viernes, noviembre 28, 2008

343. LA EDUCACION EN EL OTRO BLOG

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26 Nov 2008 15:53
109. Docentes, ¿profesionales, trabaj...
26 Nov 2008 12:41
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23 Nov 2008 22:28
105. Hay cosas que nos obligan a cambiar
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15 Nov 2008 08:22
103. Para los docentes que recién se ...
09 Nov 2008 21:01
102. Proyecto distinto + propuesta
09 Nov 2008 10:37
101. ¿Políticamente incorrecto?
02 Nov 2008 21:34
100. Rueda de opiniones
02 Nov 2008 09:15
099. ¿Dónde están los Ministros de Ed...
26 Oct 2008 11:37
098. ¿Enseñar filosofía?
26 Oct 2008 11:34
097. Otra manera de ser docentes
19 Oct 2008 20:06
096. Familia y escuela: realidad o co...
19 Oct 2008 19:58
095. Ser docente: uno elige.
19 Oct 2008 19:28
094. El Placer de Enseñar, a pesar de...
05 Oct 2008 11:03
093. Los 180, 185 o 190 días de clase
04 Oct 2008 21:14
092. Escuela y nuevas tecnologías
28 Sep 2008 19:25
091. Ignorantes y analfabetos
28 Sep 2008 11:19
090. Verdades para discutir
28 Sep 2008 11:16
089. ¿Educación Superior? ¿Universidad?
19 Sep 2008 11:25
088. Esos días antes de la Fiesta del...
11 Sep 2008 12:50
087. Feliz día a los "maestros"
06 Sep 2008 23:37
086. ¿Para que sirven las Escuelas No...
28 Ago 2008 13:43
085. Una clase, una obra y esa violen...
22 Ago 2008 09:05
084. ¿Padres de hoy o familias de antes?
22 Ago 2008 08:34
083. ¿Para qué vamos a la escuela?
22 Ago 2008 08:23
082. ¿Alumnos de hoy o estudiantes de...
22 Ago 2008 08:20
081. ¿Docentes de hoy o maestros de a...
22 Ago 2008 08:13
080. ¿Escuela de hoy o escuela de antes?
17 Ago 2008 11:09
079. ¿Violencia escolar? ¿Mucho, poco...
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078. Demanda lógica
10 Ago 2008 17:51
077. ¿En todos lados? ¿Síntoma o cont...
27 Jul 2008 18:46
076. ¿Qué escuela necesitamos?
23 Jul 2008 08:56
075. Límites
23 Jul 2008 08:45
074. Universidad: ¿El fin justifica l...
18 Jul 2008 12:34
073. Otra mirada: ¿éxitos, al margen ...
13 Jul 2008 09:36
072. ¿Aulas y docentes del futuro?
13 Jul 2008 08:53
071. Lo que nos pasa: tragicómico o g...
11 Jul 2008 07:12
070. Lección del pasado (Alberdi)
09 Jul 2008 10:04
069. Despedida, profesión y autoridad
03 Jul 2008 16:50
068. Una clase de historia, agresione...
28 Jun 2008 10:05
067. ¿Qué valor tiene la educación?
27 Jun 2008 18:15
066. Padres, familias, escuelas
27 Jun 2008 18:05
065. El necesario aporte de los padres
21 Jun 2008 22:05
064. La joven vida de Juno + interrog...
15 Jun 2008 10:28
063. ¿Con qué escuela y con qué docen...
15 Jun 2008 10:20
062. Calidad de la educacion, ¿tema o...
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061. Educación y escuela: tareas pend...
08 Jun 2008 10:07
060. La difícil tarea de educar
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01 Jun 2008 11:25
058. Adolescentes: palabras y verdades
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31 May 2008 19:33
056. Voces de nuestros días: la escuela
31 May 2008 17:38
055. Un clásico, muy actual
26 May 2008 08:36
054. ¿Educación Obligatoria? ¿Escuela?
25 May 2008 12:05
053. ¿Escuela como frontera?
17 May 2008 20:19
052. ¿Qué enseñamos?
11 May 2008 09:42
051. Un día como todos
09 May 2008 07:49
050. Educar: el sentido de los límites
04 May 2008 10:13
049. Palabras y hechos
27 Abr 2008 10:40
048. Violencia: ¿decir o hacer?
20 Abr 2008 10:54
047. Educación y escuelas: discursos ...
13 Abr 2008 11:57
046. Hablar, pensar, imaginar
11 Abr 2008 09:13
045. Escuelas: demandas, compromisos ...
09 Abr 2008 15:44
044. ¿Realidad o construcción?
05 Abr 2008 20:48
043. ¿Escuelas violentas o adolescent...
02 Abr 2008 09:52
042. Escuela y sociedad
30 Mar 2008 09:44
041. Pensé que mi hijo iba a estar se...
29 Mar 2008 10:46
040. Nueva muerte en la escuela
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039. Escuela, docentes y nuevas tecno...
09 Mar 2008 23:54
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25 Feb 2008 08:33
033. La escuela: fugacidad y encuentro
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032. De la homogeneidad a la diversid...
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031. El placer de enseñar y de aprend...
18 Feb 2008 10:44
030. Nueva educación: diez propuestas

342. HECHOS, RECUERDOS, CULPA



GUS VAN SANT fue el director de DESCUBRIENDO A FORRESTER, de ELEPHANT y ahora de PANAROID PARK. Aunque uno lo conozca o lo descubra después de haber visto la última película, hay una continuidad de “historias adolescentes” que marcan su estilo… pero – además – el juego de antes y después, de presente y pasado, de miradas diversas de los mismos hechos, de juego con las cámaras y los diversos formatos de filmación recuerdan a ELEPHANT. El casting fue enteramente con actores no profesionales (lo mismo se hizo con el protagonista de Descubriendo a Forrester) y se hizo a través de la página web MySpace.com. La película fue rodada en varios formatos desde 35mm. a Super 8. La forma de ser de los adolescentes que recorren estas películas es siempre el mismo: ensimismado, en sus mundos, ajenos al universo adulto, en sus entretenimientos (basket, skateboard o skate), creando sus propios microcosmos. Algunos dicen que los filmes de Van Sant no son aptos para mayores de 40 años, porque no se sienten identificados con la problemáticas actuales ni les resulta cómoda la óptica descriptiva. La dirección en la que se suceden los conflictos no es lineal y el punto de vista del narrador cambia de primera a tercera persona sin previo aviso como si se trata de pura esquizofrenia adolescente. Pero son películas que no deberían ser ajenas a aquellos que trabajan con adolescentes. Los adultos – en esta película – son los grandes ausentes: apenas se asoman a la vida de un adolescentes y de los adolescentes que puede sobrevivir sin su presencia y sin su control: la madre, el padre, el tío, el guardia muerto, el policía, el profesor de ciencias… Casi todos está des-enfocados: se los muestra parcialmente, como si la cámara los tomara sin querer y desde un lugar o con un cuadro que no permite conocer de quién se trata. El resto del mundo es soledad y adolescentes: no hay otro mundo que valga la pena Y allí, sí, la cámara se demora en los rostros, las palabras, los gestos… No hay salto o comunicación entre ambos mundos. Ni siquiera llega a haber conflictos: los adultos saben que los adolescentes tienen su mundo; los adolescentes suponen lo mismo de los grandes.

Origen: Francia y USA.Año: 2007.Duración: 85 min.Interpretación: Gabe Nevins (Alex), Dan Liu (detective Richard Lu), Jake Miller (Jared), Taylor Momsen (Jennifer), Lauren McKinney (Macy), Olivier Garnier (Cal), Scott Green (Scratch), Winfield Henry Jackson (Christian), Dillon Hines (Henry), Brad Peterson (Jolt).Guión: Gus Van Sant; basado en la novela de Blake Nelson.Producción: Marin Karmitz, Nathanaël Karmitz, Neil Kopp y David Cress.Fotografía: Christopher Doyle y Rain Kathy Li.Montaje: Gus Van Sant.Dirección artística: John Pearson-Denning.Vestuario: Chapin Simpson.


Para el análisis:
01. Registro de los hechos, de la gravedad de los hechos, del recuerdo de los hechos. Alex acepta el desafío de un extraño (con quien comparte circunstancialmente la pista de skayte) que lo invita a subirse a uno de los trenes de carga para viajar furtivamente en él. No tiene necesidad de hacerlo, no es su costumbre, ni su mundo: es solamente el juego del azar lo que lo lleva a aceptar la propuesta... un guardia de seguridad de los trenes lo descubre y Alex trata de sacárselo se encima pegándole con su patineta. El guardia siente el golpe, pierde el equilibrio y cae sobre la otra vía cuando pasa otro tren. La figura del guardia cortado en dos y tratando de sobrevivir es algo impactante. Alex tiene conciencia de lo hecho: tira su patineta al río, se cambia la ropa en casa de su amigo, se baña, tira la coba en un cubo de basura... y trata de descansar para olvidar. A la mañana siguiente, despierta con necesidad de saber si realmente todo ha psado y por eso termina leyendo extrañamente el diario en una cafetería. Pero luego el hecho se olvida, desaparece, se silencia, no existe... hasta que un policía del distrito llega hasta la escuela a interrogar a los chicos que practican skateaboar. De alguna manera los hechos existen y no existen, son y no son, según se los despierte y se los presente.
02. Sentido de la culpa: presencia o ausencia. Conciencia culposa. A partir de ese "descubrimiento" (acusación, preguntas indiscretas, fotos), el hecho reaparece en la conciencia, pero no aparece la culpa. Ha pasado algo grave, desagradable, pero no hay necesidad de tomarlo así. El diario que escribe trata de ponerle memoria a los hechos... ya que la verdad se va cambiando o negociando según conveniencia y con una tranquilidad manifiesta.
03. Confesión: ante quien y con quien. Con-fianza, confesar. Alex necesita desde el primer momentos¡ "confesar" lo que ha hecho. Hay un llamado frustrado a su padre, llamado que queda registrado. Luego intenta decirle algo a las chicas con las que se cruzan... pero no sabe bien con quien debe hacerlo. Al final, una amiga que intuye que algo oculta, le dice que es necesario sacarse la culpa, confesando y que para confesar basta con confiar en alguien, escribir una carta - por ejemplo - y decir lo acontecido. Allí se remedian todos las culpas. No hay reparación necesaria, no hay otras demandas.
04. El juego de las mentiras y la imperturbabilidad de la ficción. Cuando el policia, el amigo, la novia, la madre, el padre le preguntan algo sobre lo acontecido, Alex construye con absoluta naturalidad diversas versiones de lo real. Permanece imperturbable. Algo de lo que dice es cierto, pero todo lo demás es mentira, y sobrevive jugando con estas ambigüedades.
Es difícil pensar en una generación que no toma conciencia de lo que hace, le resta gravedad, sabe olvidar, desconoce consecuencia, no esta dispuesta a asumir culpa, cargo y consecuencias... y puede sobrevivir sin ninguna culpa. Es todo un desafío, para disfrutir la vigencia de la moral y de los principios éticos que la animan.
PROPUESTA
Viendo las obras del Director, sería interesante trabajar en un proyectos o Ciclo de cine sobre la base de problemática adolescente. Mas allá de los contenidos, de los "códigos" adolescentes... la estética del director y la capacidad de interpretación por parte de los adultos, representa todo un desafío.

martes, noviembre 25, 2008

341. LA MUERTE DE UN MAESTRO

He perdido a un maestro que fue muy significativo para mí. Hacía tiempo que ya no lo veía y no estaré en el momento de la despedida. Pero no puedo dejar de recordar lo que de alguna manera le debo, porque lo llevo en mi.

01. A los que consideramos nuestros maestros les atribuimos algo más allá de los saberes que disponen. Algo que desborda o no coincide con tal o cual saber, ni con el saber en sí, sino con un saber que nos conviene, que nos dice algo de nosotros, de nuestras historias. Como si se tratara de un saber construido para sernos dedicado, para ser compartido por nosotros y permitirnos, de este modo pensar y vivir.


02. El derecho a pensar sin condicionamiento no se traduce en un derecho a decir cualquier cosa, sino en la responsabilidad de dejar abierto un debate que no renuncie a la crítica: en este sentido, “se hace escuela”, pero esto no coincide con ningún edificio concreto, ni se localiza en alguna geografía en particular. Una escuela se hace allí donde alguien recuerda y vuelve a crear las palabras del maestro.


FRIGERIO GRACIELA, ACERCA DE LO INENSEÑABLE (DERRIDAS)

domingo, octubre 26, 2008

340. DIFERENCIAS

Somos responsables de nuestras acciones. No de todas, pero de las mas importantes. Sobre cada una de ellas pesa una valoración. Nuestros actos nos identifican, somos los que hacemos, quedan las huellas de nuestras decisiones.
Hay actos que podemos regresar, corregir, enmendar, volver a hacer, pasar a limpio: una mentira puede volverse verdad, un agresión puede volverse reconciliación y un gesto de amor, un robo, reconocimiento y devolución, una negativa convertirse en un acercamiento, una desobediencia mutar en un acto de aceptación, un desvío en un regreso. La culpa y la conciencia se convierten en rectificación de la conducta, en vuelta atrás, en vida nueva.
Hay actos que no admiten regreso: amar a una persona, matarla, violar su intimidad, un beso apasionado con quien hemos intentado un acercamiento que parecía imposible, la entrega amorosa en una noche sin control o con todos los controles, un embarazo, un aborto, no salvar a alguien que necesita de nuestra ayuda, un acto de tortura, tener un hijo. No todos estos actos son o valen lo mismo, no todos puede encuadrarse en el mismo esquema o cuadro, pero comparte la calificación: están allí para quitarnos posibilidad de regreso, marcan un antes y un después, en cierto sentido nos hacen perder nuestra virginidad. Y la pérdida de la virginidad no tiene regresos.
Y muchas veces, los actos son fruto de deliberaciones y decisiones... pero muchas otras, se producen porque sí, sin que casi, lo pensemos. Y qué humanos somos en todo esto: humano, demasiado humano, definitivamente humano.

339. DE VEZ EN CUANDO LA VIDA


Puede ser un día de lluvia. O un día de sol. Un lunes que amenaza con su aburrimiento o uno de esos viernes de sol en que es una obscenidad esta trabajando detrás de las ventanas. Puede ser una noche, cuando el trabajo ya nos ha transformado en una barca maltrecha que sale a la busca del puerto mas cercano. Puede ser rápidamente, veloz, sin anunciarse. O puede ser un lento recorrido que finalmente encuentra su final. Pero allí esta, para sorprendernos, la vida. De vez en cuando la vida se hace una pausa, nos regala el milagro, nos sobresalta y no nos deja en paz.

Y entonces, ni la lluvia, ni el sol, ni los lunes, ni los viernes, ni las noches, ni la barca, ni los puertos vuelven a ser los mismos.

Lo curioso es que no hay agendas, no hay calendarios, no hay programas, no hay certezas: es todo riesgo, azar, destino, misterio, milagro. Y uno debe saber si ése es el barco, si aquel es el tren, si se trata de la bahía soñada, si podemos iniciar el camino, si alguien nos aguarda en la otra neblinosa orilla. Algo o alguien nos cambiará por siempre. Hay un momento, un instante (a veces repetidos en un tiempo cíclico que goza en volverse sobre sí) en que somos todo y no somos nada.

Y cuando saltamos, cuando damos el paso, cuando nos atrevemos, ya no hay regresos. La vida es eso: el total atrevimiento en el único gesto que nos concede, o hundirnos sin destino en un tiempo sin dimensiones.

domingo, septiembre 21, 2008

338. PASADO


Es invierno y el frío se intenso porque el viento de sur parece meterse entre la ropa y hacerse sentir mas. Bajo del colectivo que me trae de una ciudad cercana. Vengo de trabajar con sectores desprotegidos y debo recorrer las 5 ó 6 cuadras que me llevan desde la avenida hasta el lugar en donde me alojo.

Camino por la calle de un barrio residencial en el que los Funcionarios provinciales tienen sus cómodas casas: las luces que se asoman por las ventanas entreabiertas, los sonidos, la música, el bullicio me trae el eco de otro mundo.

"Es un mundo burgués", me digo... "y quisiera no tener que desear ese mundo, ni vivir pendiente de esas cosas"... y cierro los oídos y los ojos mientras el frío de la noche del sur me castiga mas que nunca.

La semana siguiente seguirá la misma sensación de imposibilidad y de rechazo.


Ha pasado demasiado tiempo. He regresado un par de veces y no encontré ni la calle, ni el frío, ni los habitantes de las casas, ni aquel adolescente que vivía de ideales que terminó negociando pragmáticamente con la supervivencia y con los años.

Y creo que finalmente, soy yo el que está adentro de aquellas casas.

337. LA CUESTION HUMANA


La cuestión humana (La question humaine)Francia, 2007, 143’. Director: Nicolas Klotz. Con: Mathieu Amalric, Laetitia Spigarelli y Michael Lonsdale.

Son muchas las cuestiones que quedan flotando después de ver la película francesa (2007) LA CUESTION HUMANA. En realidad no se trata de una historia lineal, simple, que suite un eslabón más a las película vinculadas con el mundo del trabajo como fueron: RECURSOS HUMANOS, EL EMPLEO DEL TIEMPO, LA CORPORACION y EL METODO, y la histórica TIEMPOS MODERNOS.
Es mucho más: SIMON es un psicólogo institucional especializado en Recursos Humanos que se dedica a la selección del personal y a los proceso de re-estructuración de las empresas con dificultades financieras (eufemismo cuya traducción remite a : expulsión de los obreros y empleados que ya no le sirven a la empresa, especialmente aquellos que le provocan problemas y pérdidas). Es un profesional notable por su rendimiento y su capacidad. Sereno, frío, calculador, solitario, sin vínculos afectivos estables, sin familia parece dispuesto a todo. Lo recuerdan especialmente por sus entrenamiento “al límite” con los altos ejecutivos para forzarlos al rendimiento en situaciones extremas… y por su capacidad de expulsar y dar de baja a los alcohólicos y drogodependientes con la aceptación del sindicato.
De pronto, la vida de Simón se ve sacudida por un pedido que lo pone en medio de varios juegos. Un alto ejecutivo de la empresa alemana de productos químicos que tiene una filial importante en Francia, le solicita que observe y evalúe al CEO de la empresa, a su ejecutivo estrella, a quien dirige la filial, al que ha sido responsable de pilotear la crisis, reducir el personal y superar – con éxito – una situación muy difícil.
En la búsqueda del presente y del pasado de ese hombre extraño, silencioso, de pocas palabras, amante de la música, con una vida familiar cruzada por la muerte del hijo, comienza a descubrir demasiadas cosas que terminan por desequilibrarlo psicológica y físicamente: olvidos, lagunas, enojos, violencia, desmayo, desganas, ausencia.
Y allí la película nos regala lo impensado: (1) el juego de las acusaciones cruzadas, (2) la imposibilidad de armonizar “la cuestión humana” con la ganancia de la empresa, la atención de las personas con las necesidades de las personas, (3) el sentido, el valor, la importancia de las palabras que se vuelven biselares: "La lengua es un poderoso medio de propaganda, el más público y el más secreto: se filtra en la carne y la sangre de las personas ; (3) el pasado no ha desaparecido: los dos ejecutivos que se cruzan celándose y controlándose provienen indirectamente del pasado nazi con el que guardan curiosas relaciones que – de modos diversos – alguien obliga a recordar: (4) la analogía entre el exterminio nazi con respecto a los Judíos con los detalles técnicos de su ejecución para lograr con el menor costo la mayor cantidad de ejecuciones… con el “exterminio” neoliberal y globalizado que excluye, mata, se saca del medio a quienes pueden no servir ya al sistema o – aunque valiosos – simplemente sobran en un mundo que amenaza con ser mas pobre y sólo para exclusivos; (5) esa soledad que atraviesa a todos los personajes que parecen envueltos en sí mismo, imposibilitados de establecer puentes hacia los otros (especialmente Simón): (6) un particular lenguaje fílmico: lento, oscuro, con imágenes que se dibujan en la sombras y que obligan al espectador a forzar la vista para poder “ver” lo que no se puede ver, con imágenes, sonidos, rostros, voces que se insinúan detrás de columnas, rostros, miradas oblicuas.
ES una película para pensarla mucho y para debatirla toda: hay una escena que particularmente sobresale: cuando SIMON lee la carta en la que se acusa al Padre del Ejecutivo investigado de haber sido un técnico de la Ejecución de los Judío (ese cálculo técnico nos hace pensar en la película La Conspiración, que trata la reunión histórica en la que se debate la “solución final”) y su “lectura interior” de los criterios que como técnico en recursos humanos debe aplicar para exterminar a los que no sirve en la empresa a la que sirve.
No es extraño que un periódico haya iniciado su comentario con estas preguntas: Cómo definir la compleja materia de La cuestión humana si abarca muchísimo más que la descripción rigurosa, fría y cautivante de los mecanismos y los comportamientos que rigen una gran empresa contemporánea como la que es escenario central de la acción? ¿Cómo ceñirla a las peculiaridades de un género cinematográfico si el registro puede ser realista, casi documental o deliberadamente estilizado? ¿Cómo ignorar lo fantástico y su efecto iluminador e inquietante cuando con él los espectros de la historia regresan y se espejan en inequívocas escenas de hoy? ¿Cómo no advertir que por debajo de la intriga y la tensión del thriller psicológico-policial se hace visible la intención de releer el sentido de las acciones del presente a la luz de ciertas claves históricas? ¿Y cómo permanecer indiferente al lúcido estudio del lenguaje como potente arma ideológica que el film aborda frontalmente cuando detecta el perturbador paralelo que se dibuja entre los procedimientos del fascismo y los del liberalismo más exacerbado?

domingo, septiembre 14, 2008

336. EMPIRISMO, MIRADAS Y PECADOS

No era la misma ventana. Desde mi lugar de trabajo, merodeando entre los empiristas ingleses del siglo XVI y del siglo XVIII, entre libros, apuntes, fotocopias y las pantallas de las computadoras, llegaban los movimientos del piso de abajo, del edificio de la izquierda. La pareja estaba allí celebrando un encuentro programado. No los conocía. Nunca lo había visto, pero las caras se recortaban contra los vidrios de las ventanas cuando él la abrazaba desde atrás y recurría con sus besos su cuello, su nuca, su espalda. Creo que cuando comenzaron a desprenderse de la ropa ya se había ido a una habitación interna y yo había regresado a un cuadro en el que comparaba el recorrido de los diversos términos que atraviesan el planteo gnoseológico de los ingleses y ponen en cuestión los problemas metafísicos.
Estaba cerrando el cuadro, cuando me levanté a buscar un libro de mi biblioteca y me asomé a la ventana. Allí estaba ella: allí estaba la vecina de la casa. A ella sí la había visto un par de veces y hasta nos habíamos saludado: estaba intentando entrar al departamento, pero la llave se lo impedía. La veía observando por los vidrios de las puertas que - aunque opacos - permitía divisar el interior. No sé lo que vio, pero vio mucho porque yo operaba como el Dios de Boecio (previdente, al menos) : ellos estaban tratando de vestirse apresurados, de cerrar las puertas, de ordenar la ropa, de volver a una normalidad imposible. Me quedé atrapado por la escena, porque mi mirada (sartreana) le quitaba libertad a los amantes, pero mas poderosa que nunca, le quitaba libertad a la mujer que sometía con sus miradas a los infieles. Hay un juego de miradas que se cruzaban y el destino crucificaba por cierto a quienes se reconocían des-cubiertos, mirados, condenados.
Finalmente la puerta se abrió y la mujer entró furiosa, con gritos que se imaginaban, aunque . por la lejanía - no se oían. Yo jugaba con las distancias y con las miradas: un libro de Hume, mi propia ventana que pedía una limpieza, los furtivos amantes descubiertos que se habían dividido, la mujer que avanzaba, y la vida que seguía con su ritmo infernal en las calles.
Ignoro como terminó todo. Hoy que tengo entre mis manos los escritos de ese día, me viene a la memoria esa imagen que se asoció a la trama de las impresiones, las ideas, el inmaterialismo, la sustancia, la existencia o la imposibilidad de Dios, el tratado de la visión, esse est percipi, las desventuras del pensamiento... me asomo y veo las ventanas cerradas, muy cerradas, y mínimos movimientos. En varios lugares deberán estar re-escribiendo decisiones e historias. Es mejor refugiarse en el pensamiento.

viernes, septiembre 12, 2008

335. ¿HISTORIA?

“No me escribas mas, Eloisa, no me escribas mas; que ya es tiempo de poner fin a una correspondencia que hace infructuosas nuestras mortificaciones. No nos alucinemos: mientras nos lisonjee la idea de nuestros placeres pasados nuestra vida será tormentosa, y no gustaremos de las dulzuras de la soledad. Principiemos a hacer buen uso de nuestras austeridades, y no conservemos memorias criminosas entre los rigores de la penitencia. Suceda a nuestro descarrío la mortificación de cuerpo y espíritu, un ayuno exacto, una soledad continua y sin intermisión, meditaciones profundas y santas, y un amor perpetuo y entrañable hacia nuestro Dios justo y misericordioso. Procuremos llevar la perfección religiosa a un punto a que no pueda llegarse sin dificultad: que es bien haya en el cristianismo algunas almas tan desprendidas de la tierra, de las criaturas, y de sí mismas, que parezcan independientes del cuerpo en que habitan, y le traten como a su esclavo.” (CARTA DE ABELARDO A ELOISA)

sábado, septiembre 06, 2008

334. LAS MANOS Y SUS LENGUAJES




Auguste Rodin (1840-1917) se embarca en la radical transformación de la escultura como se conocía hasta entonces en un momento en el que hay una ruptura de las costumbres y prejuicios. Rompe con los cánones clásicos y propone todo un mundo marcado por el erotismo, y esta tendencia se acentúa en los últimos años de su actividad creativa. Las manos eran uno de los temas favoritos del artista. Cuentan que tenía montones de ellas en su taller. De todos los tamaños y de ambos sexos. En esta escultura se puede apreciar la influencia de Miguel Ángel en el tipo de bases que utiliza para sus piezas. Son soportes que dan una idea de inacabado, la idea de que hay obras que quedan deliberadas sin terminar (non finito) porque el artista se reserva el momento de la conclusión, conclusión que puede llegar o no. Rodin como artista moderno, inventa una estética del fragmento, en que las partes faltan voluntariamente, estatuas sin terminar que quedan hundidas en la materia, lo que Rodin llama "el efecto de piedra". Su taller en Meudon impresiona mucho a los visitantes: es como sí una tempesta violentíssima hubiese destruido la obra de un dios, y solo quedan pedazos, pero la paradoja es que si las estatuas estuvieran terminadas, el conjunto no tendría la misma plenitud.

Alguien – que lo observa trabajar – testimonia: "Que bello es observarlo cuando trabaja. El conjunto de relaciones que sus ojos mantiene con la arcilla. Me parece que veo todos los trayectos de su mirada, trayectos seguros, rápidos, que forman en el aire una red donde la cosa se engancha cada vez más. Y como entonces todo se vuelve a ser un : el y la cosa, su cosa "

Observando las manos de Rodin uno encuentra un encuentro de dos, un diálogo, un acercamiento. No importa donde están los cuerpos porque las manos ya son suficientes para el diálogo que se inicia a partir de la sensibilidad que generan, de encuentro que suponen. Hay algo de abrazo, de caricia, se insinuación, de búsqueda

Pero a su vez, las manos parecen una estructura que se yergue, que se eleva buscando el cielo, por eso son un símbolo de las catedrales (cuyo título se observa en las referencias de 1908). Las manos expresan la armonía de las formas: en los cuerpos vivos resulta del contrabalance de las masas que se desplazan, por eso las catedrales están construidas sobre el modelo de los cuerpos vivos. .
Esta es una de las esculturas más conocidas de Rodin. Unas delicadas y estilizadas manos, esculpidas en piedra, que se abrazan suavemente y cuyos dedos apuntan hacia el cielo (quizá de ahí deriva su nombre). Algunos hablan de manos en actitud de oración (a mí no me lo parece) y de la fascinación que Rodin sentía por las catedrales francesas. Aunque este es el punto de vista que muestran la mayoría de las fotos, lo interesante es girar alrededor y verlas desde todos lo ángulos, lo que permite descubrir que son dos manos derechas idénticas, en realidad la misma en simetría especular, que inician el gesto de enlazarse.

No acostumbro a sacar fotos a las manos. Pero me gustan las manos, el encuentro de las manos, el valor de las manos… Y tengo ciento de fotos de iglesias, de catedrales, del lenguaje de las estructuras edilicias… ahora puedo verlas como manos que tratan de acercarse al cielo, se juntarse con las otras manos, de unirse para rezar o para amar o para el encuentro: las manos representan la puerta de todos los encuentros.

lunes, septiembre 01, 2008

333. LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA


Todos estamos, de alguna manera, dentro de una escafandra, ahogándonos en el interior, sin poder comunicarnos, con una sobrecarga de palabras y mensajes que nos atraviesan pero que no podemos pronunciar. Por las mirillas sólo se ven nuestros ojos que se mueven buscando, buscando, emitiendo señales, tratando de decirles a todos que estamos vivos, que queremos hablar, decir cosas… pero para eso es necesario que estén cerca nuestros, con posibilidad y capacidad de de-codificar los mensajes… Allí estamos, una parte de la vida o toda la vida. Y cuando más dentro de la escafandra nos sentimos, cuando nuestro interior se siente más aprisionado… la imaginación nos convierte en mariposa, y volamos queriendo bebernos de golpe toda la libertad. Toda.


Cuando las primeras escenas de la película nos muestra a la cámara que observa como si fueran los ojos de Jean Dominique, el hombre que han sufrido una parálisis general, vamos lentamente descubriendo que lo que suponemos un control médico se convierte en una tortura: entendemos todos, escuchamos todos, pero no podemos hablar, no podemos pronunciar palabras, estamos absolutamente paralizados… y a partir de allí se des-envuelve toda la historia y todas las historias de la película.


LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA: Dirección: Julian Schnabel.País: Francia.Año: 2007.Duración: 112 min. Interpretación: Mathieu Amalric (Jean-Dominique Bauby), Emmanuelle Seigner (Céline Desmoulin), Marie-Josée Croze (Henriette Durand), Anne Consigny (Claude), Patrick Chesnais (doctor Lepage), Niels Arestrup (Roussin), Olatz Lopez Garmendia (Marie Lopez), Jean-Pierre Cassel (Lucien), Marina Hands (Joséphine), Max Von Sydow (Papinou), Isaach de Bankolé (Laurent), Emma de Caunes (Eugenia). Guión: Ronald Harwood; basado en el libro "La escafandra y la mariposa" de Jean-Dominique Bauby.Producción: Kathleen Kennedy y Jon Kilik. Música: Paul Cantelon. Fotografía: Janusz Kaminski.Montaje: Juliette Welfing.


Hasta 1995, Jean-Dominique Bauby era un importante periodista que llevaba una vida normal y se desempeñaba como redactor jefe de la revista francesa Elle. Nada hacia preveer que, ese año, el hombre de 43 años sufriría una embolia masiva que lo dejó en coma. Veinte días después de ese episodio, Bauby salió del estado en el que se encontraba pero el cuadro detectado fue drmático: “síndrome de cautiverio”,. Había quedado paralizado de forma total, sin poder moverse, ni comer, ni hablar ni respirar sin asistencia. Sólo podía comunicarse a través del parpadeo de su ojo izquierdo y tuvo que resignarse a utilizar su imaginación y su memoria para no quedar atrapado para siempre en su propio cuerpo.
Para lograr que Bauby pudiera finalmente expresarse con su ojo, lo sometieron a una capacitación en un hospital de Berk-Sur-Mer, donde le enseñaron un código basado en las letras más comunes del alfabeto. Ése fue el método utilizado por él para dictar un libro que había prometido escribir (aunque no con ese título ni con ese contenido): La escafandra y la mariposa, una novela que no pudo disfrutar su autor debido a que la muerte lo sorprendió el 9 de marzo de 1997, tres días antes de que se distribuyera el libro. La película – impecable y muy creativa – está Inspirada en la novela homónima.


Toda la historia de la película muestra su limitado “regreso a la vida” en un hospital naval de Berk-Sur-Mer, le enseñan un código usando las letras más comunes del alfabeto utilizando el parpadeo de su ojo izquierdo. Mediante este parpadeo es capaz de deletrear letra a letra concienzudas palabras, frases y párrafos. Mediante este método es capaz de dictar una profunda aventura dentro del psique humano. Este método es capaz de abrir la prisión que resulta su cuerpo (la escafandra) permitiéndole planear sin límites el reino de la libertad (la mariposa). Hay algunos mínimos retazos del tiempo pasado que se suman a las fotografias que tapizan su habitación para acompañar su recuerdo: el día del accidente, el auto nuevo, la separación de su mujer, su vida en la revista, la paradisíaca vida con su nueva mujer (que se resiste a visitarlo y a verlo en semejante estado y prefiere recordarlo con vida), la relación con su padre (con quien tiene un diálogo extraordinario acerca de ese estar atrapado en algún lugar: en el cuerpo, en las habitaciones o en la vida).

Entre las muchas escenas curiosas que se puede observar, la relación inter-subjetiva que se establece está atravesada por una insalvable asimetría: Bauby es visto como un “vegetal”, como un cuerpo humano sin reacciones, porque ese ojo que se mueve en medio de un rostro deforme y un cuerpo inservible parece no existir, no ser. Cuando las bellas enfermeras y terapistas se asoman para anunciarles los diversos tratamiento no llegan a “verlo” como sujeto… pero para él, para ese interior intacto que piensa e imagina, siguen teniendo el mismo atractivo, el mismo encanto que han tenido las mujeres de su vida. Ese yo interior que discurre sin poder comunicarse es nuestro yo en miles de momentos de nuestra vida: tarde o temprano podemos expresarnos, hablar… aquí en cambio, solamente el ojo izquierdo podrá trabajosamente dar a conocer - traducidos en palabras – sus pensamientos.

He aquí algún fragmento de la obra pensada y dictada en pleno encierro interior, y publicada poco antes de su muerte:

EL VEGETAL

"El 8 de junio hará seis meses que empezó mi nueva vida. Vuestras cartas se acumulan en el armario, vuestros dibujos en la pared, y como no puedo responder a todos, se me ha ocurrido estos samizdats para relatar mis días, mis progresos y mis esperanzas. Primero quise creer que no había pasado nada. En el estado de semiinconsciencia que sigue al coma, me veía pronto de regreso en el torbellino de París, simplemente flanqueado por un par de bastones."

Tales eran las primeras palabras de la carta que a finales de la primavera decidí enviar desde Berck a mis amigos y conocidos. Dirigida a unos setenta destinatarios, esta misiva levantó cierto revuelo y reparó un tanto los perjuicios causados por los rumores. La ciudad, ese monstruo de cien bocas y mil oidos que no sabe nada pero que lo cuenta todo, había decidido, en efecto, ajustarme las cuentas. En el café de Flore, uno de los campamentos base del snobismo parisino desde donde se lanzan los chismes como palomas mensajeras, algunos íntimos habían oído a unos cotillas desconocidos mantener el siguiente diálogo con la glotonería del buitre que descubre a una gacela despanzurrada. "¿Sabías que B. se ha convertido en un vegetal?", decía uno. "Por supuesto, estoy al corriente. Un vegetal, en efecto, un vegetal." La palabra "vegetal" debía resultar agradable al paladar de esos augures, pues había reaparecido varias veces entre dos bocados de tostada con queso fundido. En cuanto al tono, se sobreentiendía que sólo un necio podía ignorar que en lo sucesivo yo tendría más que ver con el comercio de verduras tempranas que con la compañía de los hombres. Estábamos en tiempos de paz. No se fusilaba a los portadores de malas noticias. Si quería probar que m potencial intelectual seguía siendo superior al de un salsifí, sólo podía contar conmigo mismo.

Así nació una correspondencia colectiva que prosigo mes tras mes y que me permite mantenerme en comunión con aquellos a quienes quiero. Mi pecado de orgullo produjo su fruto. Aparte de algunos irreductibles que guardan obstinado silencio, todo el mundo comprendió que podían reunirse conmigo en mi escafandra, aunque a veces ésta me arrastre a los confines de tierras inexploradas.

Recibo algunas cartas notables. Las abren, las desdoblan y me las colocan ante los ojos según un ritual que se ha establecido con el tiempo y que confiere a la llegada del correo el caracter de una ceremonia silenciosa y sagrada. Algunas no carecen de gravedad. Me hablan del sentido de la vida, de la supremacía del alma, del misterio de toda existencia, y por un curioso fenómeno de inversión de las apariencias, son aquellos con quienes había establecido las relaciones más triviales los que más abordan estas cuestiones esenciales. Su ligereza enmascaraba un alma profunda. ¿Acaso estaba ciego y sordo, o bien se requiere la luz de una desgracia para que un hombre se revele tal como es?

Otras cartas refieren en toda su simplicidad los pequeños hechos que subrayan el paso del tiempo. Son rosas cogidas a la hora del crepúsculo, la indolencia de un domingo lluvioso, un niño que llora antes de dormirse. Captados del natural, esos retazos de vida, esas bocanadas de felicidad me conmueven más que ninguna otra cosa. Ya se trate de de ocho líneas o de ocho páginas, ya procedan del lejano Levante o de Levallois-Perret, guardo todas esas cartas como un tesoro. Un día me gustaría pegarlas por los extremos para formar una tira de un kilómetro, que flotaría al viento como una oriflama a la gloria de la amistad.Eso alejará a los buitres. (101 – 104)

La silla

Nunca había visto tantas batas blancas en mi pequeña habitación. Las enfermeras, las auxilia­res, la fisioterapeuta, la psicóloga, la ergoterapeu­ta, la neuróloga, los internos y hasta el jefe supre­mo de servicio, todo el hospital se había desplazado para la ocasión. Cuando entraron empujando el artefacto hasta mi cama, lo primero que pensé fue que un nuevo inquilino venía a tomar posesión del lugar. Instalado en Berck desde hacía varias semanas, cada día rozaba un poco más el umbral de la conciencia, pero no imaginaba qué nexo podía haber entre una silla de ruedas y yo.
Nadie me había bosquejado un cuadro exacto de mi situación, y a partir de chismorreos reco­gidos aquí y allá, me forjé la certeza de que no tar­daría en recuperar el gesto y la palabra.
Mi mente errabunda concebía incluso mil pro­yectos: una novela, viajes, una obra de teatro y la comercialización de un cóctel de frutas de mi invención. No me pidáis la receta, la he olvidado. Se apresuraron a vestirme. «Es bueno para la moral», dijo sentenciosamente la neuróloga. Y en efecto, después de la bata de nailon amarillo, me habría encantado embutirme en una camisa a cuadros, unos viejos pantalones y una sudade­ra informe, si no hubiera supuesto una pesadilla ponérmelos. O más bien verlos deslizarse, tras no pocas contorsiones, por ese cuerpo flácido y desarticulado que ya sólo me pertenecía para hacerme sufrir.
Cuando por fin estuve listo, pudo comenzar el ritual. Dos tíos me cogieron por los hombros y los pies, me alzaron de la cama y me depositaron en la silla sin grandes miramientos. De simple enfermo había pasado a ser un discapacitado, al igual que en los toros el novillero se convierte en torero cuando le dan la alternativa. No me aplau­dieron pero casi. Mis padrinos me hicieron dar la vuelta a la planta a fin de comprobar que la pos­tura sedente no provocaba espasmos incontrola­bles, pero me mantuve inmóvil, ocupado en cali­brar la brutal devaluación de mis perspectivas de futuro. Sólo tuvieron que afianzarme la cabeza con un cojín especial, pues cabeceaba a la mane­ra de esas mujeres africanas a las que se retira la pirámide de aros que desde hace años les estira el cuello. «Se adapta usted bien a la silla», comentó la ergoterapeuta con una sonrisa que pretendía dar un carácter de buena noticia a sus palabras, si bien a mis oídos sonaron como un veredicto. De golpe entreveía la espantosa realidad. Tan cega­dora como un hongo atómico. Más acerada que la cuchilla de una guillotina. Se fueron todos, tres auxiliares volvieron a acostarme, y no pude evitar pensar en esos gánsteres del cine negro que se esfuerzan en meter en el maletero de su coche el cadáver del entrometido cuyo pellejo acaban de acribillar. La silla quedó en un rincón, con aire de abandono, y mis ropas arrojadas sobre el res­paldo de plástico azul oscuro. Antes de que de­sapareciese la última bata blanca, le indiqué con un gesto que pusiera la tele, bajita. Daban «Cifras y letras», el programa favorito de mi padre. Des­de la mañana, una lluvia pertinaz resbalaba por los cristales de la ventana.

LA ORACION

Después de todo, el episodio de la silla ha resul­tado saludable. Ahora las cosas están más claras. He dejado de concebir planes ambiciosos y he libe­rado de su silencio a los amigos que levantaban una afectuosa barrera a mi alrededor desde mi accidente. Puesto que el tema ya no es tabú, hemos empezado a hablar del locked-in syndrom. En pri­mer lugar, se trata de una rareza. No es que supon­ga un gran consuelo, pero existen tantas proba­bilidades de caer en esa trampa infernal como de ganar el bote acumulado de la Loto. En Berck, sólo dos presentamos los síntomas, y aun mi LIS* está puesto en tela de juicio. Cometo el error de poder pivotar la cabeza, lo que en principio no se halla previsto en el cuadro clínico. Como la mayoría de los casos son abandonados a una vida vegetativa, se conoce poco la evolución de esta patología. Sólo se sabe que si al sistema nervioso le da por volver a ponerse en marcha, lo hace al ritmo de un cabello que creciera a partir de la base del cerebro. Corro, pues, el riesgo de que trans­curran algunos años antes de que consiga mover los dedos del pie.
De hecho, es en lo tocante a las vías respirato­rias donde cabe buscar eventuales mejorías. A lar­go plazo, uno puede confiar en recuperar una ali­mentación más normal, sin el recurso de la sonda gástrica, una respiración natural y algo del alien­to que hace vibrar las cuerdas vocales.
Por el momento, me sentiría el más dichoso de los hombres si llegase a tragar convenientemente el exceso de saliva que invade mi boca de mane­ra permanente. Aún no se ha hecho de día, cuan­do ya me ejercito en deslizar la lengua contra el velo del paladar a fin de provocar el reflejo de tragar. Además, he dedicado a mi laringe las bol­sitas de incienso que cuelgan de la pared, exvotos traídos de Japón por amigas viajeras y creyentes. Es una piedra más del monumento de acción de gracias erigido por mis allegados al capricho de sus peregrinaciones. En todas las latitudes habrán invocado en mi nombre a los espíritus más diver­sos. Intento poner algo de orden en ese amplio movimiento de las almas. Si me anuncian que en aras de mi curación han encendido unos cirios en una capilla bretona o salmodiado un mantra en un templo nepalí, de inmediato asigno un obje­tivo preciso a tales manifestaciones espirituales. Así, he confiado mi ojo derecho a un morabito camerunés comisionado por una amiga con obje­to de asegurarme la mansedumbre de los dioses africanos. Para los trastornos de la audición, cuen­to con las buenas relaciones que una suegra de corazón piadoso mantiene con los monjes de una congregación de Burdeos. Me dedican con regu­laridad sus rosarios, y yo me dejo caer a veces por su abadía para oír cómo los cánticos suben hacia el cielo. No puede decirse que por el momento haya dado un resultado extraordinario, pero cuan­do siete frailes de la misma orden fueron dego­llados por extremistas islámicos, me dolieron los oídos durante varios días. Sin embargo, tan ele­vadas protecciones no son sino fortificaciones de barro, murallas de arena, líneas Maginot, com­paradas con la pequeña oración que mi hija Céles­te reza todas las noches a su Señor antes de cerrar los ojos. Como nos dormimos más o menos al mismo tiempo, me embarco hacia el reino de los sueños con ese maravilloso salvoconducto que me libra de todo mal encuentro.

EL BAÑO

A las ocho y media llega la fisioterapeuta. Con silue­ta deportiva y perfil de moneda romana, Brigitte viene a poner en movimiento mis brazos y pier­nas, dominados por la anquilosis. Eso se llama «movilización», y esta terminología marcial resul­ta risible cuando se constata la delgadez de la tro­pa: treinta kilos perdidos en veinte semanas. No contaba con semejante resultado al empezar un régimen ocho días antes de mi accidente. De paso Brigitte comprueba si se produce algún estreme­cimiento que presagie una mejoría. «Intente apre­tarme el puño», me pide. Como a veces abrigo la ilusión de que puedo mover los dedos, concentro mi energía a fin de triturarle las falanges, pero nada se mueve, y ella deposita mi mano inerte en el cua­drado de gomaespuma que le sirve de escenario. De hecho, los únicos cambios conciernen a mi cabeza. Ahora puedo girarla noventa grados, y mi campo visual va desde el tejado de pizarra del edi­ficio contiguo hasta el curioso Mickey de lengua colgante dibujado por mi hijo Théophile cuando aún no me era posible entreabrir la boca. A fuer­za de ejercicios, hasta la fecha hemos llegado al punto de lograr introducir en ella una pajita. Como dice la neuróloga: «Se requiere mucha paciencia.» La sesión de fisioterapia termina con un masaje facial. Brigitte me recorre con sus dedos tibios todo el rostro, la zona yerta, que me sugiere la consis­tencia del pergamino, y la parte inervada, en la que al menos puedo fruncir una ceja. Como la línea de demarcación pasa por la boca, sólo esbozo medias sonrisas, lo que se adecua bastante bien a las fluc­tuaciones de mi estado de ánimo. Así, un episo­dio doméstico como el aseo cotidiano puede ins­pirarme sentimientos encontrados.
Un día me resulta divertido que a mis cuaren­ta y cuatro años me laven, me den la vuelta, me limpien el trasero y me pongan los pañales como a un niño de pecho. En plena regresión infantil, obtengo incluso con tales manejos un vago pla­cer. Al día siguiente todo ello se me antoja el col­mo del patetismo, y una lágrima surca la espuma de afeitar que un auxiliar extiende por mis meji­llas. En cuanto al baño semanal, me sume a un tiempo en la congoja y la dicha. El delicioso momento en que me sumerjo en la bañera pron­to se ve sustituido por la nostalgia de los prolon­gados chapuzones que constituían el lujo de mi primera vida. Provisto de una taza de té o un whisky, de un buen libro o una pila de periódicos, permanecía largo rato en remojo accionando los grifos con los dedos del pie. Pocas veces soy tan cruelmente consciente de mi situación al evocar tales placeres. Por fortuna, no tengo tiempo de pensar demasiado en ello. De inmediato me devuelven tiritando a mi habitación sobre un por­taenfermos tan cómodo como una tabla de faquir. Debo estar vestido de pies a cabeza a las diez y media, listo para bajar a la sala de rehabilitación. Como me niego a adoptar el infame estilo jogging recomendado por la casa, vuelvo a mi ropa de estu­diante chapado a la antigua. Al igual que ocurre con el baño, mis viejos chalecos podrían abrir dolorosos caminos en mi memoria. Sin embargo, en ello veo más bien un símbolo de que la vida continúa. Y la prueba de que aún deseo seguir sien­do yo mismo. Puestos a babear, tanto da hacerlo sobre cachemira.

domingo, agosto 17, 2008

332. ESTADO DE ANIMO


Siempre me he sentido un simple arroyito, aunque a veces finja ser un torrente enloquecido que baja de la montaña y se hace pedazos contra las piedras. A pesar de que así me vean o me imaginen. Siempre he sido apenas un yuyito que nace, intruso, en las uniones de los viejos adoquines, con una existencia precaria y un destino incierto. Y en estos días estoy, allí, en el medio del río, navegando sin saber hacia donde. Se hace de noche y la barca da vueltas, y los remos no saben, esperan mis manos, mis decisiones... miro el sol, el sol sobre el río. Es otoño. No hace frío. Escucho voces que llaman desde las orillas y sé que hacia algún lugar debo ir, hacia algún lugar, pero la barca no me lleva, sólo me espera y todas las direcciones son posibles. Los ojos se me duermen mirando el poniente y esa noche que avanza inundando se sombras el paisaje. Nadie me despierta y yo sigo así paralizado, casi muerto. Los remos se han dormido en mis manos o mis manos en los remos.
De pronto, brilla una luz, la primera tal vez o la que primero divisan mis ojos cansados… y lentamente me pongo en marcha. No sé como ni cuando ni a donde llegaré. Alguien más debería estar en esta barca, para avanzar tomados de los mismos remos.

domingo, agosto 10, 2008

331. LOS FALSIFICADORES


Aunque el libro de Lawrence Malkin (El falsificador de Hitler. La estafa nazi y los prisioneros del bloque 19) se presenta como la primera historia sobre el tema, mencionando que entre 1942 y 1945 los prisioneros falsificaron un total de 132 millones de libras esterlinas, el equivalente al 15 por ciento de la moneda de curso legal en circulación entonces en Inglaterra e incluyendo la historia personal de muchos de sus protagonistas, con fotografías, planos y reproducciones de los documentos falsificados, la película LOS FALSIFICADORES (Die fälscher) está basada en la novela autobiográfica de uno de los que vivieron la historia: Adolf Burger (The devil’s workshop), un militante comunista judío eslovaco que pasó dos años de su vida en el “taller del diablo”, ya que con este nombre se conocía la imprenta secreta en el corazón del campo de concentración de Sachsenhausen donde junto con otros 139 tipógrafos judíos fabricó divisas y documentos falsos para los espías nazis.

“Los falsificadores” relata la historia de Salomon Sorowitsch, insigne falsificador y bohemio. Tras su confinamiento en un campo de concentración alemán en 1944, aceptó colaborar con los nazis en la mayor operación de falsificación de billetes de la Historia, con la que se pretendía contribuir a la financiación de la guerra. Durante los últimos años del conflicto, cuando el Reich veía cercano su final, las autoridades decidieron imprimir sus propios billetes de las divisas de sus principales enemigos (libras, dólares) y lo hicieron con una perfección admirable. Con aquel dinero falso pretendían hundir las economías de los países rivales y al tiempo llenar sus propias arcas, vacías por la guerra. En el campo de concentración de Sachsenhausen, dos barracones fueron aislados del resto de las instalaciones y del mundo exterior para ser transformados en perfectos talleres de falsificación. Así nació la denominada Operación Bernhard. Los barracones especiales se transformaron en un taller de falsificación perfectamente equipado. Al grupo de prisioneros que debían llevar a cabo la operación se les trataba bien, poniendo a su disposición comida, ropa, camas, atención médica y duchas, siempre que colaborasen y consiguiesen el objetivo en el tiempo marcado. La mayoría de ellos provenían ya de otros campos de concentración y habían sobrevivido hasta ese momento al horror más aberrante e inhumano. La jaula de oro que ahora se les ofrecía planteaba una encrucijada moral para muchos: ¿debían sobrevivir como les dictaba el instinto a pesar de ayudar a sus asesinos?


Dirección: Stefan Ruzowitzky.Países: Alemania y Austria.Año: 2007.Duración: 98 min.Género: Drama.Interpretación: Karl Markovics (Salomon Sorowitsch), August Diehl (Adolf Burger), Devid Striesow (Herzog), Martin Brambach (Holst), August Zirner (Dr. Klinger), Marie Bäumer (Aglaia), Dolores Chaplin (mujer pelirroja), Veit Stübner, Sebastian Urzendowsky (Kolya), Andreas Schmidt (Zilinsky), Tilo Prückner (Viktor Hahn).Guión: Stefan Ruzowitzky; basado en el libro "The devil's workshop" de Adolf Burger.Producción: Josef Aichholzer, Nina Bohlmann y Babette Schröder.Música: Marius Ruhland.Fotografía: Benedict Neuenfels.Montaje: Britta Nahler.Vestuario: Nicole Fischnaller.

Aunque la película no juzga, y son los mismos personajes los que manifiestan sus contradicciones, sus miedos y sus arrepentimientos, hay un interrogante ético que recorre la historia y que encarnan SALOMON (que está dispuesto a todo) y BURGER que quiere mantener sus principios y no colaborar con quienes ejercer un poder absoluto, matando a todos. Todo el clima siempre es opresor, porque transcurre en pequeñas habitaciones, con dilogos bajos y personajes que obviamente viven oprimidos, sin saber que les ha pasado a sus familiares, y sin tener la certeza absoluta con respecto a su propio presente y futuro. La violencia sigue siendo la misma aunque enmascarada por el interés que tienen en el resultado del trabajo.


Detrás de los TANGOS mas tradicionales (especialmente MANO A MANO, muy adecuado para el inicio y el final de la película) en grabaciones de HUGO DIAZ, se ocultan las discusiones ideológicas que ponen en riesgo la operación. SALOMON afirma que no es momentos de discusiones o de sabotajes porque son simples condenados a muerte que tienen en la operación su salvación. BURGER cree que los principios no se negocian y que han sido las negociaciones y las concesiones las que han instalado a Hitler y al nazismo en el poder. Curiosamente SALOMON es el mas solidario con quienes sufren o se han cansado de vivir. ¿El fin mas digno (salvar la vida propia y ajena) justifica los medios (colaborar con el enemigo y poner en riesgo a los países que deberán salvar a los prisionero judíos)? Puede ser un debate teórico: en la historia se trata de un debate existencial. O morir o sobrevivir, pero siempre pagando un precio. SALOMON será el héroe que salvará a todos cuando los billetes falsificados lleguen a manos de los jefes nazis… BURGER el héroe de la resistencia, que se atrevió a desafiarlos, retardando la aparición de la ansiada falsificación de los dólares.

330. CLAUSTROS INVISIBLES


Cuando se habla de las sociedades disciplinarias, se menciona el triple encierro de las estructuras de las mismas (cárcel, sanatorio, manicomio, ejército, escuela). En realidad el modelo es monacal: el monje está encerrado en su celda, en el ámbito en que comparte trabajo u oración con la comunidad, y el muro que divide al monasterio del mundo. La salida de estas estructuras es casi imposible, sin autorizaciones que las legitimen.

A veces, las personas viven encerrados en claustros invisibles que lo protegen, le otorgan seguridad, pero lo encierran. Y resulta difícil sacarse ese encierro: reconocerlo, reconocer los muros, imaginar la salida. A veces es necesaria la presencia de un iluminador, de un derrribador de muros, de alguien con la totalidad de las llaves, los permisos, los salvoconductos. Uno puede vivir toda la vida encerrado en esos claustros que no dejan ver sus muros, que se tornan visibles cuando alguien nos lo señala, los hace sona, los golpea... y frecuentemente, y a pesar del descubrimiento, no hay intención de salir, de liberarse.

Un trabajo, un lugar, una profesión o ese pantanoso territorio de los afectos en donde el presunto amor se puede convertir en una costumbre y la costumbre edificiar año a años, ritual a ritual el claustro invisible que nos impide ser feliz. Y para siempre.

329. CULPA

Observo los noticieros de la jornada. Una descontrolada defensora de los militares insulta a los jueces y a los funcionarios al concluir un juicio por la violación de los derechos humanos (1976 - 1983) durante la dictatura, en los Tribunales Federales de Corrientes. Cambio: un octogenario ex-general Bussi - en los tribunales de Córdoba - es retirado por una descompensación y, finalmente, con asistencia respiratoria logra pronunciar su propio alegado o palabras finales, antes del veredicto. Va pasando por todos los registro: seguro, violento, amenazante, lloroso, quebrado, inseguro, olvidadizo. Presto atención a sus palabras: juicios injustos, cruce de la justicia con ideologías y políticas, mención del territorio demarcado como ámbito de guerra, guerra justa, muertes justas. No hay amenazas sino quejas. Y repetición de conocidos argumentos.
Lo veo, casi al borde de una muerte que seguramente no será lejana, y pienso: tal vez hubiera sido oportuno que este juicio se hubiera producido en la década del 80 (no es posible que el mismo sujeto juzgado haya sido democráticamente elegido como gobernador y representante), para que las heridas comenzaran a cerrar un poco... pero mas allá de ello, en medio de las quejas y reivindicaciones que quisiera expresar en ejercicio de sus legítimos derechos... ¿no hay una mínima expresión de culpa, de pena, de arrepentimiento? ¿No existe la posibilidad de dirigirse a los familiares de las víctimas para reafirmar sus (condenables) convicciones pero al mismo tiempo pedir perdón por esas desapariciones y esas muertes que tanto mal le hicieron a los afectos y al país? Aun esgrimiento el ejercicio de una justicia que le reconozca la legitimidad de lo actuado... ¿no puede haber un salto ético hacia la una relación intersubjetiva que pide humanamente perdón por los inhumanos medios empleados?.
Cuando finalmente se queda sólo: ¿pensará que algo ha sido mal hecho? ¿que alguna culpa se tiene de todo lo que se menciona?. Lo miro nuevamente: creo que no. Y pienso: que lejos que estamos de alcanzar los niveles de humanidad que necesitamos.

miércoles, julio 30, 2008

328. LABERINTO


Siempre es triste la verdad. Por algún motivo siempre nos sorprende. No sé si tiene remedio. La verdad que descubrimos o la verdad que revelamos. La verdad que exhibimos o la verdad que nos arrancan desde una puerta clausurada. No va a ser fácil silenciar el viernes 25 y el tránsito veloz de algunos minutos en el reloj... o la eternidad del 29 con la necesidad de hablar y de callar, de decir y de frenar cada una de las palabras. No es fácil. Me podrán decir que uno psicológicamente sale a la búsqueda de la revelación, del descubrimiento, del riesgo, pero yo me resisto a aceptarlo. Prefiero seguir navegando en un mar sin nubes, en un universo sin amenazas. Porque de pronto se cae todo, todo amenaza con derrumbarse, todo se somete a discusión, se clausuran las puertas, se cierran los candados, uno siente que cae y cae sin que haya un fondo en donde finalmente reposar. Quiero un poco de fondo!

No lo sé. Debatiéndome en un estrecho laberinto me choco contra las paredes sin poder salir, y sin saber si quiero salir, si puedo salir, si vale la pena salir.

Cuál es el anverso y el reverso de este universo borgiano. Allí cerca alguien demanda la fidelidad a lo prometido alguna vez y mezclan los derechos con el desconsuelo. Un poco mas lejos, la entrega total me reclama la misma entrega

Y por un momento las palabras se ciegan en la garganta, se resisten, se pierden, se quedan sin pensamiento. O es el pensamiento que no encuentra las palabras. O la decisión que se resiste a concretarse. O es el misterio de uno mismo y de los otros.

Y me digo: no es verdad, no puede serlo. Esa misma duda que le puse a las acciones posteriores a un 24 de hace tiempo, es la que me inoportuno y sobreviene en estas horas. O ¿por qué no? ¿qué le impide a quien aporta todo y se juega todo apostar legítimante sus propios dados, lanzar sus cartas, encontrar su plenitud, sin culpa alguna?

Resuenan viejas campanas a lo lejos. No sé - en suma - si soy yo, o alguien vive por mí en estos días.

327. NO PODEMOS ESCAPAR DEL PASADO



El pasado (Argentina-Brasil/2007). Dirección: Héctor Babenco. Con Gael García Bernal, Analía Couceyro, Moro Anghileri, Ana Celentano y Mimí Ardú. Guión: Héctor Babenco y Marta Góes, basado en la novela homónima de Alan Pauls. Fotografía: Ricardo Della Rosa. Música: Iván Wyzsogrod. Edición: Gustavo Giani. Dirección de arte: Sebastián Orgambide. Duración: 114

Los amores nunca se vuelven totalmente “pasado”, nunca admiten el cierre, la clausura, siempre se conjugan en tiempo presente. Desde algún lugar siempre están al asalto. Cuando uno supone que todo ha terminado, en realidad todo empieza. Esa es la lectura que podemos hacer de la película de BABENCO: EL PASADO. Una cuidada filmación en la que especialmente los tonos de los diálogos y de los actores aparecen muy atractivo, creíble, posible. Es atractiva la manera en que filma Babenco, como guías los curiosos mundos interiores y exteriores de los actores.
Sofía es la ex mujer de Rímini (uno se entera al iniciarse la película), pero no puede, no quiere o (como si se tratara de un imperativo ético) no debe abandonarlo. Rímini hará experiencias diversas con mujeres diversas, cada una con sus curiosas formas de ser y de demandarlo, de acompañarlo, darle placer, compartir su vida, hasta darle un hijo. Cada una de ellas de alguna manera muere o desaparece, dejándolo cada vez mas huérfano, más solo. Y de alguna manera siempre renace, y en cada renacimiento está Sofía siempre presente, recordándole para qué está y por qué lo necesita. Hasta ese increíble final en el que parece que junto con las fotos – prolijamente clasificadas – se cierra una historia de mujeres, un discurso femenino de eterna posesión y reconquistar, de retorno necesario al origen del mundo.
Sofía siempre está porque aunque está convencida de que le ha enseñado a todo a Rímini (y esa es la función de algunas mujeres en la vida de los hombres) supone que la seguirá necesitando. Lo reclama, le pide opinión, aprueba o desaprueba sus elecciones. No se muestra celosa, sino convencida de que ninguna mujer la puede suplantar. No sé si Sofía está loca, es loca, se hace la loca o es simplemente mujer. Porque uno no sabe si las restantes mujeres (Vera, Carmen, Nancy) son mas cuerdas que ella, porque – en suma – le provocan mas mal que ella, que ha vivido con Rímini durante 12 años y que se conocen desde siempre.
Rímini por su parte parece enfrentado con la memoria (laboralmente no puede seguir como traductor porque le sobrevienen lagunas en el manejo de los idiomas; pero también olvida nombres, situaciones, hechos), pareciera como des-conectado de su pasado, mientras Sofía es todo pasado.
"El Pasado", filme del director Héctor Babenco basado en el libro de Alan Pauls es la historia de Rimini (Gael García Bernal), un joven traductor quién se separa tras estar casado 12 años con Sofía (Analía Couceyro), su primera novia. La delicadeza con la cual ambos conducen la separación se ve consumida cuando él comienza a salir con Vera (Moro Anghileri). Ya recuperado, Rimini se casa con Carmen (Ana Celentano), su compañera de traducción. Una amnesia misteriosa, producida por el trauma de la muerte de Vera, bloquea de su cerebro los dos idiomas que solía traducir. Ayudado por Carmen, Rimini termina por adoptar el incómodo papel de marido dependiente. El nacimiento de Lucio, su hijo, lo ayuda a reanimarse. Sin embargo, el matrimonio naufraga cuando Sofía, en un momento de locura, secuestra por algunas horas al bebé de la pareja: Rímini pierde a su mujer y a su hijo.
De brillante traductor y hombre seductor, Rimini se hunde en la nada para reaparecer como un personal trainer y amante de Nancy, una mujer rica y vulgar, descontrolada. Al verla con otro hombre, tiene una crisis de celos, intenta destruir el auto de ella y termina en la cárcel.
Sofía, que paga la fianza y lo libera, es líder del instituto Adéle H, un grupo de "mujeres que aman demasiado" y exhibe a Rimini como un trofeo ante sus discípulas y amigas, para comprobar la eficacia de sus teorías sobre la fuerza del recuerdo (del pasado) para el reencuentro de la pareja. Y cuando el re-encuentro parece alentar algo definitivo, Rímini se presta – como un juguete o como un trofeo - a los requerimientos de Sofía, pero milagrosamente logra recuperar al mismo tiempo su francés olvidado y la capacidad de amar a otra mujer… y sabe que no se quedará: necesariamente deberá partir.