Páginas de filosofía, educación, literatura, cine, sociedad, política, tecnologias. Cosas de la vida misma, que se cruzan y se entremezclan. Frecuentemente las mejores ideas son al mismo tiempo imposibles y necesarias. Son propias o son ajenas, están disponibles o es necesario salir a buscarlas para exhibirlas. Anunciarlas, difundirlas o denunciarlas es una manera de crear las condiciones para que sean definitivamente posibles.
“Este libro trata de lo que le pasa a la gente que se siente abrumada por el cambio. Trata del modo en que nos adaptamos —o dejamos de adaptarnos— al futuro. (…) Estas páginas, por el contrario, se ocupan de la cara «suave» o humana del mañana. Más aún: se ocupan de los pasos que hemos de dar para poder alcanzar el mañana. Tratan de materias corrientes y cotidianas: los productos que compramos y los que rechazamos, los sitios que dejamos atrás, las corporaciones en que vivimos, las personas que pasan, cada vez más de prisa, por nuestras vidas. Sondean el futuro de la amistad y de la vida de familia. Investigan extrañas y nuevas subculturas y estilos de vida, junto con una serie de temas diversos, desde la política y los campos de deportes hasta los vuelos espaciales y el sexo. Lo que les sirve de lazo de unión —en el Libro, como en la vida— es la estrepitosa corriente del cambio, una corriente hoy tan poderosa que derriba instituciones, trastorna nuestros valores y arranca nuestras raíces. El cambio es el fenómeno por medio del cual el futuro invade nuestras vidas, y conviene observarlo atentamente, no sólo con las amplias perspectivas de la Historia, sino desde el ventajoso punto de vista de los individuos que viven, respiran y lo experimentan. La aceleración del cambio en nuestro tiempo es, en sí misma, una fuerza elemental. (…) Primera: vi claramente que el «shock» del futuro ya no es un posible peligro remoto, sino una verdadera enfermedad que afecta a un número creciente de personas. Este estado psicobiológico puede describirse en términos médicos y psiquiátricos. Es la enfermedad del cambio. Segundo: me espantó, gradualmente, lo poco que saben hoy en día de adaptabilidad tanto los que exigen y producen grandes cambios en nuestra sociedad, como aquellos que pretenden prepararnos para hacer frente a tales cambios. Graves intelectuales hablan enérgicamente de la «educación para el cambio» o de la «preparación de la gente para el futuro». Pero, virtualmente, nada sabemos sobre la manera de hacerlos. En el medio más velozmente cambiante con que jamás se haya enfrentado el hombre, seguimos ignorando lastimosamente las reacciones del animal humano. Tanto nuestros psicólogos como nuestros políticos se sienten turbados por la resistencia, aparentemente irracional, al cambio de que dan muestras ciertos individuos y grupos. (..) El concepto de «shock» del futuro —y la teoría de la adaptación que se desprende de él— indica vivamente que tiene que haber un equilibrio no sólo entre los grados de cambio de los diferentes sectores, sino también entre la velocidad de cambio del medio y la rapidez limitada de la reacción humana. Pues el «shock» del futuro nace de la creciente diferencia entre las dos.”
ALVIN TOFFLER (1973), El “shock” del futuro. Barcelona. Plaza & Janés editores
Es una película para disfrutar y una película para pensar, porque mas allá del juego de las imágenes con que magistralmente trabaja el actor, a lo largo de todas las etapas, hay una historia muy curiosa que se le ocurrió a Scott Fitzgerald en 1922 y que tardaron mucho tiempo en poder convertir el cuento en una película. El autor se inspiró en una cita del escritor y periodista estadounidense Mark Twain: “La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18”.
Sin mencionar todas las virtudes que ya son sobradamente conocidas y comentadas, se puede mencionar:
-Todo tiene regreso, todo alguna vez vuelve, nada es para siempre, pero nada está definitivamente perdido. De alguna manera los lugares, los amores, los nombres, los recuerdos,las personas pueden recuperarse.
-El juego del reloj que abre la película con esa particular conjetura que juega con la posibilidad de volver atrás el tiempo y recuperar lo perdido… reloj que cierra la película con su sustitución y el huracán que inunda la ciudad en que todo sucede.
-El juego del azar y de las casualidades que en escenas magistralmente armadas explican por qué suceden las cosas y por qué pueden no suceder o volver a producirse. El caprichoso el azar…
-La sensación de que la vida es un eterno aprendizaje que no finaliza nunca y que es mucho más aprendizaje cuando uno nace con demasiada edad como para saber bastante.
-El filme se rodó en Montreal, el Caribe y Nueva Orléans, ciudad natal del personaje principal, que se estaba recuperando de los efectos del huracán Katrina (2005) cuando recibió al equipo de producción.
Hubo por lo menos tres intentos de filmacion de la películas, ya que se consideraba complicado adaptar el argumento. Hay críticos y fanáticos del cine que notan un parecido entre las historias de Benjamin Button y el inolvidable Forrest Gump, sobre todo porque el guionista de ambos filmes es Eric Roth.
El inicio del cuento original:
“Hasta 1860 lo correcto era nacer en tu propia casa. Hoy, según me dicen, los grandes dioses de la medicina han establecido que los primeros llantos del recién nacido deben ser emitidos en la atmósfera aséptica de un hospital, preferiblemente en un hospital elegante. Así que el señor y la señora Button se adelantaron cincuenta años a la moda cuando decidieron, un día de verano de 1860, que su primer hijo nacería en un hospital. Nunca sabremos si este anacronismo tuvo alguna influencia en la asombrosa historia que estoy a punto de referirles.
Les contaré lo que ocurrió, y dejaré que juzguen por sí mismos.
Los Button gozaban de una posición envidiable, tanto social como económica, en el Baltimore de antes de la guerra. Estaban emparentados con Esta o Aquella Familia, lo que, como todo sureño sabía, les daba el derecho a formar parte de la inmensa aristocracia que habitaba la Confederación. Era su primera experiencia en lo que atañe a la antigua y encantadora costumbre de tener hijos: naturalmente, el señor Button estaba nervioso. Confiaba en que fuera un niño, para poder mandarlo a la Universidad de Yale, en Connecticut, institución en la que el propio señor Button había sido conocido durante cuatro años con el apodo, más bien obvio, de Cuello Duro.
La mañana de septiembre consagrada al extraordinario acontecimiento se levantó muy nervioso a las seis, se vistió, se anudó una impecable corbata y corrió por las calles de Baltimore hasta el hospital, donde averiguaría si la oscuridad de la noche había traído en su seno una nueva vida.”
Su final:
“No había malos recuerdos en su sueño infantil: no le quedaban recuerdos de sus magníficos días universitarios ni de los años espléndidos en que rompía el corazón de tantas chicas. Sólo existían las blancas, seguras paredes de su cuna, y Nana y un hombre que venía a verlo de vez en cuando, y una inmensa esfera anaranjada, que Nana le señalaba un segundo antes del crepúsculo y la hora de dormir, a la que Nana llamaba el sol. Cuando el sol desaparecía, los ojos de Benjamin se cerraban, soñolientos… Y no había sueños, ningún sueño venía a perturbarlo.
El pasado: la salvaje carga al frente de sus hombres contra la colina de San Juan; los primeros años de su matrimonio, cuando se quedaba trabajando hasta muy tarde en los anocheceres veraniegos de la ciudad presurosa, trabajando por la joven Hildegarde, a la que quería; y, antes, aquellos días en que se sentaba a fumar con su abuelo hasta bien entrada la noche en la vieja y lóbrega casa de los Button, en Monroe Street… Todo se había desvanecido como un sueño inconsistente, pura imaginación, como si nunca hubiera existido.
No se acordaba de nada. No recordaba con claridad si la leche de su última comida estaba templada o fría; ni el paso de los días… Sólo existían su cuna y la presencia familiar de Nana. Y, aparte de eso, no se acordaba de nada. Cuando tenía hambre lloraba, eso era todo. Durante las tardes y las noches respiraba, y lo envolvían suaves murmullos y susurros que apenas oía, y olores casi indistinguibles, y luz y oscuridad.
Luego fue todo oscuridad, y su blanca cuna y los rostros confusos que se movían por encima de él, y el tibio y dulce aroma de la leche, acabaron de desvanecerse.”
Los caminos de la vida no son como yo pensaba
como los imaginaba
no son como yo creia
Los caminos de la vida
son muy dificil de andarlos
dificil de caminarlos
yo no encuentro la salida
Yo pensaba que la vida era distinta
cuando estaba pequeñito yo creía
que las cosas eran facil como ayer
Que mi viejecita buena se esmeraba
por darme todo lo que necesitaba
y hoy me doy cuenta que tanto así no es (,,,)
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios.
Como decía mi abuelita:
El que rie ultimo se ríe mejor.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios.
Cuando lo manda el destino no lo cambia ni el más bravo,
si naciste pa' martillo del cielo te caen los clavos.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios.
Cuesta mantener la mirada en las pantallas del televisor, mientras uno disfruta de la mesa, de las vacaciones, de la familia, del aire, de los amigos. Allí está todo el horror, todo el horror concentrado, sin ninguna razón, sin explicaciones, sin posibilidades de retornos, sin justicia alguna. ¿Vivimos en el mejor de los mundos posibles? La razón busca ver lo que los ojos niegan. No hay sentido en este desastre. Son las páginas de LA PESTE de Camus o del ENSAYO SOBRE LA CEGUERA de Saramago, una especie de retorno al estado primitivo, a la supervivencia. Sobran los ejemplos sobre las situaciones límites, sobre lo que uno definitivamente no elige y no puede evitar. En ese escenario sin referencias, sin presente, sin futuro hasta es imposible pensar las situaciones límites, porque todos viven en el límite...o nunca a tenido la posibilidad de elegir lo que quieren hacer de sus vidas. ¿Vivimos en un mundo mas seguro, mas racional, con un progreso evidente? ¿O por el contrario no hemos logrado resolver los problemas elementales de la supervivencia humana? ¿La razón lo ha puede todo o apenas están pronunciado las primeras palabras que satisface a los que pueden disfrutar del progreso de las ciencias? Humanos, demasiado humanos... y hasta hay una figura de Dios que se desdibuja ante tanta injusticia innecesaria.
No se trata de contar los detalles de una película que, aunque previsible, tiene un llamativo grado de violencia. Lo importante es que pone en escena los debates de nuestros días: si la violencia del estado es racional y legitima, si admite todos los excesos, si puede sobrepasar todos los límites. En la película solamente hay policías, habitantes de las favelas, traficantes de drogas, escuadrones especiales. No hay ni gobierno, ni palabra del gobierno. No hay justicia, ni palabras de jueces. Nada. La guerra está librada y sólo hay que poner las cámaras para ver cómo se desarrolla. En ese laberinto suburbano, policías, escuadrones especiales y marginales tienen el hilo de Ariadna para no perderse. Sólo quienes dominan el laberinto sobreviven, porque pueden refugiarse en él o salir de él. La preparación de las tropas de elite recuerdan escenas de muchas películas norteamericanas, aunque no dejan de presentarse como un realismo extremo. El cruce con la universidad, los debates burgueses, el consumo social de drogas, los libros de moda (Foucault y otros) es muy curioso: ese policía - anulando su identidad de tal - en las aulas y discutiendo el tema del poder, de la sociedad de la vigilancia y de control, poniendo en esos lugares "otra palabra", es una forma muy curiosa de plantear antinomias. Hay un final que interpela: el policía (descubierto como tal y convencido de su vocación) enfrenta una manifestación para gritarles que la droga que consumen y que toleran (aunque rija la prohibición) es un producto clandestino de esa mundo violento que como policías combaten. Hay una contradicción ideológica, en ese defender y al mismo tiempo sostener la presencia (¿necesaria?) de las favelas y de la miseria.
La familia vive una existencia ideal junto a una autopista abandonada o nunca habilitada... el juego de complicidad, camaradería y afectos es envidiable. Pero el entorno cambia: de pronto la autopista se habilita y se convierte en un infierno que invade el territorio que les "pertenecía", corta la comunicación con el mundo (quedan a-islados) y el insoportable ruido de los vehículos que pasan a gran velocidad y en todos los momentos del día se convierte en una tortura.
La opción podria haber sido huir (de hecho, la hija mayor que insiste en seguir con sus costumbre, lo hace), pero especialmente para respetar los deseos de la madre, optan por quedarse.
Y entonces, se desata el infierno, porque el entorno cambia a los que nos rodean: las buenas relaciones se transforman en agresiones, peleas, gritos, locura, violencia.
Hay un intento final: cerrar, clausurar, tapiar todas las aberturas y quedar definitivamenteencerrrados en la CASA que ha sido construida a la vera del camino. No habrá ya autos, peligros, aislamiento, ruidos... pero implicará una clausura que se convierte en una tumba, es decir: otro tipo de infierno.
La luz y el aire que vuelven a aparecer cuando la madre opte por romper uno de los muros construidos, le devolverán todos los ruidos, pero también toda la vida. Y el caminar hacia otro lugar, por el campo, aunque a la vera de la autopista, es un llamado a la libertad (la misma que viven cuando se toman un recreo para descansar junto a un árbol solitario, alejándose del infierno.
Es una metáfora de nuestras propias alienacionaciones, de nuestros infiernos, cercanos, lejanos,posibles.
A veces sucede. La vida nos sorprende. Tal vez sea el tiempo, el cambio de año, el final del trabajo, el inicio de las vacaciones, la pérdida de los tiempos y de los espacios, la susprensión de los proyectos. O todo eso. Pero lo cierto es que hay algo de sueño clausurado, de ausencia potenciada, de orfandad en ataque... o ese dialéctico entrecruzarse de sueños y proyectos, de miradas y palabras, de sospechas y confianzas. Y tal vez sea eso. Que esta ausencia pese demasiado.
Cuando cruces la frontera entre tu la casa y la mia para estas manos vacias trae amor a manos llenas que tengo el alma en sequia. Traeme bajo la capa el frasco de los suspiros y el veneno que Cupido pone a las flechas que lanza
Cuidate por los caminos de los falsos peregrinos que al inocente delanta por dar vida a lo que muerto estaba Y sabes que tu amor es clandestino se que es un juego prohibido pero aceptare el castigo que me impongan por quererte.
Dame amor de contrabando librame de esta condena Dame amor de contrabando que soy como un alma en pena dame amor de contrando trae las alforjas llenas de la esencia del pecado, del sabor de la canela trae tus besos censurados... que amores como los tuyos por estas tierras no quedan.
Cuando cruces la frontera entre tu cama y la mia para estas noches tan frias trae calor de primavera. y sabanas de alegria Traeme pasion en rama en especias, el deseo delirio a granel y a fuego marca tu huella en mi almohada.
Debes de empujar mi puerta yo la dejare entreabierta y entre las sombras te espero con tu contraseña no precisas llaves que tu amor es clandestino se que es un juego prohibido pero aceptare el castigo que me impongan por quererte.
Dame amor de contrabando librame de esta condena Dame amor de contrabando que soy como un alma en pena dame amor de contrando trae las alforjas llenas de la esencia del pecado, del sabor de la canela trae tus besos censurados... que amores como los tuyos por estas tierras no quedan.
Dame amor de contrabando librame de esta condena Dame amor de contrabando que soy como un alma en pena dame amor de contrando trae las alforjas llenas de la piel mas deseada de la ruta de la seda de las magias de las hadas... que amores como los tuyos por esta tierras no quedan.
01. -Todo es un cuento, Martín. Lo que creemos, lo que conocemos, lo que recordamos e incluso lo que soñamos. Todo es un cuento, una narración, una secuencia de sucesos y personajes que comunican un contenido emocional. Un acto de fe es un acto de aceptación, aceptación de una historia que se nos cuenta. Sólo aceptamos como verdadero aquello que puede ser narrado. No me diga que no le tienta la idea. (…)¿No le tienta crear una historia por la que los hornbres sean capaces de vivir y morir, por la que sean capaces de matar y dejarse matar, de sacrificarse y condenarse, de entregar su alma? ¿Qué mayor desafío para su oficio que crear una historia tan poderosa que trascienda la ficción y se convierta en verdad revelada?
02. -Habla usted de manipular sentimientos y emociones. ¿No sería más fácil convencer a la gente con una exposición racional, simple y clara? -No. Es imposible iniciar un diálogo racional con una persona respecto a creencias y conceptos que no ha adquirido mediante la razón. Tanto da que hablemos de Dios, de la raza o de su orgullo patrio. Por eso necesito algo más poderoso que una simple exposición retórica. Necesito la fuerza del arte, de la puesta en escena. La letra de la canción es lo que creemos entender, pero lo que nos hace creerla o no es la música.
03. Martín, las fábulas son posiblemente uno de los mecanismos literarios más interesantes que se han inventado. ¿Sabe lo que nos enseñan? -¿Lecciones morales? -No. Nos enseñan que los seres humanos aprenden y absorben ideas y conceptos a través de narraciones, de historias, no de lecciones magistrales o de discursos teóricos. Eso mismo nos enseña cualquiera de los grandes textos religiosos. Todos ellos son relatos con personajes que deben enfrentarse a la vida y superar obstáculos, figuras que se embarcan en un viaje de enriquecimiento espiritual a través de peripecias y revelaciones. Todos los libros sagrados son, ante todo, grandes historias cuyas tramas abordan los aspectos básicos de la naturaleza humana y los sitúan en un contexto moral y un marco de dogmas sobrenaturales determinados. A partir de hoy quiero que empiece a leer los cuentos de los hermanos Grimm, las tragedias de Esquilo, el Ramayana o las leyendas celtas. Usted mismo. Quiero que analice cómo funcionan esos textos, que destile su esencia y por qué provocan una reacción emocional. Quiero que aprenda la gramática, no la moraleja. Y quiero que dentro de dos o tres semanas me traiga ya usted algo propio, el principio de una historia. Quiero que me haga usted creer.
04. Corelli se inclinó hacia adelante y me clavó los ojos. -Martín, quiero que cree una religión para mí. Al principio pensé que no le había oído bien. -¿Cómo dice? Corelli me sostuvo aquella mirada con sus ojos sin fondo. -He dicho que quiero que cree una religión para mí. Le contemplé durante un largo instante, mudo. -Me está tomando el pelo. Corelli negó, saboreando su vino con deleite. -Quiero que reúna todo su talento y que se dedique en cuerpo y alma durante un año a trabajar en la historia más grande que haya usted creado: una religión. No pude más que echarme a reír. -Está usted completamente loco. ¿Esa es su oferta? ¿Ése es el libro que quiere que le escriba? Corelli asintió serenamente. -Se ha equivocado de escritor. Yo no sé nada de religión. -No se preocupe por eso. Yo sí. Lo que busco no es un teólogo. Busco un narrador. ¿Sabe usted lo que es una religión, amigo Martín? -A duras penas recuerdo el Padrenuestro. -Una oración preciosa y bien trabajada. Poesía aparte, una religión viene a ser un código moral que se expresa mediante leyendas, mitos o cualquier tipo de artefacto literario a fin de establecer un sistema de creencias, valores y normas con los que regular una cultura o una sociedad. -Amén -repliqué. -Como en literatura o en cualquier acto de comunicación, lo que le confiere efectividad es la forma y no el contenido -continuó Corelli. -Me está usted diciendo que una doctrina viene a ser un cuento. -Todo es un cuento, Martín. Lo que creemos, lo que conocemos, lo que recordamos e incluso lo que soñamos. Todo es un cuento, una narración, una secuencia de sucesos y personajes que comunican un contenido emocional. Un acto de fe es un acto de aceptación, aceptación de una historia que se nos cuenta. Sólo aceptamos como verdadero aquello que puede ser narrado. No me diga que no le tienta la idea. -No. -¿No le tienta crear una historia por la que los hornbres sean capaces de vivir y morir, por la que sean capaces de matar y dejarse matar, de sacrificarse y condenarse, de entregar su alma? ¿Qué mayor desafío para su oficio que crear una historia tan poderosa que trascienda la ficción y se convierta en verdad revelada? Nos miramos en silencio durante varios segundos.
EL INICIO =“Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.
Mi primera vez llegó un lejano día de diciembre de 1917. Tenía por entonces diecisiete años y trabajaba en La Voz de la Industria, un periódico venido a menos que languidecía en un cavernoso edificio que antaño había albergado una fábrica de ácido sulfúrico y cuyos muros aún rezumaban aquel vapor corrosivo que carcomía el mobiliario, la ropa, el ánimo y hasta la suela de los zapatos. La sede del diario se alzaba tras el bosque de ángeles y cruces del cementerio del Pueblo Nuevo, y de lejos su silueta se confundía con la de los panteones recortados sobre un horizonte apuñalado por centenares de chimeneas y raoncas que tejían un perpetuo crepúsculo de escarlata y negro sobre Barcelona.
La noche en que iba a cambiar el rumbo de mi vida, el subdirector del periódico, don Basilio Moragas, tuvo a bien convocarme poco antes del cierre en el oscuro cubículo enclavado al fondo de la redacción que hacía las veces de despacho y de fumadero de habanos. Don Basilio era un hombre de aspecto feroz y bigotes frondosos que no se andaba con ñoñerías y suscribía la teoría de que un uso liberal de adverbios y la adjetivación excesiva eran cosa de pervertidos y gentes con deficiencias vitamínicas. Si descubría a un redactor proclive a la prosa florida lo enviaba tres semanas a componer esquelas funerarias. Si, tras la purga, el individuo reincidía, don Basilio lo apuntaba a la sección de labores del hogar a perpetuidad. Todos le teníamos pavor, y él lo sabía.”
EL FINAL =“Le miré a los ojos y asintió. Sentí que se me helaba la sangre. Podía intuir las facciones, pero la mirada era inconfundible.
-Cristina, saluda a mi amigo David. A partir de ahora vas a vivir con él.
Intercambié una mirada con el patrón, pero no dije nada. La niña me tendió la mano, como si hubiese ensayado el gesto mil veces, y se rió avergonzada. Me incliné hacia ella y se la estreché.
-Hola-musitó.
-Muy bien, Cristina -aprobó el patrón-. ¿Y qué más?
La niña asintió, recordando de pronto.
-Me han dicho que es usted un fabricante de historias y de cuentos.
-De los mejores -añadió el patrón.
-¿Hará uno para mí?
Vacilé unos segundos. La niña miró al patrón, inquieta.
-¿Martín? -murmuró el patrón.
-Claro -dije finalmente-. Te haré todos los cuentos que tú quieras.
La niña sonrió y, aproximándose a mí, me besó en la mejilla.
-¿Por qué no vas hasta la playa y esperas allí mientras me despido de mi amigo, Cristina? -preguntó el patrón.
Cristina asintió y se alejó lentamente, volviendo la vista atrás a cada paso y sonriendo. A mi lado, la voz del patrón susurró su maldición eterna con dulzura.
-He decidido que iba a devolverle aquello que más quiso y que le robé. He decidido que por una vez caminará usted en mi lugar y sentirá lo que yo siento, que no envejecerá un solo día y que verá crecer a Cristina, que se enamorará de ella otra vez, que la verá envejecer a su lado y que algún día la verá morir en sus brazos. Esa es mi bendición y mi venganza.
Cerré los ojos, negando para mis adentros.
-Eso es imposible. Nunca será la misma.
-Eso dependerá sólo de usted, Martín. Le entrego una página en blanco. Esta historia ya no me pertenece.
Oí sus pasos alejarse y cuando volví a abrir los ojos el patrón ya no estaba allí. Cristina, al pie del muelle, me observaba solícita. Le sonreí y se acercó lentamente, dudando.
-¿Dónde está el señor? -preguntó.
-Se ha marchado.
Cristina miró en derredor, la playa infinita desierta en ambas direcciones.
-¿Para siempre?
-Para siempre.
Cristina sonrió y se sentó a mi lado.
-He soñado que éramos amigos -dijo.
La miré y asentí.
-Y somos amigos. Siempre lo hemos sido.
Rió y me tomó de la mano. Señalé al frente, al sol que se hundía en el mar, y Cristina lo contempló con lágrimas en los ojos.
-¿Me acordaré algún día? -preguntó.
-Algún día.
Supe entonces que dedicaría cada minuto que nos quedaba juntos a hacerla feliz, a reparar el daño que le había hecho y a devolverle lo que nunca supe darle. Estas páginas serán nuestra memoria hasta que su último aliento se apague en mis brazos y la acompañe mar adentro, donde rompe la corriente, para sumergirme con ella para siempre y poder al fin huir a un lugar donde ni el cielo ni el infierno nos puedan encontrar jamás.”
La tierra nace, crece, se desarrolla. Aquel que la habita es aceptado por la tierra, es parte de ella y queda determinado por la misma, adquiere sus caracteres fundamentales, se filtra entre sus grietas, entre lo áspero y lo bello se relaciona con lo que lo rodea de manera carnal, animal. Entre el habitante y la tierra se establece una relación de amor y odio, hay senderos pero es posible ver por momentos algunas porciones de luz que se cuelan. En una relación perversa la convivencia a pesar de todo es posible, la tierra se deja contemplar y el habitante la nutre con sus manos, con su cuerpo. Cuando el habitante es un extranjero la tierra se molesta (la tierra sabe muy bien quién es o no un intruso), predomina la neblina: tiniebla, humo, principio de fuego. El extranjero en la tierra es un no parido que viene a poseerla, a apropiarse de su humedad, de su sangre, viola la tierra, la explota, le arranca sus entrañas. Todo lo que el extranjero toca se convierte en mal nacido
La tierra es dueña de todo, todo lo que la rodea está supeditado a su forma, su atmósfera corre por los huesos del habitante y de manera inevitable por los del extranjero.
Dirección: Clint Eastwood. País: USA. Año: 2008. Duración: 116 min. Género: Drama. Interpretación: Clint Eastwood (Walt Kowalski), Christopher Carley (padre Janovich), Bee Vang (Thao), Ahney Her (Sue), Brian Haley (Mitch), Geraldine Hughes (Karen), Dreama Walker (Ashley), Brian Howe (Steve), John Carroll Lynch (Martin), William Hill (Tim Kennedy), Brooke Chia Thao (Vu). Distribuidora: Warner Bros.
No es un gran película, pero en su simplicidad clásica (unidad de tema, de lugar, de tiempo, de contados personajes) radica el secreto de la historia. Por supuesto que hay un norteamericano (aunque sea de origen polaco) que vive añora un país que ya no es (fábricas, costumbres y vecinos) y que pretende domesticar o civilizar por las buenas o por las malas a los extraños que lo rodean. Easwood sigue siendo el mismo de las películas anteriores, pero hay algo de simpático en esa figura aislada, gruñona, opuesto a todo, que mantiene conservada e intacta su casa a pesar de la ruina de las casas que lo rodean, que vive del pasado (Corea, Ford, el Gran Torino, su vieja camioneta), que tiene todo resuelto en su vida y que prefiere no depender de nadie, ni siquiera de sus hijos.
Hay algunos detalles valiosos: el primero es la forma de resolver el conflicto final: la lucha definitiva en la que el héroe deberá vencer a todos sus oponentes, se ve sustituida por una curiosa inmolación publica, como prueba indiscutible para la intervención de la justicia. El razonamiento parece ser: “No puedo destruirlos legalmente; como de todas formas estoy próximo a morirme, hago que mi muerte represente para todos ellos su condena y legitime la intervención de la justicia. Segundo, la presencia de esa extraña comunidad de orientales ,la comunidad Hmong, una etnia de 18 clanes distribuida entre las montañas de Laos, Vietnam, Tailandia y otras partes de Asia, que se trasladó con muchas penalidades a Estados Unidos tras su participación en la Guerra de Vietnam: se establecieron en Minnesota. El guión y Easwood los rescata del olvido y los coloca en un lugar de privilegio. La figura del chico a quien torpemente acompaña en el crecimiento es una excelente muestra de ello.
Y el tercero, la presencia, las discusiones y las razones del joven cura que discute con el viejo Walt Kowalski.
Año de producción: 2008. País: Alemania – EEUU. Dirección: Stephen Daldry Intérpretes: Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, Lena Olin, Bruno Ganz, Matthias Habich, Susanne Lothar, Karoline Herfurth. Argumento: Bernhard Schlink (novela) Guión: David Hare. Música: Nico Muhly. Fotografía: Roger Deakins, Chris Menges. 124 minutos
La historia – no la película que se inicia con escena de 1995 - comienza en la Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. A veces el azar regala verdaderas historias y tuerce los brazos del destino: MICHEL (Ralph Fiennes) vuelve de la escuela, llueve y se siente descompuesto: baja del tranvía y se refugia en un portal. Hanna (Kate Winslet), una desconocida que vive allí y que le dobla la edad, lo protege y le ayuda a llegar a su casa. Una vez recuperado, Michael busca a Hanna para agradecerle. Pero se produce lo inesperado: las miradas de ambos se cargan de deseo y el ritual de iniciación de MICHEL se transforma – por decisión de los dos - en un apasionado y secreto amor entre ambos. Hay diferencias de edad, de clase social, de entornos, de niveles culturales. La mujer es la maestra que lo inicia y lo conduce: el chico es un aprendiz fiel que desplaza su interés por la familia, la escuela y los mismos amigos. Se conocen poco. Tardíamente se revelan sus nombres y, casi por casualidad, el muchacho descubre que a Hanna le encanta que le lea y su relación física se hace más profunda, al tiempo que MICHEL se convierte en el mensajero y el lector que la inicia en la cultura, a través de la lectura.
Un día – después sabemos por qué – Hanna que trabaja como guarda en el tranvía que usa Michel y que ha sido premiada por su bien desempeño, desaparece un misteriosamente dejando a Michael desorientado y obligado a encontrarle destino a su vida. Ocho años más tarde, siendo estudiante de Derecho, Michael participa de un seminario que dicta un prestigioso profesor y al que asisten muy pocos alumnos: como parte de su aprendizaje asiste a uno de los juicios por los crímenes nazis: juzgan a seis mujeres responsables de algunas acciones en campos de concentración. Se queda atónito al encontrarse de nuevo con Hanna: es una de las acusadas. A medida que se va revelando el pasado de la mujer- también en el campo de concentración elegía algunas mujeres que debía ser ejecutadas para que le leyeran libros -, Michael descubre un profundo secreto que tendrá un gran impacto en la vida de ambos, pero no se atreverá a revelarlo, aun sabiendo que se trata de un elemento esencial para determinar la responsabilidad relativa o absoluta de la mujer.
Hanna es condenada y Michel no logra vencer su resistencia para verla y hablar con ella en la cárcel. Arma su vida, se casa, termina su carrera como abogado, tiene una hija… y trata de mitigar la larga condena de Hanna con el envío de libros leídos y grabados. Ella – con mucho esfuerzo – aprenderá, tardíamente, a leer y a escribir, como respuesta a su esfuerzo.
Cuando finalmente puede recuperar parte de su pasado, todo se desmorona y Michel sólo puede recuperar su legado y su voluntad de ayudar a los sobrevivientes del holocausto.
La historia misma es sorprendente, porque no sabemos por dónde nos llevará la historia. Hay escenas y diálogos que sólo reflejan la situación de Hanna y Michel… pero hay otros que reflejan toda la problemática de la Alemania de la postguerra: las clases y las discusiones con el experimentado profesor reflejan los discutidos límites entre la ética y la ley… algo que también se refleja en las palabras del Presidente del Tribunal, o en las palabras de la sobreviviente que no quiere reconocer arrepentimiento alguno.
De alguna manera el MICHEL que sufre en el juicio y no tiene atrevimiento para intervenir, logra redimirse cuando se hacer cargo de su pasado (finalmente confiesa lo que ha vivido), acepta darle protección a HANNA, y producido el suicidio, obedece lo dispuesto en el testamento.
Es verdad que hay cuestiones que no se plantean: Hanna no parece plantearse la legitimidad de la relación, así como no revela nada de su pasado, ni confiesa son claridad que es analfabeta (tal vez la única dignidad que defiende, aun en una situación límite). Tampoco Michel parece encontrar algo cuestionable en sus actos. Nada se pregunta sobre esa extraña mujer que se entrega sin reparos. Y le cuesta decidir entre lo que significa esa mujer del presente mediato para él y lo que ha significado para las miles de víctimas que pueden reconocerla. Y Hanna que – a diferencia de las demás acusadas – confiesa todo, no siente culpa. Hizo lo que podía hacer en ese momento y quiere juzgarlo con el criterio con que en ese momento debía proceder (ej. dejar encerradas a las 300 prisioneras que mueren dentro de la iglesia incendiada, obedeciendo la orden que habían recibido).
El lector (Der Vorleser, en alemán = literalmente "el lector en voz alta") es una novela escrita por Bernhard Schlink y publicada en 1995.Através de la historia hay una nueva mirada sobre el holocausto y la forma con que fueron juzgado los culpables: no todos los condenados fueron los verdaderos culpables.
Es una película que habilita numerosos debates en varios planos y problemas. Sobre todo porque proviene de sociedades que hicieron mucho antes miradas de memoria y justicia sobre su pasado.