domingo, octubre 26, 2008

339. DE VEZ EN CUANDO LA VIDA


Puede ser un día de lluvia. O un día de sol. Un lunes que amenaza con su aburrimiento o uno de esos viernes de sol en que es una obscenidad esta trabajando detrás de las ventanas. Puede ser una noche, cuando el trabajo ya nos ha transformado en una barca maltrecha que sale a la busca del puerto mas cercano. Puede ser rápidamente, veloz, sin anunciarse. O puede ser un lento recorrido que finalmente encuentra su final. Pero allí esta, para sorprendernos, la vida. De vez en cuando la vida se hace una pausa, nos regala el milagro, nos sobresalta y no nos deja en paz.

Y entonces, ni la lluvia, ni el sol, ni los lunes, ni los viernes, ni las noches, ni la barca, ni los puertos vuelven a ser los mismos.

Lo curioso es que no hay agendas, no hay calendarios, no hay programas, no hay certezas: es todo riesgo, azar, destino, misterio, milagro. Y uno debe saber si ése es el barco, si aquel es el tren, si se trata de la bahía soñada, si podemos iniciar el camino, si alguien nos aguarda en la otra neblinosa orilla. Algo o alguien nos cambiará por siempre. Hay un momento, un instante (a veces repetidos en un tiempo cíclico que goza en volverse sobre sí) en que somos todo y no somos nada.

Y cuando saltamos, cuando damos el paso, cuando nos atrevemos, ya no hay regresos. La vida es eso: el total atrevimiento en el único gesto que nos concede, o hundirnos sin destino en un tiempo sin dimensiones.

No hay comentarios.: