guión: Stefan Ruzowitzky; basado en el libro "The devil's workshop" de Adolf Burger.Producción: Josef Aichholzer, Nina Bohlmann y Babette Schröder.Música: Marius Ruhland.Fotografía: Benedict Neuenfels.Montaje: Britta Nahler.Vestuario: Nicole Fischnaller.

Aunque la película no juzga, y son los mismos personajes los que manifiestan sus contradicciones, sus miedos y sus arrepentimientos, hay un interrogante ético que recorre la historia y que encarnan SALOMON (que está dispuesto a todo) y BURGER que quiere mantener sus principios y no colaborar con quienes ejercer un poder absoluto, matando a todos. Todo el clima siempre es opresor, porque transcurre en pequeñas habitaciones, con dilogos bajos y personajes que obviamente viven oprimidos, sin saber que les ha pasado a sus familiares, y sin tener la certeza absoluta con respecto a su propio presente y futuro. La violencia sigue siendo la misma aunque enmascarada por el interés que tienen en el resultado del trabajo.


Detrás de los TANGOS mas tradicionales (especialmente MANO A MANO, muy adecuado para el inicio y el final de la película) en grabaciones de HUGO DIAZ, se ocultan las discusiones ideológicas que ponen en riesgo la operación. SALOMON afirma que no es momentos de discusiones o de sabotajes porque son simples condenados a muerte que tienen en la operación su salvación. BURGER cree que los principios no se negocian y que han sido las negociaciones y las concesiones las que han instalado a Hitler y al nazismo en el poder. Curiosamente SALOMON es el mas solidario con quienes sufren o se han cansado de vivir. ¿El fin mas digno (salvar la vida propia y ajena) justifica los medios (colaborar con el enemigo y poner en riesgo a los países que deberán salvar a los prisionero judíos)? Puede ser un debate teórico: en la historia se trata de un debate existencial. O morir o sobrevivir, pero siempre pagando un precio. SALOMON será el héroe que salvará a todos cuando los billetes falsificados lleguen a manos de los jefes nazisBURGER el héroe de la resistencia, que se atrevió a desafiarlos, retardando la aparición de la ansiada falsificación de los dólares.

330. CLAUSTROS INVISIBLES


Cuando se habla de las sociedades disciplinarias, se menciona el triple encierro de las estructuras de las mismas (cárcel, sanatorio, manicomio, ejército, escuela). En realidad el modelo es monacal: el monje está encerrado en su celda, en el ámbito en que comparte trabajo u oración con la comunidad, y el muro que divide al monasterio del mundo. La salida de estas estructuras es casi imposible, sin autorizaciones que las legitimen.

A veces, las personas viven encerrados en claustros invisibles que lo protegen, le otorgan seguridad, pero lo encierran. Y resulta difícil sacarse ese encierro: reconocerlo, reconocer los muros, imaginar la salida. A veces es necesaria la presencia de un iluminador, de un derrribador de muros, de alguien con la totalidad de las llaves, los permisos, los salvoconductos. Uno puede vivir toda la vida encerrado en esos claustros que no dejan ver sus muros, que se tornan visibles cuando alguien nos lo señala, los hace sona, los golpea... y frecuentemente, y a pesar del descubrimiento, no hay intención de salir, de liberarse.

Un trabajo, un lugar, una profesión o ese pantanoso territorio de los afectos en donde el presunto amor se puede convertir en una costumbre y la costumbre edificiar año a años, ritual a ritual el claustro invisible que nos impide ser feliz. Y para siempre.

329. CULPA

Observo los noticieros de la jornada. Una descontrolada defensora de los militares insulta a los jueces y a los funcionarios al concluir un juicio por la violación de los derechos humanos (1976 - 1983) durante la dictatura, en los Tribunales Federales de Corrientes. Cambio: un octogenario ex-general Bussi - en los tribunales de Córdoba - es retirado por una descompensación y, finalmente, con asistencia respiratoria logra pronunciar su propio alegado o palabras finales, antes del veredicto. Va pasando por todos los registro: seguro, violento, amenazante, lloroso, quebrado, inseguro, olvidadizo. Presto atención a sus palabras: juicios injustos, cruce de la justicia con ideologías y políticas, mención del territorio demarcado como ámbito de guerra, guerra justa, muertes justas. No hay amenazas sino quejas. Y repetición de conocidos argumentos.
Lo veo, casi al borde de una muerte que seguramente no será lejana, y pienso: tal vez hubiera sido oportuno que este juicio se hubiera producido en la década del 80 (no es posible que el mismo sujeto juzgado haya sido democráticamente elegido como gobernador y representante), para que las heridas comenzaran a cerrar un poco... pero mas allá de ello, en medio de las quejas y reivindicaciones que quisiera expresar en ejercicio de sus legítimos derechos... ¿no hay una mínima expresión de culpa, de pena, de arrepentimiento? ¿No existe la posibilidad de dirigirse a los familiares de las víctimas para reafirmar sus (condenables) convicciones pero al mismo tiempo pedir perdón por esas desapariciones y esas muertes que tanto mal le hicieron a los afectos y al país? Aun esgrimiento el ejercicio de una justicia que le reconozca la legitimidad de lo actuado... ¿no puede haber un salto ético hacia la una relación intersubjetiva que pide humanamente perdón por los inhumanos medios empleados?.
Cuando finalmente se queda sólo: ¿pensará que algo ha sido mal hecho? ¿que alguna culpa se tiene de todo lo que se menciona?. Lo miro nuevamente: creo que no. Y pienso: que lejos que estamos de alcanzar los niveles de humanidad que necesitamos.

miércoles, julio 30, 2008

328. LABERINTO


Siempre es triste la verdad. Por algún motivo siempre nos sorprende. No sé si tiene remedio. La verdad que descubrimos o la verdad que revelamos. La verdad que exhibimos o la verdad que nos arrancan desde una puerta clausurada. No va a ser fácil silenciar el viernes 25 y el tránsito veloz de algunos minutos en el reloj... o la eternidad del 29 con la necesidad de hablar y de callar, de decir y de frenar cada una de las palabras. No es fácil. Me podrán decir que uno psicológicamente sale a la búsqueda de la revelación, del descubrimiento, del riesgo, pero yo me resisto a aceptarlo. Prefiero seguir navegando en un mar sin nubes, en un universo sin amenazas. Porque de pronto se cae todo, todo amenaza con derrumbarse, todo se somete a discusión, se clausuran las puertas, se cierran los candados, uno siente que cae y cae sin que haya un fondo en donde finalmente reposar. Quiero un poco de fondo!

No lo sé. Debatiéndome en un estrecho laberinto me choco contra las paredes sin poder salir, y sin saber si quiero salir, si puedo salir, si vale la pena salir.

Cuál es el anverso y el reverso de este universo borgiano. Allí cerca alguien demanda la fidelidad a lo prometido alguna vez y mezclan los derechos con el desconsuelo. Un poco mas lejos, la entrega total me reclama la misma entrega

Y por un momento las palabras se ciegan en la garganta, se resisten, se pierden, se quedan sin pensamiento. O es el pensamiento que no encuentra las palabras. O la decisión que se resiste a concretarse. O es el misterio de uno mismo y de los otros.

Y me digo: no es verdad, no puede serlo. Esa misma duda que le puse a las acciones posteriores a un 24 de hace tiempo, es la que me inoportuno y sobreviene en estas horas. O ¿por qué no? ¿qué le impide a quien aporta todo y se juega todo apostar legítimante sus propios dados, lanzar sus cartas, encontrar su plenitud, sin culpa alguna?

Resuenan viejas campanas a lo lejos. No sé - en suma - si soy yo, o alguien vive por mí en estos días.

327. NO PODEMOS ESCAPAR DEL PASADO



El pasado (Argentina-Brasil/2007). Dirección: Héctor Babenco. Con Gael García Bernal, Analía Couceyro, Moro Anghileri, Ana Celentano y Mimí Ardú. Guión: Héctor Babenco y Marta Góes, basado en la novela homónima de Alan Pauls. Fotografía: Ricardo Della Rosa. Música: Iván Wyzsogrod. Edición: Gustavo Giani. Dirección de arte: Sebastián Orgambide. Duración: 114

Los amores nunca se vuelven totalmente “pasado”, nunca admiten el cierre, la clausura, siempre se conjugan en tiempo presente. Desde algún lugar siempre están al asalto. Cuando uno supone que todo ha terminado, en realidad todo empieza. Esa es la lectura que podemos hacer de la película de BABENCO: EL PASADO. Una cuidada filmación en la que especialmente los tonos de los diálogos y de los actores aparecen muy atractivo, creíble, posible. Es atractiva la manera en que filma Babenco, como guías los curiosos mundos interiores y exteriores de los actores.
Sofía es la ex mujer de Rímini (uno se entera al iniciarse la película), pero no puede, no quiere o (como si se tratara de un imperativo ético) no debe abandonarlo. Rímini hará experiencias diversas con mujeres diversas, cada una con sus curiosas formas de ser y de demandarlo, de acompañarlo, darle placer, compartir su vida, hasta darle un hijo. Cada una de ellas de alguna manera muere o desaparece, dejándolo cada vez mas huérfano, más solo. Y de alguna manera siempre renace, y en cada renacimiento está Sofía siempre presente, recordándole para qué está y por qué lo necesita. Hasta ese increíble final en el que parece que junto con las fotos – prolijamente clasificadas – se cierra una historia de mujeres, un discurso femenino de eterna posesión y reconquistar, de retorno necesario al origen del mundo.
Sofía siempre está porque aunque está convencida de que le ha enseñado a todo a Rímini (y esa es la función de algunas mujeres en la vida de los hombres) supone que la seguirá necesitando. Lo reclama, le pide opinión, aprueba o desaprueba sus elecciones. No se muestra celosa, sino convencida de que ninguna mujer la puede suplantar. No sé si Sofía está loca, es loca, se hace la loca o es simplemente mujer. Porque uno no sabe si las restantes mujeres (Vera, Carmen, Nancy) son mas cuerdas que ella, porque – en suma – le provocan mas mal que ella, que ha vivido con Rímini durante 12 años y que se conocen desde siempre.
Rímini por su parte parece enfrentado con la memoria (laboralmente no puede seguir como traductor porque le sobrevienen lagunas en el manejo de los idiomas; pero también olvida nombres, situaciones, hechos), pareciera como des-conectado de su pasado, mientras Sofía es todo pasado.
"El Pasado", filme del director Héctor Babenco basado en el libro de Alan Pauls es la historia de Rimini (Gael García Bernal), un joven traductor quién se separa tras estar casado 12 años con Sofía (Analía Couceyro), su primera novia. La delicadeza con la cual ambos conducen la separación se ve consumida cuando él comienza a salir con Vera (Moro Anghileri). Ya recuperado, Rimini se casa con Carmen (Ana Celentano), su compañera de traducción. Una amnesia misteriosa, producida por el trauma de la muerte de Vera, bloquea de su cerebro los dos idiomas que solía traducir. Ayudado por Carmen, Rimini termina por adoptar el incómodo papel de marido dependiente. El nacimiento de Lucio, su hijo, lo ayuda a reanimarse. Sin embargo, el matrimonio naufraga cuando Sofía, en un momento de locura, secuestra por algunas horas al bebé de la pareja: Rímini pierde a su mujer y a su hijo.
De brillante traductor y hombre seductor, Rimini se hunde en la nada para reaparecer como un personal trainer y amante de Nancy, una mujer rica y vulgar, descontrolada. Al verla con otro hombre, tiene una crisis de celos, intenta destruir el auto de ella y termina en la cárcel.
Sofía, que paga la fianza y lo libera, es líder del instituto Adéle H, un grupo de "mujeres que aman demasiado" y exhibe a Rimini como un trofeo ante sus discípulas y amigas, para comprobar la eficacia de sus teorías sobre la fuerza del recuerdo (del pasado) para el reencuentro de la pareja. Y cuando el re-encuentro parece alentar algo definitivo, Rímini se presta – como un juguete o como un trofeo - a los requerimientos de Sofía, pero milagrosamente logra recuperar al mismo tiempo su francés olvidado y la capacidad de amar a otra mujer… y sabe que no se quedará: necesariamente deberá partir.

domingo, julio 27, 2008

326. GATON Y RATON


No lo sé. O no quise saberlo. Creo que lo intuí toda la semana y estuve como escapándole a los hechos, como anticipándolo... pero ya el miércoles y le jueves hice lugar a los atrevimientos. Y los disfruté por cierto. La mañana del viernes parecía una mañana mas. Y a veces la confianza mata al precavido. El clima de despedida por las vacaciones, la tensión de la semana, cierta inconsciencia fue tejiendo una trama que hizo pasar en cuestión de minutos de la gloria al infierno. La cara contra el vidrio y todas las imposibilidades fue el final.

Hubo gritos iniciales, palabras balbuceadas, temerosas torpes y luego silencio. Un silencio que se prolonga sin tiempo y que seguramente conduce a alguna decisión. Es una herida que sangra, aunque abunde en explicaciones.

No sé. El cuerpo se sacudió con los hechos. El cuerpo no puede pasar de una situación a otra, no puede jugar tantos partidos juntos.

Y puede ser, puede suceder. Esa sensación de culpa es saludable. No me parece mal, decia, pero me parece mal lo que conlleva para los terceros que comparten demasiado.

Estoy nadando en un mar sin orillas, buscando a donde ir, tratando de agarrarme a algo... y tengo esa sensación- tan frecuente en los últimos tiempos - de que lucho en el ring, solo, muy solo, oigo gritos de aliento... y de pronto hay un golpe casi mortal que me tira al piso. Oigo la cuenta que quiero que sea eterna, estoy tirado y respirando con fuerza... y espero, espero para levantarme y seguir con la pelea. Y mientras tanto pienso en todo y no me caben los pensamientos en la pantalla de la memoria. Y no sé si soy el gato o si soy el ratón, o si hay en todo esto una dialéctica relación que va cambiando los roles y uno debe tener la inteligente percepción de descubrirlo, saberlo, obrar.

325. FICCION Y REALIDAD







LA PELICULA: LO VEROSIMIL

Un valiente corresponsal de guerra goza de fama, honores y riquezas. Un a reacción que protagoniza frente a las cámaras lo hunde en la nada y debe subsistir vendiendo notas a los medios que se la encargan o se la compran. El relator de la historia inicial es el camarógrafo que oportunamente lo había acompañado y que, tras el fracaso, debe abandonarlo para seguir una carrera ascendente.
Los reúne la casualidad en BOSNIA en donde SIMON HUND (Richard Gere) afirma tener toda la información para hacerle una entrevista al mas famoso criminal de guerra. La historia saldrá en su búsqueda… para probar que no hay razones valederas para que en tantos años las fuerzas de paz y de inteligencia no lo hayan podido reconocer y apresar, como los periodistas finalmente lo hacen. La historia, sin embargo, es más compleja porque hay otras razones por las que HUND necesita encontrar a “EL ZORRO”, el victimario cruel de una guerra genocida.

Spring Break in Bosnia (La sombra del cazador): el actor de 58 años interpreta al periodista Simon Hunt, un corresponsal de guerra, que durante el conflicto en Bosnia-Herzegovina (1992-1995) sufre un ataque emocional en cámara que acaba con su carrera. Tras cinco años, Hunt regresa a Sarajevo y convence a su antiguo cameraman, Duck (Terrence Howard), de entrevistar al mayor criminal de guerra de esos años, "El zorro", basado en Radovan Karadzic, buscado aún por cargos de genocidio contra los musulmanes bosnios. La historia se complica aún más cuando son confundidos con agentes de la CIA y la cacería se vuelve una misión más que riesgosa en medio de una población serbo-bosnia, que protege celosamente al peligroso fugitivo.



LAS NOTICIAS: LA VERDAD

La detención llega muy tarde, pero por fin Radovan Karadzic está entre rejas. Nunca recuperaremos a nuestros seres queridos. Mientras los demás viven, aquí seguimos buscando huesos para enterrar a los muertos. Y sí, está muy bien que arresten al que fue el jefe de la banda, pero ¿qué pasa con tantos otros Karadzic que tenemos por aquí?". Hatidia Mehmedovic, que ronda los 60 años, llevaba mucho tiempo esperando ver la detención del psiquiatra ultranacionalista que robó sus sueños y los de decenas de miles de personas en la guerra de Bosnia-Herzegovina (1992-1995). El Tribunal Internacional de La Haya para la antigua Yugoslavia (TPI-Y) tiene el encargo de sentarle en el banquillo, juzgarle y, con toda probabilidad, condenarle, algo de lo que la muerte libró a su mentor Slobodan Milosevic. Ella, que perdió al marido y dos hijos en aquella ensoñación criminal, pone hoy toda su rebosante vitalidad al servicio de su causa: que haya justicia. Y que al menos los muertos descansen por fin en paz. Pese a tantos sinsabores, sus nuevos sueños empiezan a tener ahora visos de hacerse realidad.


El asedio -medieval pero con armas modernas- fue obra de un poeta mediocre, cuyo rencor al medio literario que lo menospreció le llevó a bombardear con saña, desde el comienzo mismo del cerco, el edificio -y, con mayor puntería, el piso- del crítico que expresó sin rodeos su desdén por la ínfima calidad de sus poemarios. De un bardo resentido que, abanderando la supuesta causa patriótica, se convirtió en el eficaz artillero que bombardeaba a diario la odiada ciudad en la que convivían musulmanes, ortodoxos, católicos y judíos, símbolo de ese cosmopolitismo y pluralismo étnico y cultural que desmentían su pretensión de una identidad homogénea e impermeable al paso de los siglos. De un asesino proclamado por la ultranacionalista Iglesia Ortodoxa Serbia "Hijo Predilecto de Jesucristo", y por su hermana Helena, "Hijo de la Iglesia Griega". De un "respetable estadista" -"parte ineludible del conflicto"- recibido con honores en una Unión Europea que se resistió a aceptar hasta el fin la neta distinción entre verdugos y víctimas. De un protegido bajo mano por personalidades de la comunidad internacional y sus representantes en Bosnia -Unprofor y unos negociadores cuyo fiel de la balanza se inclinaba siempre de su lado-, encabezadas por el presidente francés François Mitterrand. De un demagogo nacionalista para quien, lo cito, "la historia, si no es nuestra, no debe existir".

Esa inexistencia condujo a la siniestra limpieza étnica negada, maquillada, empequeñecida y disculpada por jefes y oficiales de alto rango, que amparaban con su silencio el genocidio del que fui testigo y que merecerían figurar por sus méritos en una historia universal de la infamia. Los nombres de estos cómplices o Pilatos acuden de pronto a mi memoria, pero me asquea el simple acto de escribirlos. Las verdades ocultadas tras una aparente neutralidad informativa, los hechos escamoteados -como la no distribución de alimentos a la población sitiada, la existencia de prostíbulos con prisioneras musulmanas para uso de los militares de Unprofor, el registro humillante de los periodistas a quienes se prohibía sacar la correspondencia de los asediados más allá del límite irrisorio de cinco cartas, el registro de sus maletas en la base de la OTAN en Aviano (Italia)...-, componen una larga lista de vilezas y de afrentas que me resisto a enumerar. Baste evocar que la noticia de la matanza de 8.000 varones musulmanes en Srebrenica, en el enclave supuestamente protegido por la ONU -exculpada incluso por un negociador japonés-, se retuvo por espacio de 40 días y que fue una triste primicia del periódico en el que escribo estas líneas el día siguiente al que entrevisté a unos supervivientes de aquel horror.
Imaginar que dicho silencio cómplice no iba a tener un precio, era vivir fuera del planeta. La fractura abierta entre Occidente y el Islam -incubada por el fracaso de las sociedades musulmanas a subirse al tren de la modernidad- se ensanchó entonces. Centenares de defensores de la justísima causa bosnia se transformaron en yihadistas que de Bosnia, pasando por Chechenia, se integraron en las filas del islamismo radical de Argelia para agruparse luego en las de Al Qaeda. Por no poner fin con rapidez al sitio de Sarajevo -¿hubiera durado éste 40 meses si los asediadores hubieran sido musulmanes y los asediados cristianos?-, se habría evitado tal vez la barbarie de los atentados de Nueva York, de Londres y de Madrid.
El bardo-tirador fugitivo durante 10 años a la justicia internacional contó con la complicidad de un ultranacionalismo obtuso para el que seguía siendo un héroe. Habrá que conocer ahora a quienes lo albergaron en monasterios ortodoxos y le brindaron una eficaz protección contra la que se estrellaron los esfuerzos de la ex fiscal del Tribunal Internacional de La Haya Carla del Ponte.
El monje curandero barbudo que ha aparecido esta semana en los servicios informativos de la televisión internacional deberá rendir cuenta, al fin, de sus crímenes de guerra y contra la humanidad. Falta aún en el juicio su compadre Mladic, el carnicero de Srebrenica que arengó a las aterrorizadas mujeres del enclave con un ignominioso "y ahora vais a tener el honor de ser las esposas de mis valientes soldados" en las narices del coronel de Unprofor con quien brindó con champaña. La paz y la reconciliación en los Balcanes serán posibles entonces, pero el juicio de los culpables no resucitará a las 130.000 víctimas de la limpieza étnica ni devolverá al circuito de la palabra escrita el tesoro consumido por las llamas en el incendio de la Biblioteca. Juan Goytisolo

miércoles, julio 23, 2008

324. ENCENDER CANDELAS

Alguien ocupa el lugar. Lo ocupa legítimamente. Reina en el territorio, aunque se encargue de demarcarlo permanentemente. Vigila, pregunta, advierte, castiga. Defiende la propiedad privada como cosa exclusiva. Tiene argumentos y razones. Las exhibe y las recuerda.
Y es verdad, a veces, uno anda por la vida encendiendo candelas adicionales, por las dudas, para no quedarse sin luz. No le basta que brille la luz principal, que lo ilumine todo, que todo lo satisfaga: prefiere asegurarse con candelas adicionales.
Y entonces aparece un llamado, un correo, un mensaje. Nada serio, nada comprometedor, nada seguro, pero un tanto ambiguo. Como si uno entornara la puerta y la dejara casi abierta, o casi cerrada como a la espera. No dará ningún salto, no golpeará, no saldrá al pasillo, pero la puerta juega con apertura, ese hilo de luz o de aire o de libertad.
Y entonces, un llamado, una visita, una mirada, algunas palabras, ciertas insinuaciones se convierten en encendedores de candelas o en sus alimentos naturales... especialmente cuando - en otro lugar del mismo pasillo y en la misma noche - alguien también deja la puerta entreabierta, sin cerrar, tentadora, como esperando. Sólo se trata de dar el primer paso, atreverse: luego, todo está permitido.
Tiene razón: alguien ocupa el lugar y anda visitando las noches y los pasillos cerrando todas las puertas, asegurándose de que no haya grietas, ni tentaciones, ni oportunidades. Para dormir tranquila y disfrutar del territorio.

323. ¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?

La noticia - ya conocida y divulgada en otros países – no deja se sorprender. ¿Se trata de prostitutas que eligen algún eufemismo para presentarse y deciden hacer estudios universitarios o se trata de menesterosas estudiantes universitarias que optan por la prostitución como un medio legítimo de vida para mantenerse y solventar tus estudios?
¿El fin que persiguen es compartible con los medios elegidos? Si la educación representa una verdadera promoción de la persona, ¿se puede optar por la prostitución como forma para alcanzarlo? ¿Tiene algún sentido este tipo de comercio cuando se trata de jóvenes que pueden elegir otras formas de vida y de trabajo, más compatibles con sus aspiraciones y futuras? ¿O se trata, simplemente, de una forma mas refinada de prostitución que para lograr incrementar los ingresos cultiva el perfil de las mujeres que se ofrecen con presuntos o reales estudios universitarios?

Aunque parezca extraño, el último grito de la moda capitalista es el auge de los servicios de agencias de acompañantes y el turismo sexual acrecientan el fenómeno de las prostitutas universitarias. En los últimos años, jovencitas con proyectos profesionales, buenas familias, varios idiomas en su CV y maratónicas sesiones de gimnasio marcan tendencia en el negocio de la prostitución VIP. La “doble vida” es sinónimo de pesos; en el mundo y, por supuesto, en la Argentina.

Según un informe elaborado y difundido en los medios, las chicas que posan en las vitrinas de los portales VIP apenas llegan a los 30 y su perfil psico-físico-cultural puntúa mucho más arriba de la media del ambiente. Trabajan en forma independiente, gran parte de ellas estudian carreras universitarias, manejan varios idiomas y cuidan su "presencia" como si fueran verdaderas modelos de televisión. “Transmiten que son lindas y que, además, pueden hacerte quedar muy bien en una cena de negocios"
Sus clientes son personas con altos cargos y poder adquisitivo elevado. Muchos son extranjeros, pero también hay empresarios exitosos de nuestro país. “El turista busca compañía por uno o más días completos y paga en dólares. El cliente local, en cambio, contrata servicios cortos”. En ambos casos, se busca pasar un momento agradable con la seguridad de que obtendrán exactamente lo que contrataron por medio del sitio. Generalmente, los lugares para la cita son elegidos por ellas. “Puede ser en el hotel o en su propio departamento también, pero no todas pueden o quieren acondicionarlo para recibir a un cliente de estas características entonces prefieren hacer servicios a domicilio”.Actualmente, cuatro de cada diez prostitutas de agencia son universitarias y hasta respetan características similares: provienen de buenas familias, mantienen un nivel de consumo alto, se pagan los estudios en universidades privadas, hablan un buen nivel de inglés y tienen vidas sociales normales, que mantienen intactas más allá de sus actividades "extracurriculares". “Todas dicen que serán prostitutas por un tiempo, pero en muchos casos, quedan pegadas... aún con su titulo bajo el brazo”.
Según declaraciones: “Mañana, por ejemplo, voy a la facultad a rendir un parcial y a buscar unos apuntes y después, a eso de las 19, recién arranco con el trabajo”, dice, enchufadísima. Se calma. Sabe que “trabajar” para ella significa prostituirse y, por eso, empieza a contar su historia con un poco más de cautela: habla de los altos precios que cobra (entre 400 y 1500 la hora “depende el señor”) comenta que sus clientes son “caballeros” con los que, muchas veces, terminan hablando de sus respectivas profesiones.

De la misma manera que – en el futuro – dispondrán de una “cartera de clientes” en sus respectivas profesiones, también aquí el cuidado ejercicio de la prostitución (con el uso de curioso y atractivos eufemismos) genera una selección de clientes a los que se atiende periódicamente muchas veces con pagos y recompensas adicionales (viajes, vacaciones, regalos o recomendación para algún trabajo). De esta manera quien presta el servicio y los usuarios se aseguran seguridad, confidencialidad, refinamiento y atención de primer nivel.

sábado, julio 12, 2008

322. SUEÑOS Y CULPA

La película de Woody Allen, “El sueño de Cassandra” es una proyección de sí mismo y de la presencia de la culpa que fluye de manera creciente. Hay un momento en el relato en que todo es posible, porque ante los dos hermanos que comparten tiempos y aventuras (entre ellos el barco recién adquirido: CASANDRA) se abre el futuro y que los riesgos puede encontrar en la propuesta que le realiza el tío, hermano de la madre, es una salida saludable. Como toda tentación, hay un momento de convencimiento, de auto o mutuo convencimiento, de engaño racional y justificatorio de la ciencia. Pero cuando se traspasa una línea, la delgada línea roja de una acción que no puede regresar atrás, ya no hay vuelta atrás.

Hay acciones, en la vida, que permite compensaciones, regresos, vuelta atrás, reconciliaciones, disculpas, heridas que se sanan… pero hay otras que no admiten regresos: lo hecho, hecho está… y no se puede volver atrás (por ejemplo, una violación o un crimen) Casandra es un barco, símbolo de los sueños de dos hermanos, Ian y Terry, quienes tienen diversos motivos para necesitar mucho dinero y aceptan cometer un crimen como forma de “pagar” los regalos y las ayudas del tío. Ian, parece capaz de todo por su ambición; Terry, en cambio, debe resolver sus problemas deudas con el juego. Los dos hermanos, están interpretados de manera excelente por Ewan McGregor (Ian) y Collin Farell (Terry). Aquí se contraponen dos visiones opuestas de una misma persona. Ian, en un principio parece que es más sensato y más comedido que Terry, un ejemplo a seguir.

Pero cuando los hechos se consuman y el dinero aparece, se acallan los interrogantes de la conciencia, Ian quiere mantener lo hecho y ser fiel a lo acordado y Terry se desbarranca bajo la voz y el peso de la culpa. Los diálogos son los propios de las películas de W. Allen, pareciera que él mismo el que se apropia de los personajes y habla a través de ellos. T
erry el chico jugador, desprolijo y malo, es el que más dudas tiene a la hora de matar y el que más se arrepiente después de haberlo hecho. Es decir, aquí se enfrentan dos fuerzas, por un lado, las falsas apariencias y la codicia (Ian) y por otro lado el arrepentimiento y la culpa (Terry).

El tema retoma la culpa después del crimen que se respiraba en “Macht Point”: pero allí el azar jugaba una pasada favorable y tenía la virtud de desplazar el tema de los hechos del campo de la ética al campo de la ley: “si no me descubren no seré culpable”. Aquí - ¿W. Allen arrepentido – la ley no descubre nada, sino que es la conciencia moral la que intenta llegar con datos a la ley: entregarse a la policía es visto como una forma de expiación.

Obvio que “El Jugador” y “Crimen y Castigo” de Dostoiewski es lo que se respira en el fondo de una historia que tiene desarrollo y final inesperado.

miércoles, julio 09, 2008

321. DE PRONTO, MI PADRE

No sé por qué hoy. Pero apareció hoy en mi. Y reconocí una enseñanza de mi padre que - a su modo - me ha ayudado a hacerme quien soy. Siempre digo que, cuando sufro algún contratiempo, un fracaso, una derrota, un revés, una respuesta o una decisión que no me agrada, soy como el boxeador a quien le han pegado un golpe justo, se ha tambaleado, ha comenzado a caer, pero quiere seguir luchando. Sé que esperaré en el suelo, arrodillado la cuenta reglamentaria, pero con la conciencia dispuesta a seguir la pelea, a continuar la lucha. No me dejo vencer. Nunca.
Hay un hecho lejano que - ¿por azar? - apareció hoy. El 6 de enero de 1975 mientras viajábamos en auto por la autopista Rosario - Santa Fe en un Renault 6 verde, una maniobra desafortunada de un conductor que cruzó su auto y su casa rodante en la mitad de la ruta, produjo un choque de graves consecuencias. Creo que fue la única vez que tuve un choque. Aun recuerdo el lugar: frente a la isla de servicios del automóvil club y del YPF. Yo manejaba y no sufrí golpe alguno, pero quienes me acompañaban sufrieron diversas heridas y golpes con consecuencias diversas. Cuando debimos organizar el duro regreso a casa, convirtiendo las minivacaciones en una condena, llamé a mi padre que llegó muy rápidamente al lugar y que me ayudó a resolver todo lo que se podía resolver. Sobre todo, se tomó todo el tiempo para traernos a los pasajeros y el equipaje nuevamente a casa, a pesar de que estábamos muy lejos, mientras los diversos servicios nos traían el auto seriamente averiado.
Ya por la noche, optamos por retornar juntos a la ciudad y a la casa que nos esperaba. Yo seguía conmocionado por lo sucedido; sobre todo me sentía responsable de los eventuales daños causados. Y allí apareció mi padre. Con pocas palabras y mínimos comentarios: cuando pasamos la ciudad de Rosario y tomamos la autopista me dijo: "Tomá, seguí manejando vos. Es la única forma en que no vas a recordar lo que pasó".
Ahora a la distancia, me había dado esa lección que yo trasladé a todos los campos: hay que reaccionar, sobreponerse, volver. Es la única manera de vivir y de vencer.
Mi padre murió en el 83 y no pudo compartir muchos buenos momentos de mi vida, especialmente aquellos en los que - sobrepuesto a alguna contrariedad - lograba conquistar lo que ansiaba. Y me hubiera gustado decirle que él era también responsable de todos esos logros. Pero, a veces, en la vida, hay cosas que llegan demasiado tarde. Y no es posible.

320. LA FUERZA DEL AMOR + GORZ




El 22 de septiembre del 2007 Dorine y André se inyectaron una sustancia letal y partieron juntos. La muerte del filósofo ha conmovido a los franceses, que hoy saben cuánto André quería a Doreen, a pesar de la marcha inevitable y pesada del tiempo y la enfermedad. "Pronto tendrás 82. Te has encogido seis centímetros y sólo pesas 45 kilos, y sigues siendo hermosa, con gracia, deseable", confiesa en una carta. (…) "Hemos vivido juntos durante 58 años y te amo más que antes. Llevo en mí, en el pecho, un vacío que devora, que solo puede llenarse con la tibieza de tu cuerpo junto al mío", recita.
André Gorz no quiere quedarse atrás, no soporta la posibilidad punzante de vivir sin su compañera de toda una vida. “A veces, en la noche, veo la silueta de un hombre caminando detrás de una carroza a lo largo de un camino desierto y un paisaje desierto. Yo soy ese hombre. No quiero asistir a tu cremación, no quiero recibir tus cenizas en un recipiente", se duele el anciano enamorado.
Lettre a D. Historie d' un Amour (Cartas a D. Historia de un Amor) reúne esa lista de confesiones tiernas y elocuentes. Gorz las publicó poco después de enterarse de que Dorine estaba enferma, pero recién hoy se ha convertido en un bestseller, que supera sus análisis del fin de proletariado o sus estudios de las relaciones laborales.
A los 83 años, el otoño pasado, esa carta de amor comenzaba con una confesión muy bella: “Acabas de cumplir 82 años. Sigues siendo tan bella, graciosa y deseable como cuando te conocí. Hace cincuenta años que vivimos juntos; y te amo más que nunca. Hace días te dije que había vuelto a enamorarme de ti. Y tu vida desbordante me hace feliz, abrazando tu cuerpo contra el mío”. Seguían ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidas de melancolía, ante la contemplación de dos niños, dos jóvenes, un hombre y una mujer que siempre habían vivido condenados al destierro. Ella era una inglesa que hizo su vida en París. Él era un judío austriaco que consagró su vida a soñar un mundo nuevo que solo terminó encontrando en el cuerpo de la mujer que amó, Dorine. A lo largo de su Carta a D., André Gorz pasa revista a su vida en común. Y advierte que fueron una pareja de solitarios, apátridas, sin tierra, sin familia. Y en esa tierra de nadie del amor fiel, André y Dorine terminan por encontrar la patria inmaterial de un amor que va más allá de la muerte. André y Dorine discuten, cuenta él, la posibilidad de suicidarse. Están solos. Y la muerte, escribía André Gorz, sería para ellos una nueva tierra prometida, donde continuarían amándose.
Es una larga carta en la cual el filósofo francés comienza cuestionándose las razones por las cuales su esposa estuvo tan poco presente en su obra siendo que era la persona más importante de su vida y sin quien su obra probablemente no habría tenido el impacto que tuvo por todo lo que ella lo apoyó y ayudó.


"Necesito reconstruir la historia de nuestro amor para captar todo su sentido. Gracias a ella, somos lo que somos, uno por el otro y uno para el otro. Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos."


"Eras el complemento de la irrealización de lo real, incluido yo mismo, algo en lo que me empleaba desde siete un ocho años atrás mediante la actividad de escribir. Para mi eras la portadora de la puesta entre paréntesis del mundo amenazante donde yo era un refugiado de ilegítima existencia, cuyo porvenir nunca se prolongaba más allá de tres meses."